Mente fría y corazón ardiente - Cuba

Mente fría y corazón ardiente

No pocas veces se unen en la vida el honor y el dolor. De ello dan testimonio los miembros de la Unidad de Ceremonias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, esos altivos y discretos combatientes que realzaron la dignidad del tributo que los cubanos rendimos a Fidel

Autor:

Aileen Infante Vigil-Escalera

No hay nada en el mundo que te prepare para eso, dice en tono rotundo José Luis Peraza López. Un nombre y una frase que empiezan a tener su exacto significado cuando se sabe que este teniente coronel lleva 25 años en los servicios ceremoniales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), y que tuvo el honor —con profundo dolor—, de encabezar las honras fúnebres del Comandante en Jefe de la Revolución Cubana.

Nuestro diálogo tuvo lugar 11 días después de que él y otros compañeros de la Unidad de Ceremonias de las FAR —que cumplió 55 años de existencia el pasado 15 de diciembre—, llevaran las cenizas de Fidel, hasta su última sepultura, en Santa Ifigenia. Entonces, ya estaba seguro de que nunca olvidaría las emociones de esos días.

El oficial estuvo sensiblemente impactado desde el mismo inicio del cortejo cuando, en medio del silencio sepulcral de los congregados en la intersección de las avenidas de Boyeros y Paseo, en La Habana, se alzó la voz de una mujer para gritar: ¡Fidel llegaste victorioso en la Caravana de la Victoria a La Habana, y hoy te vas victorioso para Oriente, con todos tus sueños cumplidos!

Para el también segundo jefe del Departamento de Preparación de Infantería Física y Ceremonia del Minfar, la despedida del líder de la Revolución marcó para siempre su carrera como soldado de la Patria.

Como pocos cubanos, ha tenido el privilegio de protagonizar duros momentos de nuestra historia, como el traslado de los restos de la heroína Vilma Espín y del Comandante Ernesto Che Guevara, y los honores militares al Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque y al general de cuerpo de ejército Julio Casas Regueiro.

«Nosotros tenemos un principio: para ser un hombre o mujer de ceremonia hay que tener siempre la cabeza fría y el corazón ardiente», pero incluso este precepto, tomado de las artes marciales, se puso a prueba durante todo el recorrido.

«Haber estado ahí, en nombre de Cuba, ver a tanta gente acudir a rendirle tributo, constituye mi mayor orgullo», aseguró la sargento Liset Salgado Torres, quien participó en los honores militares en la Plaza de la Revolución José Martí.

Su compañero, el sargento de primera Runier Moreira Arias, ayudante de cargador durante el cortejo fúnebre, comparte el sentir. Esta constituye la más dolorosa, pero honorable experiencia de su vida.

«La entrada a Camagüey fue muy dura. Cerca de la medianoche, y debajo de un aguacero torrencial, notamos cómo las personas apenas divisaban el carro en el que se trasportaban las cenizas, y decidimos ponernos de pie. Ver a tantos esperando para dar su último adiós al Comandante, a pesar del mal tiempo, fue tremendo, nunca podré sacar esa imagen de mi mente», confesó.

Las mujeres constituyen integrantes claves de las ceremonias protocolares del país. Foto: Abel Rojas Barallobre

Reciedumbre y pundonor

Desde su fundación, el 15 de diciembre de 1961, la Unidad de Ceremonias de las FAR prepara a jóvenes soldados del Servicio Militar Activo y del Servicio Militar Voluntario Femenino, provenientes de todas las provincias del país para, unido a los oficiales con mayor experiencia, ofrecer el relieve y la dignidad que requieren las ceremonias protocolares y militares.

A una intensa preparación física y política se suman técnicas de las artes marciales, para que estos hombres y mujeres de excepcionales cualidades sepan responder ante todo tipo de situaciones con la marcialidad, orden y disciplina que demanda ser, en muchas ocasiones, la imagen de Cuba ante el mundo.

«Para nosotros no puede existir ni un margen de error, para evitarlos trabajamos arduamente todos los días. A diferencia de otros actos, la labor que realizamos no tiene segundas partes, no puede ser repetida; lo que seamos capaces de dar en el terreno es la imagen que queda, de ahí la importancia de la atención minuciosa a cada misión, a cada detalle», explicó el teniente coronel Ramón Gilart Hernández, jefe de la Unidad.

Además de ceremonias de honras fúnebres —las más difíciles de todas—, estos fieles representantes del orden y la disciplina participan, siempre acompañados por la Banda de Música de la Unidad, en el recibimiento a Jefes de Estado, buques de la marina internacional y delegaciones militares; y entrega de cartas credenciales, condecoraciones y medallas, más todo lo concerniente al protocolo militar cubano.

Llegar a 55 años, con la satisfacción de haber cumplido exitosamente todas las misiones asignadas, constituye un orgullo para estos soldados de la Patria que diariamente ponen en alto el nombre de la nación cubana.

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