Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Heriberto a cuestas

El periodismo cubano ha perdido uno de sus emblemas, una rara inteligencia con sentimiento hondo, y una mente poderosa por sí misma, sin fórceps, catapultas ni parnasos

Autor:

José Alejandro Rodríguez

El periodismo cubano ha perdido uno de sus emblemas. Una rara inteligencia con sentimiento hondo. Una mente poderosa por sí misma, sin fórceps, catapultas ni parnasos. Un agudo analista, siempre caminando sudoroso el sendero de la gente común, llevando a cuestas el cansancio de muchos sin perder el ansia y la fe en una vida mejor para todos: Heriberto Rosabal Espinosa.

Bueno como pocos, sin poses ni altisonancias. Sin estrellatos. Con mucha entereza para ser humilde en la necesidad, y pródigo en talento y bondad. Un olfato fino para distinguir lo auténtico de lo falso, lo raigal de lo periférico.

Fue un ser sin dobleces ni rebuscamientos, con la palabra limpia y el criterio personal a flor de labios, en el periodismo y en la vida. De una sola pieza y versátil a la vez. Su único dogma pasional era la familia. Su casita, para donde cargaba lo poco que conseguía. Su compañera Mayra y la prole, el abc de todos sus días. Sus amigos, que siempre lográbamos enderezar excesos y torpezas a su lado, por esa capacidad que tenía para equilibrarlo todo.

Escribió lo que quiso y lo que hacía falta. Como militante, tambien tomó partido siempre sin pensar en las comodidades. Fue a la vez periodista de filas, gozoso y mundano, y jefe riguroso y sabio, sin perder la ternura y la alegría. Fue muchas veces adonde había que ir, sin dejar de ser él.

Dejó un rastro luminoso en las páginas de Juventud Rebelde, Opciones, Tribuna, Granma y Bohemia, desde que escogió el periodismo como una aventura humana en aquellos inicios en la revista Moncada. Reportó con excelencia lo mismo un recorrido de Fidel por el mundo, que una investigación de los problemas más agudos del descontrol y la desidia que tanto nos lastran. Y en los últimos tiempos compartimos una fiesta de la reflexión en el programa Hablando claro, con esa elegancia que él tenía para decir cosas muy serias y fuertes.

Era un revolucionario convencido, sin espacio para el confort acomodaticio. Nunca pidió permiso para opinar y ejercer sus criterios. Sin concesiones a la oportuna conveniencia. Nos legó un modelo coherente de conducta pública y personal. Era lo que llaman una persona decente. Brillaba en cualquier grupo o sitio por su compostura y respeto al prójimo.

Fui su amigo personal, como otros que bien saben lo que hablo. Compartimos alegrías e inconformidades, impaciencias y certezas. Me cuidó a los pies de una cama de hospital, cuando parecía que me iría de este mundo. Y ahora, que le debo eternamente la sobrevida como a otros, me pregunto si podré trasnochar por internet y su Facebook, para encontrarme en una esquina de la madrugada con Heriberto, tan curioso que era para preguntarlo todo y saberlo todo y reírse de cualquier  ocurrencia o palabrería ligera.

Te voy a extrañar Heriberto, una de las personas más excepcionales que me he topado. Y espérame, pero sin apuros. Que algún día te sorprenderé con el último cuento o el más avispado rumor de lo que pasa aquí abajo. Pero todavía nos hace falta traerte todos los días a esta lidia compleja por la vida y el país. Vamos a seguir Hablando  claro, En Cuba, sin más Opciones.

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.