¿Desajuste en el tiempo de máquina?

Inmersos hace más de un año en el cobro de determinados servicios sin renunciar a su misión social, los Joven Club de Computación y Electrónica enfrentan contratiempos que mediante el mejoramiento de la infraestructura técnica y material se prevé superar

Autores:

Juan Morales Agüero
Yuniel Labacena Romero
Adianez Fernández Izquierdo
Glenda Boza Ibarra

Casi siempre le pasa lo mismo. Esta vez, después de más de dos horas, al fin pudo acceder a una computadora. Y no es por falta de tarjeta, ahora que se cobran los servicios. Es que la mayoría de las máquinas ya no funcionan como antes. Por ello el joven capitalino Gustavo Díaz Pérez se preocupa cada vez que le coge tarde para llegar al Joven Club de Computación y Electrónica (JCCE).

Como él, numerosos usuarios esperaban su turno para entrar al laboratorio en medio de un calor intenso, incluso en el local de las máquinas, donde el aire acondicionado no funciona. «Se debe mejorar en las prestaciones de los equipos, pues no pocas veces los juegos son muy lentos, y lo mismo ocurre cuando abres alguna aplicación», nos dice.

Gustavo fue de los primeros que aceptó el diálogo cuando indagamos sobre la efectividad que ha tenido el cobro de los servicios que ofrecen los JCCE a las personas naturales y jurídicas. También el joven cienfueguero Alejandro Ávila Mesa, sin quitar los ojos de la pantalla de la computadora mientras acumula puntos en el juego World of War Craft, explicó que a veces está hasta cinco horas, casi todos los días de la semana, en un Joven Club.

Alejandro, que definitivamente tiene vasta práctica en asuntos de gamers, detalló que hace algún tiempo jugaban 800 usuarios al mismo tiempo, pero ahora cambiaron de servidor y solo alcanza para la mitad, pues el instalado es muy lento. «El resto tiene que esperar, y a veces puedes estar más de una hora en cola», afirmó.

«Esto siempre está lleno», indicó Ileana Brito Castillo, trabajadora de una instalación ubicada en la avenida 48 de la capital cienfueguera. «Desde las ocho de la mañana que abrimos hasta el cierre, 12 horas después, hay mucho público. Los adolescentes y jóvenes vienen a jugar, otros a hacer trabajos de la escuela, a conectarse a Internet o Intranet, así como a revisar sus correos de las universidades».

No dejaron de llenarse los Joven Club cuando, a mediados de 2014, se comenzaron a cobrar varios de sus servicios, según estableció la Resolución No. 512/2014 del Ministerio de las Comunicaciones y luego ratificó la 318/2015 de ese organismo. En realidad, no han dejado de llenarse nunca, porque la población necesita realmente de estos espacios en los cuales se puede acceder a las nuevas tecnologías, primero de forma gratis, y ahora por un precio módico.

Vale apuntar que la medida se extendió gradualmente y desde el segundo semestre del pasado año se aplica en los 600 Joven Club existentes en el país, con el propósito de garantizar la sostenibilidad económica de estos centros. Tal cambio, que inició en tres instalaciones de la joven provincia de Artemisa, despertó asombro entre una parte de la población y existen quienes todavía no la aplauden del todo, pues no se logra un servicio con la total calidad debido a las condiciones de muchas de las instalaciones.

Cargando la configuración

Según Raúl Vantroi Navarro Martínez, director general de los JCCE, la implementación de esta medida ha sido positiva y está acorde con lo establecido en los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, aunque todavía el Estado siga subsidiando la labor desplegada por los Joven Club.

«El cobro contribuye a disminuir ese subsidio, ya que sin tener tarifas altas, se ha logrado aportar al presupuesto del Estado», agregó el directivo y explicó que Joven Club es una unidad presupuestada del Ministerio de Comunicaciones.

