Intercambio sí; imposiciones no

La FEU no está dispuesta a permitir un proyecto que pretende desestabilizar la Revolución y obviar la soberanía nacional de Cuba, señala la Presidenta de la organización

Autor:

Luis Raúl Vázquez Muñoz

CIEGO DE ÁVILA.— Además de su belleza —lo cual hace honor a uno de sus apellidos—, la presidenta de la FEU, Jenniffer Bello Martínez, llama la atención por el tono y convencimiento con el que habla. De 24 años, graduada de la especialidad de Pedagogía-Psicología en Matanzas, esta joven —amante de los artistas Joaquín Sabina, Buena Fe, Los Van Van e Ivette Cepeda, entre otros, como ella precisa— recorre el país para constatar en las aulas universitarias el inicio del curso escolar.

Sin embargo, durante los últimos días y en los siguientes, en la agenda de trabajo de Jenniffer se encuentran los actos de condena y pronunciamientos de los universitarios cubanos ante el sistema de becas de Estados Unidos, a través del programa World Learning, en lo que constituye todo un proyecto de subversión con guantes de seda, encaminado a captar jóvenes entre los 15 y 18 años de edad, esencialmente, para capacitarlos como nuevos líderes de la sociedad cubana y quienes deberán dirigir los cambios que el enemigo pretende en el país.

«Es importante —dice—, que los jóvenes universitarios conozcan bien las interioridades de este programa y cuando se pronuncien lo hagan desde el conocimiento y las convicciones que nos asisten para hacerlo. Cuando usted analiza en detalle ese programa y la manera en que se ejerce, uno enseguida se da cuenta de que es violatorio incluso del Derecho Internacional y de la soberanía de un pueblo.

«¿Por qué decimos esto? Primero, porque la ejecución de ese programa pasa por encima de nuestros mecanismos universitarios de intercambio, donde existe una rica experiencia; los obvia por completo, no los reconoce. Y segundo, las personas que entran al país para esa labor de captación lo hacen con un visado que no se corresponde con la labor que realizan. Todo eso es una violación de la soberanía de Cuba, de su Estado e, incluso, va en contra de lo pactado en el restablecimiento de las relaciones entre nuestro país y Estados Unidos, cuyo principio básico es el respeto y reconocimiento a la soberanía de ambos Estados».

Una zanahoria, no tan nueva

Al hablar sobre las interioridades del programa, Jenniffer señala que sus dobles intenciones aparecen al realizar una lectura detenida. «Entre sus objetivos —explica— se encuentran enseñar a los jóvenes captados a trabajar en grupo, a cómo comunicarse bien y tener habilidades para cautivar y parecer simpáticos. También persiguen que sean buenos oradores y que sepan buscar soluciones ante conflictos o dificultades que puedan aparecer.

«Visto así parece interesante y puede seducir. Pero luego aparecen las otras intenciones: los jóvenes tienen que regresar a Cuba, aplicar donde viven el proyecto final diseñado en la beca y para ello estarán bajo la supervisión de personas extranjeras, a quienes se les pagará para controlar lo que esos muchachos hacen».

En sus antecedentes, precisa Jenniffer, esta modalidad de becas no es nueva. Entre el 2009 y 2010, la entonces Oficina de Intereses de Estados Unidos ofertó las becas SINA, dirigidas principalmente a jóvenes universitarios. Las World Learning, por su parte, aparecieron al mes de restablecerse las relaciones con Washington. Ya en un escenario más global, esta modalidad de sembrar los agentes que se desean a través de becas, se utilizó en la Primavera Árabe y ha sido uno de los métodos más socorridos en los proyectos, con rostro joven, utilizados para desestabilizar los Gobiernos progresistas en América Latina.

Al no contar en Cuba con una oposición estructurada, reconocida, Estados Unidos apuesta por sembrar los líderes que ellos desean dentro de la sociedad cubana, con la mirada puesta en el cambio generacional. Ese el propósito de World Learning.

«Habría que preguntarse —expresa la dirigente juvenil— cómo reaccionaría Estados Unidos si el llamado Estado Islámico ofreciera una beca a jóvenes estadounidenses, pasando por encima de las instituciones del país. ¿Lo permitirían? ¿Dejarían estudiar después a esos muchachos en universidades de EE. UU.?

Al menos para nuestro caso, nosotros tenemos respuestas a las preguntas. Los universitarios cubanos no aceptamos programas y acciones desestabilizadoras contra nuestro proyecto social y la independencia de Cuba. Por otra parte, tendemos la mano solidaria. Hoy en nuestras universidades estudian muchachos que cursaron la World Learning. ¿Por qué motivo? Pues es su derecho, refrendado en nuestra Constitución, y porque nuestra Revolución es un proyecto humanista de inclusión y participación».

Intercambio y con respeto

Es significativo que mientras Estados Unidos intenta este proyecto de «alfabetización política», la FEU —a la que en no pocas ocasiones ellos tildan de organización quietista y progubernamental— mire al país por dentro en debates abiertos sobre los documentos del Congreso del Partido y organice su Festival Nacional, a celebrarse en noviembre próximo en La Habana, por solo mencionar algunas de sus prioridades.

«Nosotros no estamos cerrados al intercambio académico y estudiantil, precisa Jenniffer. Existen cientos de ejemplos de relaciones positivas entre Estados Unidos y Cuba en cuanto a relaciones universitarias. Durante un tiempo se desarrolló el proyecto Un Semestre en el Mar, censurado incluso por un tiempo por el Gobierno estadounidense.

«Se pudieran presentar otros casos, aunque lo importante es enfatizar en las vías de intercambio, que deben estar basadas en el respeto y el beneficio mutuos para ambas partes, y que este programa quiere obviar. ¿Por qué no ofrecen oportunidades para el intercambio académico, tecnológico, de visita de profesores y estudiantes de ambos países para elevar su nivel académico? ¿Será porque, al llegar a Cuba, los ciudadanos norteamericanos encuentran un país con dificultades, pero cálido y hospitalario, distinto al que les han dibujado?

«Los universitarios cubanos no somos apáticos, ni sumisos, y nos hierve la sangre al conocer las interioridades de este programa, que, además, nos subestima. Nosotros no queremos una sociedad individualista, consumista, que es el tipo de persona que quieren formar en estas becas. Nosotros queremos una sociedad socialista, basada en el respeto a los demás y en la solidaridad. Eso es a lo que aspiramos y es lo que estamos dejando claro en estos días de pronunciamiento».

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