Historias de jóvenes en un país bloqueado

El bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos a Cuba durante más de cinco décadas ha ocasionado incalculables daños a la nación y a su gente. Punto y aparte merece el impacto que ha causado en los jóvenes, que han nacido y crecido bajo los efectos de esta política genocida

Autor:

Yuniel Labacena Romero

Ningún cubano escapa del bloqueo. No importan edad, sexo, color de la piel, posición social, credo religioso ni filiación política. Bien lo saben jóvenes como Jorge Enrique Jerez Belisario, un camagüeyano con discapacidad física, de 22 años de edad, quien al nacer, la casualidad le arrebató la oportunidad de articular palabra o moverse como cualquiera de sus semejantes.

«Vine al mundo víctima de una parálisis cerebral infantil y desde entonces sé de las afectaciones de esa política genocida. Un equipo de médicos y enfermeras lucharon sin reservas por mi vida y esos tratamientos millonarios no  costaron un centavo a mi familia, aun cuando adquirir los medicamentos costaba cifras incalculables en terceros países.

«Estuve ingresado tres años en un hospital de rehabilitación hasta lograr caminar con cuatro años de edad y además me operaron de la mano derecha para mejorar su movilidad. Adquirir la toxina marca Botox para solucionar tal afectación le costó y le cuesta a Cuba más de 400 dólares, al tener que comprarla a través de un tercer país, cuando pudiera hacerlo directamente en Estados Unidos, a solo 90 dólares», asegura.

Jorge Enrique, estudiante del quinto año de Periodismo en la Universidad Ignacio Agramonte, de Camagüey, también recuerda a esos niños que necesitan una determinada máquina para respirar y ejemplifica con su coterránea Dayana, quien se ve afectada por tal situación. «Muchos en el mundo no comprenden que en ocasiones conseguir determinados productos médicos es una cuestión  de vida o muerte, y el bloqueo incide en ello.

«A pesar de eso, el país hace el esfuerzo y busca las vías para salir adelante. Aquí hay una máxima y es no abandonar a nadie», afirma el joven, quien añade que de no existir el bloqueo las nuevas generaciones mejorarían en otros temas que les son vitales para su desarrollo como el acceso a las nuevas tecnologías, esenciales para avanzar en intercambio, conocimientos y la comunicación.

«En el caso de las universidades, al tener limitada la conectividad, nos vemos restringidos en cuanto al tema de la visibilidad en la web y el acceso a los sitios de búsquedas más importantes del mundo. Solo podemos contar con pocos megas para la búsqueda de bibliografía y la actividad científica», destaca.

Muy activo en su blog JorgitoxCuba, el joven se dedicó en los últimos años, por momentos con mucho esfuerzo personal, a la causa por la liberación de los Cinco antiterroristas que cumplieron injusta prisión en cárceles estadounidenses, y asegura que «por nacer y vivir en esta hermosa tierra», ha logrado llevar a cabo los más ambiciosos sueños a pesar de un bloqueo injusto».

Imposible sitiar el arte

Desde su instauración, hace más de cinco décadas, el bloqueo económico, comercial y financiero ha centrado sus esfuerzos en provocar privaciones de todo tipo, hambre, enfermedades, sufrimientos, muertes; cerrar toda entrada de recursos, obstaculizar toda vía de desarrollo, provocar desaliento, desconfianza, desesperación. Se trata de una violación flagrante y sistemática de los derechos humanos de nuestro pueblo.

Según Carlos Becerra Llabrés, artista de la plástica, son innumerables los obstáculos a la divulgación del acervo cultural del país. «Se hace difícil importar instrumentos y materiales de las diferentes manifestaciones para la enseñanza artística, sobre todo en las escuelas, lo que repercute en la calidad del aprendizaje y la creación de los alumnos.

«Además, está la limitante de la movilidad para participar en eventos y concursos. Esa política dificulta, y muchas veces obstaculiza, que artistas nuestros puedan presentarse en Estados Unidos, intercambien experiencias o expongan su arte de forma normal, como sucede con artistas de otros países del mundo. Y no es solo desde la asistencia física, muchas veces cuando intentamos acceder a algún evento virtual que ellos organizan, no tenemos acceso pues los sitios web están bloqueados para Cuba», señala.

Afirma el joven, vicepresidente de la Asociación Hermanos Saíz en La Habana, que adquirir óleos, acrílicos y pinceles para las artes plásticas, tanto para la realización de sus obras como para la enseñanza en las escuelas, se encarece al tener que comprarlos en terceros países. Igual sucede con instrumentos musicales, zapatillas y vestuarios de los estudiantes de ballet y danza.

«Quienes hemos nacido bajo esta política, no le tememos a los desafíos que conlleva vivir bajo ella y desde un arte comprometido con la Revolución, seguimos contribuyendo al consumo cultural de las nuevas generaciones y de la población en general, así como al enriquecimiento de nuestra identidad y cultura, pues como dijo Fidel es escudo y espada de la nación».

Salud por el mundo

Aun cuando trabajemos en un consultorio del médico y la enfermera de la familia, los daños del bloqueo se sienten, asegura a este diario el joven doctor Luis Miguel Cordovez López. «Tener que explicarle a un padre que esa política lleva a la demora en el tratamiento de su hijo, que no existe el reactivo para la enfermedad o que debemos intentar con otro medicamento para salvar su vida, aunque exista uno mejor, es difícil.

«Duele ver cómo un niño que apenas llega al mundo tropieza con esta política cruel», asevera este avileño, quien explica cómo varias compañías estadounidenses son impedidas por el bloqueo  de suministrar los dispositivos que se utilizan para el cateterismo intervencionista, lo que obliga a someter a los pequeños a cirugía cardiaca a corazón abierto con mayor riesgo de complicaciones y mortalidad e incremento de los costos.

«Como se desprende, la afectación va directamente a los pacientes, muchos de ellos niños, que no podrán recibir el tratamiento adecuado hasta que nuestro Gobierno no consiga otro suministrador, y como es lógico, con un alto valor adicional. Bien saben de ello quienes cada año llegan al Cardiocentro Pediátrico William Soler.

«También estamos afectados desde el punto de vista profesional, pues el entrenamiento en las técnicas contemporáneas de asistencia médica tiene muchas trabas a causa del bloqueo, al impartirlas corporaciones e instituciones estadounidenses», reconoce Luis Miguel.

«A pesar de esta situación, con pocos recursos Cuba ha mantenido la salud de forma gratuita y cada día trabaja en mejorar el trato a los pacientes y la preparación de su personal, para seguir preservando la vida humana. Y no solo lo hace en nuestro país, lo ha extendido a otros, en una muestra fehaciente de solidaridad. Las energías de los trabajadores de la Salud no se pueden bloquear».

Así, cada mañana, nuestros jóvenes crean y hacen hasta lo imposible por convertirse en el hombre nuevo que soñó el Che. Contra viento y marea, desafían el bloqueo, convencidos de las cuantiosas inversiones del Estado, a pesar de las restricciones que impone esa política, que se extiende a todas las áreas de la vida económica, social y cultural del pueblo cubano, obstaculizando los propósitos del país de alcanzar un desarrollo sostenible.

Lo aseguran Jorge Enrigue, Carlos y Luis Miguel, quienes coinciden en señalar que al nacer y crecer con la aplicación de ese flagelo, que durante todos estos años ha provocado perjuicios, a precios corrientes, por más de 121 192 millones de dólares, les asiste el derecho «de aprovechar cada espacio para denunciar su carácter injusto e inhumano. Cuba no exagera cuando habla de genocidio».

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