Sí, de zapatero a diputado - Cuba

Sí, de zapatero a diputado

Sin más campaña que la del cariño y el respeto ganados entre la gente que lo rodea, un humilde zapatero remendón habanero ganó un puesto en el Parlamento. El de Jorge Luis Romero Herrera ha sido un ascenso singular, que le provoca lágrimas de orgullo

Autor:

Luis Hernández Serrano

Jorge Luis Romero Herrera ha ascendido de zapatero remendón a diputado al Parlamento cubano, sin más campaña que la del cariño y el respeto ganados entre la gente que lo rodea.

Haciendo un repaso de esta especie de «milagro político», que solo puede ocurrir en un sistema democrático donde a los ciudadanos se les mide más por sus caudales sociales que por lo que guardan en los bancos, Jorge Luis repasa que comenzó a trabajar por cuenta propia, como zapatero remendón, hace 23 años, cosiendo a mano y con máquina, en unión de su hermano Germán.

En el año 2015 fue electo delegado de su circunscripción. A los seis meses ya lo habían seleccionado como el más destacado entre diez delegados del Consejo 2, circunscripción 24, del municipio habanero de La Lisa, y en las pasadas elecciones generales alcanzaba un puesto en la Asamblea Nacional que tendrá su sesión constitutiva los días 18 y 19 de abril.

No tiene la certeza, pero piensa que quizá sea el único zapatero remendón miembro de un Parlamento en el mundo.

«Cuando me propusieron para delegado por primera vez, aquello fue recibido con una gran ovación. Fui electo por mayoría en las dos votaciones que se hicieron. Llevo tres años como delegado, actualmente en un segundo mandato», relata.

«Atiendo a mis electores en mi propia casa, todos los días, a tiempo completo. En mi circunscripción hemos resuelto más de 26 planteamientos que estaban pendientes. Hace dos meses, por ejemplo, se asfaltó la Avenida 202 y 65, que estaba en muy mal estado. Vertimos más de 60 toneladas de asfalto en un día, y yo estaba entre los sudorosos carretilleros.

«Nunca me imaginé llegar a ser diputado. En el último recorrido por la Escuela Primaria 5 de Septiembre, de San Agustín, participamos 16 compañeros candidatos a la Asamblea Provincial y a diputados al  Parlamento.»

«Luego de que el médico candidato a delegado provincial, el doctor Ernesto, hablara allí, me tocó por el hombro y me pidió que yo también dijera algunas palabras a la comunidad.»

«Lo hice muy nervioso, pero con mucha alegría, sintiendo el sano orgullo de informarles que yo era un simple zapatero remendón y candidato a diputado. Me aplaudieron. Al terminar la actividad se me acercaron varias personas y una ancianita me dijo: “Tienes todo nuestro apoyo… ¡y los dos empezamos a llorar!”».

No había que hacer una indagación demasiado profunda para saber los porqués de la «meteórica carrera» de este humilde cubano. Fácilmente se descubría en las personas que pasaron por su lado y lo saludaron mientras dialogábamos y en otros que vinieron a remendar zapatos, quienes nos confirmaron el tremendo prestigio de este habanero de 50 años.

«Sí, los directores de empresas me respetan. No los llamo por teléfono, voy personalmente a verlos para plantearles los problemas de mis electores. El delegado tiene que trabajar a conciencia y representar con firmeza la solicitud de los ciudadanos.»

«Hoy puedo decir que mi circunscripción casi está al ciento por ciento de problemas grandes resueltos. Ahora estoy ansioso por saber qué es lo que puedo y lo que no puedo hacer como diputado. Agradezco la confianza que se ha depositado en mí. Todo lo que esté a mi alcance para que mi país, mi municipio y mi circunscripción mejoren, lo haré, ¡de corazón!»

«Aplicaré las enseñanzas de Fidel a nuestro pueblo, como su larga visión de futuro. Hombres así no nacen todos los días. Ahora a los 605 diputados nos toca defender su legado.»

«Ser zapatero para mí es un orgullo y una satisfacción. Al empezar me pinchaba los dedos y sangraba cuando cosía un zapato roto. Pero ya soy un experto y ayudo a que los pasos del cubano sean más seguros, cómodos y bonitos. A los que son más pobres, no les cobro un centavo.»

