Amor inmenso - Cuba

Amor inmenso

Suspiran, lloran, toman fuerzas, se abrazan, y el reportero casi siente que los ofende al acercarse. El dolor lo domina todo en medio de la esperanza y el consuelo de saberse protegidos y acompañados en horas de tanto dolor. Este diario pudo hablar con familiares de los fallecidos y de los que se mantenían con vida

Autor:

Yuniel Labacena Romero

Un dolor punzante es lo que se respira hasta en el aire en cualquiera de los lugares donde este sábado se han reunido los familiares de las víctimas del desastre aéreo ocurrido en La Habana al mediodía de este viernes. Es imposible dejar de sobrecogerse ante la tristeza que impera en los salones del Hospital Universitario Calixto García y el hotel Tulipán, donde se han reunido.

 Entre la conmoción es difícil que las personas hablen. Suspiran, lloran, toman fuerzas, se abrazan, y entonces los reporteros casi sienten que los ofrenden al irrumpir en el ámbito de un sufrimiento tan íntimo.

«Nada nos salva del dolor», dice uno de los familiares en el hotel Tulipán, donde se siente una agitación inusitada desde mucho antes de las seis de la mañana de este sábado, cuando llegó el primer grupo de familiares de las víctimas procedente de la provincia de Holguín.

«Aquí ha estado todo el mundo y no ha faltado el apoyo. Vivimos una situación bastante difícil», dice Rolquis Pérez, primo de uno de los fallecidos. «Nunca imaginé que él estuviera en ese vuelo. Cuando nos enteramos de lo ocurrido fuimos rápidamente para el aeropuerto a informarnos. Ahora estamos aquí esperando para poder identificar sus restos.

«Los médicos forenses nos explicaron que el proceso es largo por el tipo de accidente y las condiciones en que quedaron las víctimas. Mi primo era guía turístico de Cubanacán, graduado de la Universidad de La Habana e iba a un viaje de trabajo», describe.

Rolquis, como otros muchos holguineros, partieron desde el aeropuerto internacional Frank País, punto desde donde salieron los ómnibus en caravana con los familiares de las víctimas y sobrevivientes, quienes ayudarán en el complejo proceso de identificación de los restos de los pasajeros fallecidos en el accidente, entre otros trámites, en los que reciben todo el acompañamiento y apoyo de nuestro Gobierno.

Como este holguinero eran varios los que aguardaban en el lobby del hotel a la espera de alguna noticia. «En qué más podemos ayudarla. Necesita algo», le pregunta a una señora mayor alguno de los responsables de auxiliarlos en todo lo que requieran en el Tulipán.

«Pensé que nos iban a decir algo nuevo, que tenían alguna información», le responde la anciana entre sollozos… «Es muy grande el drama que estamos viviendo aquí a cada momento», me dice una funcionaria mientras acaricia a la anciana.

Entonces intento conversar con otros familiares, como Amauri Álvarez, un médico internacionalista que labora en el Ecuador, quien perdió a su hijo de 25 años. Se lleva las manos a la cabeza una y otra vez mientras intenta conversar. «Uno es médico, y los demás creen que por ello está más acostumbrado al dolor, pero frente a estos sucesos uno no sabe cómo calmarse».

Carlos Manuel Cabanes Rivero, director general del hotel Tulipán, explicó a Juventud Rebelde que actualmente tienen ocupadas 86 habitaciones con 168 familiares, la mayoría de ellos de Holguín.

«Unos llegaron por sus medios; otros vinieron en las guaguas que dispuso el Gobierno. A partir de la 1:10 de la madrugada de ayer comenzamos a recibirlos. Es increíble la cantidad de personas que han perdido a una madre, un padre, un sobrino, un amigo... Aquí no solo hemos hecho nuestro trabajo, también les hemos dado aliento. El dolor es inmenso», refiere.

El directivo apunta que prepararon el hotel con el mayor confort posible y, sobre todo, en los pasillos, en el lobby, en los locales del primer piso se han habilitado puntos con té, café, agua… pues los familiares se mantienen mucho tiempo sin subir a las habitaciones, pendientes de lo que pueda suceder.

SEGURIDAD

¿Alguna de las sobrevivientes tendrá un tatuaje con el nombre de Michel?, fue lo primero que preguntaron los familiares de Mailén Díaz Almaguer cuando conocieron del trágico suceso y que tres personas habían sobrevivido. De existir ese indicio sería la señal de que la joven de 20 años viajaba en el avión.

«Eso nos daba seguridad de que estaba viva», asegura Edila Rojas Santiesteban, una de los familiares. «Cuando el doctor confirmó que sí y supimos de los ómnibus que viajarían a La Habana, rápidamente fuimos para el aeropuerto, y aquí estamos. Desde que llegamos ha existido buena atención, nos habilitaron una sala para estar los familiares, nos pusieron teléfonos públicos, la alimentación está asegurada, además tenemos a nuestra disposición un taxi para lo que precisemos», agradece.

A su lado el canadiense Alain Veloza, casado con la hermana mayor de la sobreviviente, asegura que es increíble la preocupación y la atención del Estado cubano. «Nunca imaginé que fuera así, existe mucha profesionalidad, mucha sensibilidad y el personal médico está dispuesto a ofrecer no solo un servicio asistencial excelente sino un trato humano muy especial a los familiares».

«Las muestras de solidaridad no solo las hemos vivido aquí», reconoce Yoel Rojas Álvarez, quien recuerda que cuando salían de Holguín, en las calles había muchas personas despidiéndolos, estrechándoles sus manos. «A lo largo del viaje sucedió igual hasta llegar a La Habana y ello reconforta en medio de tanta desesperación», dice.

También en una de las salas del Hospital Universitario Calixto García está Esther de la O, la madre de Emiley Sánchez de la O, holguinera de 39 años de edad, otra de las mujeres que se mantiene con vida tras el accidente del avión, quien asegura que están informados de cuanto acontece en su evolución.

«En la primera guagua que vino de Holguín pudimos venir yo y mi hijo. Llegamos temprano y nos han atendido muy bien. Según nos explicaron, ella sabe que estamos aquí. Nuestros médicos trabajan insistentemente por salvarla, nos han explicado todas las complicaciones y de los tratamientos que se están haciendo. Aun en medio de nuestro desespero los dejamos que trabajen».

Maritza Díaz Rodríguez, también familiar de Emiley Sánchez de la O, agradece las muestras de amor, cariño y sensibilidad recibidas. «Una tragedia como esta te impacta mucho, y a veces no sabes qué hacer. El acompañamiento es excepcional. En medio de la tristeza en cada esquina se puede sentir el alivio de un abrazo, de un consejo», asegura.

Y mientras Juventud Rebelde dialoga con los familiares de los fallecidos y de los que se mantenían con vida pensaba en el inmenso Silvio cuando nos canta que en momentos como estos «basta el buen sentido del amor inmenso».

Maritza Díaz y Esther de la O, familiares de una de las sobrevivientes. Foto:Roberto Suárez 

Es muy grande el drama que se vive a cada momento en el hotel Tulipán. Foto:Roberto Suárez 

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