Lo que cuesta jugar: Sin dar más vueltas al trompo (II)

Los juguetes artesanales de la muy deprimida industria local y de elaboradores privados, hoy asumidos como opciones de «segunda» en el mercado nacional, pudieran convertirse en una alternativa más imaginativa y decorosa

Autor:

Yuniel Labacena Romero

Quizá muchos no llamen la atención por sus luces, control remoto, colores, vestuarios, pegatinas… Su encanto está en la pasión, chispa y deseos de simular diseños tradicionales y modernos, de aproximarse con rústicos moldes a los personajes de decenas de animados infantiles. Se les puede encontrar en cualquier esquina del barrio, portal de una casa, parques o terminales de ómnibus.

Los juguetes artesanales devinieron en solución alternativa ante la desaparición de la industria nacional y la cara y deficiente oferta de esos imprescindibles artículos para el desarrollo integral de los pequeños. La opción continúa como la más asequible al bolsillo, desde que surgieron por los años 90 del siglo pasado ante las carencias propias del período especial.

Unos son elaborados por las industrias locales. Otros, por quienes se dedican al trabajo por cuenta propia y hasta las cooperativas no agropecuarias comienzan a dar sus primeros pasos para que nuestros infantes tejan ilusiones más allá de barbies, legos, robots y otras propuestas que realmente tienen precios excesivos en el mercado y en no pocos casos nada que ver con nuestra identidad o cultura.

Un rápido y minucioso sondeo realizado por Juventud Rebelde permitió conocer la vía por la cual se han adquirido los juguetes en hogares cubanos en los últimos años. Los encuestados —un centenar de personas de la capital de diferentes edades y municipios, entre padres, abuelos, tíos, primos, sobrinos, maestros y seños de círculos infantiles— aludieron a la compra principalmente a los particulares, «por el precio, no por la calidad».

También los proveedores cuentapropistas hacen sus aportes al universo lúdico de nuestros niños, aun cuando cuentan con escasas materias primas para elaborar los productos. Foto: Abel Rojas Barallobre

Esa fue la respuesta de casi el 70 por ciento de los entrevistados, quienes añadían que los adquirían en las ferias, entre las cuales La cuevita, en San Miguel del Padrón, fue la más mencionada.

También están los famosos «merolicos», quienes «ofrecen en espacios no autorizados los juguetes realizados artesanalmente», y los cuentapropistas, «muchos de los cuales se dedican a revender los artículos que en días especiales venden en las shopping a menor precio y que acaparan».

La opción menos frecuentada en el país, revela la muestra asumida para la indagación de este diario, son las tiendas en divisas, con muchos de los señalamientos negativos que ya reflejamos durante la primera parte de este reportaje. La tercera opción declarada resultaron los juguetes que se traen de otros países, «de todo tipo, desde simples rompecabezas hasta muñecas con baterías y carritos de control remoto».

A esta le siguen vías como lo obtuve en un cumpleaños, me lo regaló una amistad y lo heredé de la familia, en ese orden. Mientras que apenas fueron marcadas por los encuestados alternativas como los hechos por los padres, algún familiar o amistad; o donados «en la iglesia y en un proyecto comunitario cultural».

Los entrevistados sumaron otra opción a las que este diario proponía: objetos cuya función no es un juguete pero derivan en tales; es decir, en no pocas casas, algunos objetos que «ya no cumplen su función por deterioro, y se le dan a los infantes para que jueguen, como celulares rotos, mandos de televisores, pomos plásticos, zapatos de tacones, pulsos, collares, creyones de labios, libretas…».

Otro elemento importante aporta el sondeo: para la totalidad de los entrevistados no existe una única vía de adquirir los juguetes para sus hijos. Todos coinciden en afirmar que es importante que los niños los tengan y hagan un buen uso de ellos. Ante nuestra interrogante, algunos afirmaron que «contar con juguetes decorosos se ha convertido en un lujo cuando en verdad constituye una necesidad objetiva».

Tin marín

Deslumbra ahora la elegancia de aquel garaje de una casa que se convirtió en espacio para juguetes ciento por ciento cubanos y donde se ofrecen productos que se distinguen por su calidad y belleza, totalmente artesanales y si es interés de los clientes, personalizados. Se trata de Tin Marín, una tienda de regalos para niños, adolescentes y jóvenes, ubicada en la calle 48, entre 9 y 11, en el municipio capitalino de Playa.