«La inmensa mayoría de los que nos traen sus zapatos a reparar o a remendar, son los que menos tienen. El que posee mucho dinero no remienda sus zapatos, los echa a un lado, los tira a la cuneta o los bota en la basura. Soy muy feliz como zapatero remendón, sobre todo cuando veo salir de mi rincón de trabajo a las personas que no solo llevan sus zapatos arreglados, sino una sonrisa agradecida en sus labios. Igual me siento de alegre al lograr que los organismos administrativos resuelvan los planteamientos de mis electores».

Ver donde otros parecen ciegos

Para este hombre el delegado o diputado más práctico, responsable y justo, es aquel que es capaz de descubrir zonas de interés allí donde algunos ojos empresariales o administrativos se posan con incapacidad, indiferencia o ceguera.»

«El amor al trabajo social comunitario del delegado es como una vocación. Un delegado o un diputado que sabe cómo se pueden resolver los problemas, tiene resueltos, de entrada, la mitad de ellos.»

«Siento un sano regocijo al despertar alarma, asombro o simple curiosidad en los que saben que un zapatero remendón en Cuba puede ser diputado al Parlamento, donde hay tantos dirigentes de las provincias, intelectuales, profesionales y técnicos de elevada cultura e historia personal.»

«¡Ah…! y no puedo olvidar, a las puertas del cercano día 19 de abril, que el presidente del primer Parlamento revolucionario y socialista cubano fue Blas Roca Calderío, cuyo oficio original fue precisamente zapatero remendón, como yo». 

 

Honor compartido

 Coincidentemente, Francisco Calderío Martínez, más conocido por «Blas Roca», como resaltó Jorge Luis, ejerció también como zapatero antes de ser el primer presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular en la Cuba revolucionaria.

«Fidel lo definió como “uno de los hombres más nobles y generosos que él había conocido jamás», nos dice entusiasmado.

Blas nació el 24 de julio de 1908 en Manzanillo, Oriente, actual provincia de Granma. Fue miembro del Comité Central del primer Partido Comunista de Cuba, constituido en agosto de 1925 por revolucionarios, martianos y socialistas como Carlos Baliño y Julio Antonio Mella. 

Fue uno de los que hizo posible que Cuba se dotara de la muy progresista Constitución de 1940, proceso en el cual intentaron humillarlo por su condición de zapatero. Con 26 años ya era el principal dirigente de los comunistas cubanos y en él se veían reflejados en la Cámara de Representantes. Murió en La Habana el 26 de abril de 1987 y, por petición suya, fue sepultado en la tierra, a poca distancia del Mausoleo en que reposan los restos del Mayor General Antonio Maceo y de su ayudante, el Capitán Panchito Gómez Toro.

 Blas Roca no llegó a ser    electo en 1976 el primer Presidente de nuestro Parlamento revolucionario por casualidad, sino porque su vida puede resumirse como la de un luchador inclaudicable por la independencia, la soberanía del país y la causa y los ideales del socialismo. En torno a ello diría: «Ser comunista ha sido un campo de batalla en mi vida. Nunca he dejado de luchar y nunca, ni en la circunstancia más adversa, he perdido mi fe en el futuro. Tal conducta ha sido siempre mi escudo y mi bandera. Por eso poco después del triunfo del Primero de Enero de 1959 hice entrega simbólica a Fidel de la máxima dirección del Partido, de manera voluntaria y consciente, por ser el jefe político y militar indiscutible de la Revolución Cubana».

  

Su infancia, el padre y Fidel

 Jorge Luis Romero nació en una casa pobre con piso de tierra, sin ventanas, agua corriente, luz eléctrica y servicio sanitario y ahí vivió con sus padres siete años.

En el Mundial de Boxeo de La Habana 1974, su padre, con 27 años (Jorge Luis Romero Mujica), quedó subcampeón en los 54 kilogramos, peleando con el boxeador más completo de aquella lid, Wilfredo Gómez, un puertorriqueño al que tumbó cinco veces, aunque se levantó en todas.

Cuando le dieron a su padre la medalla de plata, enseguida fue a donde estaba Fidel y se la puso en su cuello, pero este se la devolvió, y le dijo que esa medalla era como de oro, por el coraje y la valentía que había demostrado.

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