El huracán y su huella recurrente

El gople del huracán Irma se encontró con la tenacidad y resistencia de los espirituanos

Autor:

Lisandra Gómez Guerra

YAGUAJAY, Sancti Spíritus.— «No pegué un ojo en toda la noche. Pedí por todo el mundo porque sabía que cuando saliéramos no encontraríamos nuestras cosas. Pero en el fondo estaba tranquila, porque me encontraba a salvo con mi niño y mi esposo». Así recuerda la noche más larga de su vida, Ariadni Ramos, una joven de 22 años residente en la comunidad yaguajayense de Juan Francisco.

Ella, junto a otras familias de esa localidad, se resguardó en el otrora hospitalito mandado a construir allí por Camilo Cienfuegos. Ese centro es ahora su casa, porque la suya, de madera y zinc, forma parte de las miles que en la provincia fueron afectadas totalmente por Irma.

«Mi niño Danger me decía “Mamita, vámonos pa’ la casita”. Cuando escampó lo llevamos para que se diera cuenta de que las planchas de zinc, aunque las preservamos como se nos indicó, volaron tan lejos que no las encontramos, y las paredes se hundieron. Pero estamos vivos y con techo», refiere, mientras sostiene al pequeño.

Como esa familia, en el resto de los municipios espirituanos hay residentes con afectaciones en sus moradas, tanto de forma parcial como total. Y aunque aún se desconoce la cifra total, de acuerdo con Juan Eduardo Álvarez Ramón, presidente del consejo popular de Meneses, en Yaguajay, se evitaron mayores problemas al poner en práctica las medidas publicadas en las Guías familiares.

«En el terreno comprobamos que cuando se ponen sacos de arena y se amarran los techos se logran amortiguar las afectaciones. Se trabajó intensamente antes del huracán visitando casa por casa para prevenir y ahora lo que nos toca es con unidad y los esfuerzos de cada comunidad arreglar lo que se pueda hasta que llegue la ayuda. Empezaremos por quienes menos posibilidades de recursos tienen, porque el país no puede con todo», aclaró.

Elvira Sierra, vecina del consejo popular de Simón Bolívar, de Yaguajay, ubicado muy cerca de Playa Vitoria, se encomendó a todas las deidades cuando escuchó el rugir no solo de las fuertes rachas de más de 200 kilómetros por hora, sino también el estruendo del río Máximo, desaforado por las calles de esa zona.

«Cuando el huracán Kate, en 1985, los destrozos en el fondo habitacional fueron mayores, porque entonces estaba peor, pero la fuerza del huracán, no. Irma llegó como cuando una se enamora, que le da vueltas y vueltas a quien le gusta y cuando no llama su atención, se va», relata con una sonrisa, mientras describe que el mar no caminó tanto porque las olas estaban en contra de la tierra.

A fin de apoyar primero el proceso de evacuación y, ahora en la etapa de recuperación, un grupo de jóvenes, pertenecientes a la Federación Estudiantil Universitaria en  Sancti Spíritus, se ha mantenido en condiciones de contingencia en el municipio de Yaguajay.

«Llegamos a Mayajigua, Vitoria y Seibabo, donde hubo resistencia para salir por la falta de percepción de riesgo, pero logramos que se entendiera. Ahora nos sumamos a la recogida de árboles y escombros», cuenta Jeikel Luis Pérez Lago, estudiante de 4to. año de Medicina.

Sin dudas, a esta hora muchas son las historias asociadas a Irma que hay que contar, y su empecinamiento con gran parte de Cuba. No solo las tristes por las pérdidas y el susto que no se quitará en días, sino aquellas que nacen en estas jornadas donde un mar de brazos se cruzan para despojar la imagen de un querer con mucho hostigamiento.

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