En ese sitio —que abre de lunes a sábado a partir de las diez de la mañana y hasta cerca de las siete de la noche— se pueden hallar muñecas, duendes, brujitas, magos, artículos decorativos…. Para Gretel de la Rosa y Ailette Hernández, las jóvenes cuentapropistas que emprendieron el negocio, ofrecer juguetes que los niños puedan lanzar contra el suelo, golpear, halar, y que aun así sobrevivan ha sido su principal divisa.

Foto: Abel Rojas Barallobre

«Un día salí en busca de un regalo auténtico para un niño y luego de caminar varias tiendas y otros sitios, no hallé nada bueno, bonito y barato que me gustara. Así nació esta propuesta», dijo Gretel, quien recordó que a ello se unió además el disfrute de su maternidad y el deseo de emprender su propio negocio.

Sabía que sola no podía en esta encomienda y por ello se unió Ailette, a quien conoció en el círculo infantil cuando los pequeños de ambas, Rodrigo y Amaya, transitaban por ese espacio. Ellas habían estudiado por la misma época en la Universidad de La Habana: Ailette Contabilidad y Finanzas, y Gretel Economía. «Enseguida comenzamos a trabajar y apostamos por productos que privilegien la idiosincrasia nacional y la durabilidad.

«Nuestras obras son confeccionadas, esencialmente, en los más diversos tejidos, madera, mimbre, foami, papel y cartón», detalla Gretel. Mientras Ailette apunta que con las ofertas tratan de rescatar juguetes tradicionales. «Tenemos muñecas de tela, papalotes, pelotas y guantes, con los que nos divertíamos quienes ahora somos padres».

Foto: Abel Rojas Barallobre

—¿Y los precios?

—Oscilan en dependencia del tipo de producto, el trabajo manual, las materias primas. Hay de entre dos o tres pesos y hasta más caros. Figúrate, hemos elaborado muñecas de hasta seis metros de alto y caballitos en papier maché en los que se puede sentar un adulto. Eso sí, siempre tratamos de que todo tipo de cliente pueda obtener algo para regalarle a un niño y que la calidad sea la misma.

—¿De dónde salen las materias primas?

—Las compramos en el mercado. Muchas veces escasean las cosas, pero cuando las encontramos tratamos de obtener grandes cantidades. También apelamos al reciclaje o los recursos que nos donan otros cuentapropistas. Apostamos por que sean materiales buenos.

—¿Qué dicen los clientes?

—Te encuentras con todo tipo de público. Lo mismo llega el que enaltece la tienda por lo bien que están hechas las cosas, que quien se molesta porque todo lo que se vende es hecho aquí. Pero desde un inicio nuestro fin fue no comercializar nada importado. Igual ocurre que muchos clientes preguntan por Mickey Mouse, la princesa Sofía o Dora la Exploradora, pero a nosotros no nos interesa hacer esos personajes. Nuestra propuesta se enfila ahora mismo a rescatar los personajes de animados y cuentos cubanos.

Gretel y Ailette sumaron a su empeño a artesanos que creaban muchos de los productos que ellas deseaban, pero que no los vendían o tampoco tenían un lugar fijo donde hacerlo. «Con ellos hemos conformado un gran equipo de trabajo, nosotras también hacemos algunas cosas y hasta somos dependientes, pues nos gusta vincularnos directamente con los clientes y saber cómo marchan las propuestas», asegura Gretel.

Tal ha sido la demanda que abrieron otra tienda, ubicada en Línea entre E y F, número 470, y con ella, incluso, complacieron a quienes se les dificultaba llegar hasta la de Playa. «En las dos tiendas tratamos de ofertar los mismos productos y que se mantengan estables», explica Ailette, y recuerda que el primer aniversario del surgimiento de Tin Marín lo celebraron con los niños del barrio, y ante un público cada vez más exigente, porque «mantener la calidad y variedad es un reto».

Foto: Abel Rojas Barallobre

Seguimos en aprietos

Caballitos, peluches, máscaras, hula hula, yaquis, bebés, muñecas, bates, trompos, rompecabezas, juegos de cunita, de enfermería, de cocinita, de mesa (damas, ajedrez, parchís...) conforman la variada lista de artículos que producen los creadores artesanales y que se expanden por el territorio nacional.

Según afirma Yosvany Pupo Otero, director de Ventas Minoristas del Ministerio del Comercio Interior, muchos de esos juguetes son elaborados por las industrias locales que existen en varios territorios, como también tablitas de planchar, palitos de limpiar, bates, guantes, carritos y otros.