«Al cierre del pasado año tributaron más de 16 millones de pesos al presupuesto del Estado; las provincias de Artemisa, Matanzas y La Habana son las que más contribuyen. En lo que va de este año se sobrepasa el millón por mes. Los nuevos ingresos solo cubren los gastos en un 25 por ciento, mientras el Estado destinó como promedio anualmente más de 50 millones de pesos en los últimos diez años para nuestras instalaciones».

Por ello, no es casual que usuarios artemiseños como Yahíma Martínez y Daimara Rodríguez agradezcan los cursos que se mantienen sin costo alguno. Incluso han sido testigos de varios que, por la demanda, son reabiertos. En tanto, Olivia Fernández, una lugareña de la tercera edad, elogia las actividades que realizan para su grupo etario mediante los Geroclub y la dedicación con que trabajan con los llamados «niños talentos» y en los círculos de interés.

Kenia Riquenes Castillo, jefa de la sección de Comunicación institucional de la entidad en Artemisa, reconoció que posterior al cobro de los servicios el presupuesto se mantuvo en la misma cuantía que antes, aunque se han mejorado algunos locales y los componentes internos de las computadoras, para paliar la obsolescencia tecnológica. En esa provincia la disponibilidad técnica está al 74 por ciento, apunta.

En todos los Joven Club que visitó este diario se podían adquirir tarjetas de 2, 5, 10, 20 y 50 CUP. Sin embargo, «a veces solo hay de las más caras y no siempre uno tiene ese dinero, o quiere tantas horas», señaló una estudiante universitaria de Cienfuegos, quien añadió que «lo bueno es que al menos no se vencen como las de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (Etecsa) y te duran mientras no consumas el tiempo».

Problemas al cargar la conexión

Según Midiala Vázquez, directora de los JCCE en Las Tunas, al culminar 2015 cumplieron el plan de recaudación, pero al igual que en Artemisa la mayor dificultad radica en la obsolescencia tecnológica (máquinas que ya no tienen reparación, pues no hay piezas para ellas). «Existen muchas máquinas con roturas y un importante déficit de monitores», aseguró.

Odelsis Torres Carrazana, especialista principal del JCCE San Miguel III, centro capitalino con mayores recaudaciones tras el inicio del cobro, refirió que al comienzo fue difícil que los clientes entendieran el porqué de la medida y sus beneficios, ya que «nuestra instalación, por ejemplo, no tiene buenas condiciones constructivas ni equipos de climatización.

«Por suerte ahora nos cambiaron las máquinas, pero otros accesorios como teclados y mouse casi no funcionan y hasta los usuarios han tenido que prestarnos los suyos», agregó, y añadió que la medida es positiva, pues los ingresos en el futuro pueden resolver los problemas mencionados y seguir buscando fórmulas económicas que les permitan mantenerse al día con la actualización tecnológica.

Mientras la joven Odelsis nos explica cómo han conservado los cursos a personas naturales y han creado otras ofertas para sostener la esencia social por la que fue creado este programa, observamos a Bárbara González Vallin, quien llega todos los días al Joven Club para revisar su correo, y esta vez llevaba, incluso, un ventilador portátil para sentirse cómoda.

«No me parece absurda la idea del cobro, pero con estas condiciones ya imaginas pagar un servicio. Tuve que donar hasta un mouse para trabajar aquí», relató.

A varios kilómetros de allí, en el Vedado habanero, Juan Márquez Argüelles, profesor en el Joven Club Central —la primera de estas instalaciones que tuvo Cuba en 1987—, refirió que aunque las máquinas han recibido mantenimiento existe más demanda que oferta y aún es grande la distancia entre lo existente y lo que se requiere.

En tal sentido, el Director General de los Joven Club en el país, explicó que la entidad, que dispone actualmente de más de 10 000 medios electrónicos, presenta dificultades por roturas en equipos climatizadores (con instalaciones que no tienen ni uno funcionando), y máquinas, debido al calor y la elevada explotación.

