Nuestros derechos se defienden

La Crisis de Octubre, que puso al mundo al borde de la guerra nuclear, demostró la entereza del pueblo cubano y la brillante capacidad de sus líderes para enfrentar el conflicto

Autor:

Luis Hernández Serrano

Lo que condujo a la Crisis de Octubre de 1962 —que colocó al mundo al borde de una conflagración nuclear— no estuvo en la intención cubana, sino en la decisión del Presidente de turno de Estados Unidos de acometer una escalada encubierta de acciones contra nuestra patria que sería coronada por la intervención militar directa de sus fuerzas armadas.

La historia ha demostrado con suficientes evidencias que nuestro país estaba siendo asediado. La Operación Mangosta, por ejemplo, mostraba a las claras que el Gobierno estadounidense y su brazo más secreto, la CIA, se había propuesto destruir definitivamente la Revolución. Así lo dejó bien explícito el historiador norteamericano Arthur M. Schlesinger Jr. en su libro Robert Kennedy and his times, publicado en Boston.

Cuba, tras Girón, se estaba preparando para enfrentar y resistir una agresión yanqui directa. Con ese fin se hicieron dos acuerdos con la URSS para que suministrara armamentos convencionales para tropas terrestres, la aviación de combate y la marina de guerra. Se reorganizaron y fortalecieron las fuerzas armadas, se fundaron sus tres ejércitos y los tipos de fuerzas que los integraban. Al mismo tiempo, las tropas y medios de Estados Unidos se preparaban para atacarnos.

En esta coyuntura, en mayo de 1962, Nikita S. Jruschov tuvo la idea de situar cohetes de ojivas nucleares en la Isla, y vino a Cuba el 29 de ese mes el mariscal Serguei Biriuzov, jefe de las Tropas Coheteriles Estratégicas para proponer ese plan a Cuba.

Todavía la situación de paridad coheteril ante Estados Unidos y la OTAN no se había alcanzado realmente, y a Jruschov le convenía tener aquí esa cohetería instalada. La dirección de la Revolución, aunque no le gustaba la idea, aceptó dar ese paso que fortalecía al socialismo y era un gesto de solidaridad hacia la URSS, que asumía grandes riesgos por defender a nuestro país. Ello implicaba traer al suelo cubano una agrupación de militares soviéticos con toda su dotación técnica, subordinada directamente a su país.

Lo ideal hubiera sido una declaración soviética en el sentido de que atacarnos sería atacarlos a ellos. Pero mantuvieron el secreto, lo que dio fuerte ventaja al Gobierno de Kennedy, cuando el espionaje aéreo descubrió los cohetes instalados.

En el verano de 1962 se cumplió el traslado a Cuba de las tropas coheteriles de la Unión Soviética. Los cohetes de alcance medio llegaron a instalarse, pero sus ojivas nucleares estaban almacenadas. Los cohetes de alcance intermedio estaban en los barcos, en alta mar, cuando se desató la crisis y regresaron a la URSS.

El 14 de octubre un avión espía U-2 detectó y fotografió un emplazamiento coheteril en la zona de San Cristóbal, Pinar del Río. El día 20 el Gobierno yanqui declaró el bloqueo naval a nuestro país, con el nombre de Cuarentena en torno a Cuba, además de otras medidas políticas, diplomáticas y militares.

El 22 de octubre Kennedy hizo pública esa determinación en un comunicado a toda la nación, y Fidel decretó la Alarma de Combate para todas las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el pueblo de Cuba. Más de 400 000 hombres y mujeres se pusieron sobre las armas.

A partir del 26 de octubre el ataque aéreo masivo parecía inminente. La moral cubana y soviética era muy alta. Se ordenó disparar contra aviones enemigos de vuelo rasante y el 27 un cohete soviético disparado desde Banes, Holguín, y derribó a un avión espía U-2 sobre el norte de la provincia de Oriente.

Sin consultar con la dirección cubana, la URSS aceptó el supuesto compromiso de Estados Unidos de no atacar a nuestra patria y accedió a desmantelar sus cohetes y llevárselos de la Isla.

Ante esta situación surgieron los Cinco Puntos de la Dignidad firmados por Fidel, que llamaban al cese del bloqueo económico y las medidas de presión, así como de las actividades subversivas, los ataques piratas y las violaciones del espacio aéreo. Además se exigió la retirada de la Base Naval de Guantánamo y la devolución del territorio cubano ocupado por Estados Unidos.

Durante la semana que duró la crisis el pueblo cubano y sus líderes mantuvieron su posición de principios. El Jefe de la Revolución, el 1ro. de noviembre de 1962, expondría públicamente, entre otras cuestiones: «Somos un pueblo pacífico, pero serlo no quiere decir dejarse atropellar, ni mucho menos, porque cuando el atropello viene somos todo lo guerrero que necesitamos ser para defendernos. ¡Y los hechos lo han demostrado! (…) Debo decir que la actitud del pueblo, en cuanto a decisión, valor y disciplina, ha superado todo lo que los más optimistas pudieran haberse imaginado nunca (…) Y un pueblo así es un pueblo invencible».

Fuente: Revolución Cubana 45 grandes momentos, Julio García Luis, editorial Ocean Press, 2005, y archivo del autor.

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