«Actualmente, a nivel local se hacen esas pequeñas producciones dirigidas a una red muy específica, como los parques infantiles, pero no para la comercialización en nuestros establecimientos como sucedía antes y tampoco es una entrega en moneda nacional que asumamos nosotros. Esta producción es muy incipiente. Los objetos se hacen de algunas recorterías que les quedan, por ejemplo, a las empresas de servicios técnicos y del hogar», detalló.

También los proveedores cuentapropistas hacen sus aportes al universo lúdico de nuestros niños, aun cuando cuentan con escasas materias primas para elaborar los productos, especialmente con madera y tejidos. Así lo expresaron algunos de ellos a este diario cuando intercambiamos en las ferias o las llamadas mesitas donde se dedican a venderlos.

Mientras mostraba a sus clientes la amplia variedad de surtidos, Carlos Díaz, un cuentapropista capitalino, aludía que sus productos quizá no tenían elementos que llamaran la atención como los que se ven en divisas, aunque muchos sí tienen que ver con el cubano y además le son más asequibles a sus bolsillos. «Aquí puedes encontrar de todo, con variedad de colores. Los productos los hacemos con lo que conseguimos».

Algunos de los vendedores arguyeron que muchos de los juguetes que ellos venden lo traen de La cuevita, cuyos elaboradores los realizan con plásticos de fabricación casera, al no contar con mejores tecnologías ni acceder a materias primas.

Hasta ese sitio se fue Juventud Rebelde. Es difícil abrirse paso entre la gente cuando no se llega temprano allí, pues desde el 2014 cuenta con la feria Monterrey, donde los trabajadores por cuenta propia venden de manera ordenada. En no pocas mesitas donde se oferta amplia variedad de productos pueden verse juguetes para niños, con precios que oscilan desde un peso hasta los 300 como un carro donde puede montarse un niño que no sobrepase el año de edad.

Conversar con los vendedores es complicado, porque muchos están atendiendo a sus clientes y otros no quieren decir la última. De los que este diario pudo obtener algunas consideraciones, expresaron que tienen bastante demanda entre quienes llegan hasta allí: unos para sus propios hijos, otros para revenderlos en la misma capital o en las provincias o cuando van a hacer algún cumpleaños. Apuntaron que «se esfuerzan por mejorar los acabados y ofrecer nuevos diseños, pero sin tecnologías y materias primas no hay quien logre algo más atractivo».

El silencio primó siempre que indagamos acerca de dónde obtenían el plástico para elaborar sus artículos. Solo uno expresó que eran de contenedores plásticos fundidos. Hubo quienes aludieron a que las pegatinas, que tienen son importadas, y por eso en muchos casos no pueden reflejar la identidad cubana y se corresponden con los gustos de otros países. Además, no cumplen con ninguna norma sanitaria.

Los juguetes son artículos imprescindibles para el desarrollo integral de los pequeños. Foto: Abel Rojas Barallobre

Tras las licencias de Restaurador de muñecos y otros juguetes, Productor vendedor de artículos varios de uso en el hogar, Productor vendedor de piñatas y otros artículos similares para cumpleaños o Artesano —las que habían adquirido 19 923 cubanos al cierre de abril último—, se ha expandido la fabricación o venta de juguetes artesanales en Cuba. Aunque esa cifra —aportada por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social— no quiere decir que todos los vinculados a esta opción de empleo se dediquen a tal propósito, pues no existe una actividad específica para ello.

Esta indagación de Juventud Rebelde demuestra la urgencia de mecanismos institucionales que faciliten el acceso de los más pequeños a los juguetes, la búsqueda de tecnologías y recursos a quienes se dedican a la producción artesanal de estos, que den mayor vida y alcance a esa alternativa, que puede congeniar perfectamente con el necesario despegue económico nacional.

Lo advierten los especialistas, el juguete permite a los infantes mantenerse activos, desarrollar su imaginación, crecer. Mientras más usos puedan concebirles, más los preferirán y durante más tiempo tendrán interés por ellos. Solo así será posible que el hermanito de Laura Castelló Caballeros, la pequeña que estremeció la Asamblea Nacional Pioneril, tenga el juguete que desea antes de que deje de ser niño.