«Como promedio, mensualmente, el 25 por ciento de las computadoras están rotas. La obsolescencia tecnológica se encuentra al 66,6 por ciento, y ha aparecido un nuevo fenómeno, la obsolescencia funcional, determinada por el hecho de que el software es más moderno que el hardware, y aunque se tenga una computadora moderna, hay softwares que no corren en ella», argumentó.

Razonó que, debido a esa esta situación, en muchas ocasiones se puede encontrar a niños haciendo colas en las instalaciones mientras quedan computadoras vacías, pues el videojuego o la herramienta que ellos quieren no ruedan en esa máquina, ya que se necesita de mayor capacidad y otras funcionalidades.

Sobre los equipos de climatización, apuntó que en este momento el 38,5 por ciento se encuentran rotos. Recordó que constructivamente los Joven Club fueron diseñados para conservar el frío, y la ausencia de estos hacen que en ocasiones se alcancen temperaturas altas, lo que constituye una de las mayores insatisfacciones de los usuarios.

Interrogado acerca de si sería posible usar el dinero recaudado en la mejoría de los centros, explicó que ese dinero se aporta íntegramente al Estado, el que garantiza todos los años una parte para renovar la infraestructura constructiva y tecnológica. «Se ha diseñado un programa, que se debe ejecutar en seis años, y que prevé el mejoramiento de la infraestructura técnica y material, según las posibilidades del país. Ya se han modernizado más de mil computadoras».

En cuanto a las tarjetas Prepagada que proporciona Etecsa y se utilizan para el cobro de los servicios, el directivo reconoció que fue uno los mayores reclamos de la población desde el inicio, debido al insuficiente suministro. «En busca de remediar este problema desde marzo inició un experimento para sustituir las tarjetas por un sistema soportado sobre tarjetas virtuales, el cual garantiza la estabilidad de las diferentes denominaciones, e incluso se crearon de dos pesos.

«Todavía no se ha implementado la plataforma digital, en la que el mismo visitante podría registrarse con su correspondiente usuario y contraseña una vez que adquiere su tarjeta. Esta se encuentra en fase de prueba en algunas instalaciones de Camagüey, y posteriormente, cuando sean corregidas las no conformidades, se irá extendiendo a todas las instalaciones del país», señaló.

Una mochila más atractiva

Los Joven Club han crecido en otros servicios para el disfrute de la población, que se mantienen de forma gratuita. En este caso se destaca Mi mochila, el paquete de aplicaciones y contenidos audiovisuales diseñado junto a otros centros y que, según los entrevistados, todavía es poco conocido.

En Las Tunas este es un proyecto que gusta mucho, ya que incluye películas, diccionarios, documentales, juegos, novelas, series, musicales, deportes, pruebas de ingreso pasadas y hasta ejercicios de diferentes asignaturas; sin embargo, los entrevistados aseguran que «hoy solo se puede adquirir en el municipio cabecera».

Al sondear sobre el tema en Cienfuegos se constató que Mi mochila aún adolece de falta de promoción, mejor distribución de su contenido y de una actualización más ajustada a los requerimientos de los clientes, lo que limita a los interesados en este producto en el territorio, quienes buscan más las secciones de cine, música, novelas y series.

Sobre este tema, Vantroi Navarro agregó que Mi Mochila se actualiza con una frecuencia quincenal, aunque en la calidad de los contenidos se presentaron dificultades como consecuencia de la inestabilidad en la entrega por parte de los proveedores. Además el grupo de soporte no contó con su plantilla completa en casi todo el 2015 ni con la preparación adecuada, aspectos que influyeron en el producto final.

«Dentro de sus contenidos, los audiovisuales son los más demandados por la población», comentó el directivo, quien afirmó que se trabaja en solucionar las deficiencias y adelantó que se encuentra en fase de prueba la versión web de Mi mochila, la cual permitirá la visualización de los contenidos. También se estudia un nuevo modelo de producción y distribución que estará listo este año.