Agradecemos a Elayna Espina Sierra, Annelice Mederos Villafranca, Lorena Pérez Quintero y Sara Cotarelo Prieto, integrantes del Equipo de Investigaciones Sociales de Juventud Rebelde, por el valor de su indagación para esta serie de reportajes.


Propuesta auténticamente cubana

Que todos los juguetes diseñados sean didácticos o de entretenimiento, así como elaborados con materiales nobles y amigables con el medio ambiente, con prioridad para la madera y sus derivados, es la idea que anima a la cooperativa no agropecuaria (CNA) Decorarte, de Matanzas, con la propuesta de Gabi & Sofi, una marca infantil que se inscribe entre las soluciones para la industria cubana del juguete.

Ariel Balmaseda Santana, presidente de Decorarte, aseguró a Juventud Rebelde que esta marca pretende ofrecer a los niños un producto de primera calidad a nivel mundial, y no solo de juguetes, sino también de confecciones y accesorios de vestir, lencería, ajuares, utensilios de uso diario, mobiliario infantil, accesorios y elementos decorativos, material escolar, así como impresiones gráficas.

En relación con los juguetes, comentó que los diseños están pensados sobre la base de la no violencia y transmitirán mensajes armónicos enfocados a despertar en los niños sentimientos espirituales y humanos relacionados con el amor y la solidaridad; que estén los animados cubanos, los colores de la bandera, las tradiciones culturales del país.

«Entre las propuestas destacan carriolas, relojes desarmables, bolos numéricos, sonajeros, formas geométricas, trencitos, rompecabezas, velocípedos, carritos, juegos de piezas acoplables, de roles, de cartas, de cocinita», explicó el Presidente, quien añadió que Decorarte ha dedicado sus esfuerzos para insertarse en los programas priorizados que el país ha diseñado, entre ellos el relacionado con la dinámica demográfica y esta marca apuesta por ello.

«Las diversas propuestas desarrollarán en los niños, por ejemplo, habilidades auditivas, atención, imaginación, interacción social, aprendizaje natural de manualidades cotidianas, sentido del ritmo, reconocimiento de colores, números, alfabeto, el significado de tener una mascota, las emociones que puede sentir una persona, conformar estructuras con piezas.

«Tenemos la intención de llevar estos juguetes y el resto de los productos de la marca a los hogares de Cuba en donde habite un niño. En función de ese objetivo trabajamos intensamente durante varios meses y la marca está lista para comenzar su producción, ya que está instalado un potencial tecnológico que permite cubrir producciones a pequeña y mediana escala en diversas líneas de artículos.

«No obstante, para lograr masificar estas producciones a nivel nacional con un alcance social imperecedero, es indispensable el completamiento de la base tecnológica de la cooperativa. Para ello hemos tenido varias reuniones no solo con el Ministerio de Industrias, al cual pertenecemos desde 2013, sino también con el del Comercio Interior, para que nos ayuden en ese propósito», agregó.

Balmaseda Santana explicó también que para esta propuesta se pretenden usar insumos y materiales que hoy comercializan las diferentes empresas mayoristas del país. «Con estos productos, Decorarte puede sustituir un monto considerable en importaciones de artículos determinados, además de dar respuesta en una medida considerable a la demanda insatisfecha de productos infantiles en el mercado nacional».

Al ser interrogado por los precios de los surtidos, dijo que se trata de que sean asequibles al bolsillo de los cubanos. «Se trabaja en función de abaratar costos utilizando las potencialidades que hoy existen en el país para comenzar la producción de estos artículos, corrigiendo al detalle los aspectos que puedan afectar la calidad».

Funcionarios del Comercio Interior e Industrias, con quienes este diario dialogó, dieron fe de la valía de la propuesta presentada y que ellos evalúan, ya que ayudaría a garantizar una opción auténticamente cubana.

Balmaseda Santana añadió que una vez sea aprobada la propuesta —la cual fue presentada en la 2da. Convención y Exposición Internacional Cubaindustria 2016 y obtuvo dos premios: uno al mejor estand modular y otro a la mejor colección infantil—, sus productos se comercializarán en la red de tiendas minoristas existentes en el país.

«Estamos tramitando con las entidades los espacios donde han de ubicarse. Gabi & Sofi es un propósito noble e interesante, pensado para satisfacer materialmente y en valores a los niños con productos atractivos y sugerentes. Estamos seguros de que serán del agrado de los infantes cubanos y también para aquellos que nos visitan desde otras naciones».

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