Vale destacar que otras de las opciones para la población dentro de los Joven Club han sido la puesta en funcionamiento dentro de sus laboratorios de salas de navegación y el correo Nauta a través de las tarjetas expendidas por Etecsa. Este servicio se presta en 155 locales; al menos existe una sala por municipio. Estas funcionan bajo el mismo principio de las que están en los espacios de Etecsa, y parte de los ingresos generados se destinan a los JCCE.

Sobre la venta de la licencia de Segurmática Antivirus, otra de las ofertas, los directivos aclararon que este es un servicio propio de la Empresa de Consultoría y Seguridad Informática, Segurmática, con la cual mantienen un contrato, por lo que sirven como distribuidores del producto.

Mostrar todas las conexiones

Cuando el 8 de septiembre de 1987, con la inspiración de Fidel, se decidió convertir a cientos de locales en espacios de aprendizaje y recreación como los Joven Club, se abría un camino necesario en la informatización de nuestra sociedad. Así, las instalaciones que existen diseminadas en todos los municipios, incluso en los montañosos, se convirtieron en la computadora de la familia cubana, con una amplia oferta de cursos y proyectos que todavía prestigian a estos centros.

Quizás por ello sus directivos aseguran que el cobro de los servicios no significa perder su esencia social. Como apuntó Navarro Martínez, se desea un Joven Club que, sin perder sus ideas fundacionales, se mantenga moderno y vital. «Eso lo demuestra, por ejemplo, el cobro del tiempo de máquina; a nosotros nos cuesta 1,86 pesos en CUP la hora, y lo estamos cobrando a dos, así que solo ganamos 14 centavos, pues la idea es que asistan muchos usuarios.

«Así mantenemos los cursos de forma gratuita, de una hora teórica y otra práctica, con un solo estudiante por máquina. El curso más demandado es el de Operador de Microcomputadoras, que permite a los usuarios iniciarse en el mundo de la informática. Se mantienen la atención personalizada a los niños a través de cursos y círculos de interés, así como a personas con discapacidad y de la tercera edad», subraya.

En Artemisa, por ejemplo, se mantiene libre de costo la televisión digital para grabar los programas que necesiten los usuarios, el servicio de copia de información y la distribución del portal Ecured y Ecumóvil. En el caso de Las Tunas se hacen actividades libres de cobro para los niños que proceden de familias de bajos ingresos. Tampoco han perdido los nexos con sectores priorizados como los centros penitenciarios.

Navarro Martínez refirió que en 2015 fueron atendidos mensualmente, como promedio, 351 023 clientes. Al cierre del año totalizaron 4 212 286 personas. Además, durante estos 28 años, los JCCE han graduado, en diferentes cursos de computación y electrónica, en las modalidades presencial, semipresencial y a distancia, a más de 4,5 millones de personas.

«Esto quiere decir que nos hemos hecho sostenibles socialmente. De lo que se trata ahora es de lograr también la sostenibilidad económica, para seguir subsistiendo dentro de la comunidad, y por ello las tarifas aplicadas son de alcance popular».

Con las potencialidades de los Joven Club, Cuba puede convertirse en el primer país del mundo libre de analfabéticos informáticos, al decir del Director General, pues una buena parte de la población, por ejemplo, no utiliza todas las prestaciones que ofrecen sus móviles, y en las zonas wifi solo emplean sus medios tecnológicos para el correo y las videollamadas.

«Se necesita alfabetizar a aquellas personas que aún no poseen conocimientos para operar una computadora o dispositivo móvil, o navegar en una red. Para ello se trabaja en el diseño de un programa de alfabetización tecnológica que permita, utilizando diferentes vías, que la población adquiera esos conocimientos básicos.

«Soñamos con una instalación que cuente con equipamiento que sea funcional y calificado para la prestación de los servicios. Una organización estatal socialista que brinde servicios que sean demandados por la población y con un personal capaz de brindarlos allí donde el cliente lo necesita, dígase su propio hogar, parques y otras zonas».

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