Joven limitado visual cubano presenta exposición de obras plásticas

Arte para tocar, de Walter Ávila Vázquez  se exhibe en la galería de la academia provincial de artes plásticas Raúl Martínez, de Morón, en la provincia de Ciego de Ávila

Autor:

José Aurelio Paz

Walter parte de su limitacion para defender otros soles. Fotos: José Aurelio Paz

La luz que pueda faltarle a los ojos de Walter por su limitación, visual vino a descubrirla en el arte. Manera hermosa esta de restañar lo que al cuerpo falta con los colores eternos del alma.

Su tesis de grado en la academia provincial de artes plásticas Raúl Martínez, de Morón, no ocuparía espacio en esta página si quedara solo en el mero ejercicio académico. Se gana estas palabras porque, sobre todo, viene a ratificar que la obra artística ha de ser siempre espejo vivo de las preocupaciones humanas; búsqueda incesante de su mejoramiento; y su tríptico lo consigue.

La pequeña y calurosa galería de esa institución docente permitió, más que todo, un acto tremendamente humano. Personas ciegas recorrían su ciudad reconociéndola a través de sus manos. Detenerse en la esquina para tocar el poste de la luz, encaramarse con los dedos al alféizar de una ventana o cruzar la calle para encontrarse con ellos mismos, bastón en mano, pone luz donde dejó sombras una limitación física.

Arte para tocar, como él llamó a su exposición, coloca un pequeño candil en regiones poco exploradas de la plástica cubana. Sus cuadros, basados en la materialidad del objeto más que todo, asume la textura como elemento protagónico de su propuesta y la convierte en primerísimo elemento cognoscitivo de una manifestación artística que, cual ella misma se denomina: artes visuales, toma como elemento primigenio al ojo humano.

La máquina Braille se sintió asustada. El ímpetu de los dedos sobre su teclado impuso el latido del corazón ante la muestra. Pero su obra sería discriminatoria si no tuviera, además, una perspectiva inclusiva de los diversos públicos. De ahí que exista un tránsito de degradación del color entre el primer y tercer cuadro, amén de la textura conseguida mezclando elementos como el óleo con la arena, que reproduce, como metáfora, el acto físico de la pérdida de la vista; no de la visión que es otra cosa.

Ver no siempre es sinónimo de mirar. Sobre todo cuando a lo meramente rudimentario del acto físico se suma, entonces, la perspectiva redentora de que no hay limitación posible para el ser humano si el corazón se decide a destejer caminos a pesar de los escollos. O cuando demuestra que no somos perfectos, que todos, en alguna medida, somos discapacitados para algo; como lo demostró la envidiable destreza con que los protagonistas de la muestra plasmaron, sobre una máquina de escritura Braille colocada junto al último cuadro, sus impresiones de la experiencia.

Otro aspecto interesante de la tesis de Walter Ávila Vázquez es la participación activa de un grupo de ciegos en el acto mismo creativo. Cada día sus cuadros eran corregidos por manos amigas, que recorrían el tramo pintado para decidir, mediante el diálogo, la efectividad posterior de la obra en un proceso de creación socializada que, al final, los convierte en coautores de la misma.

Si bien este balbuceante empeño requiere perfeccionar algunos elementos teóricos de su propuesta estética, señalados de manera justa por un crítico de arte miembro del jurado, la obra trasciende el mero ejercicio académico para encender, como se dijo allí, otros soles que a simple vista no se perciben.

Ahora el joven, egresado de una de las seis academias de artes plásticas de nuevo tipo creadas en el país al calor de las nuevas ideas y que el propio Fidel elogiara por su belleza constructiva, amasa, como mismo amasó el barro en sus clases, el sueño de entrar al Instituto Superior de Arte, y para ello se prepara.

Con Walter y sus amigos, con Arte para tocar, aprendimos todos que su miopía no es significativa cuando hay tantos miopes por el mundo que no ven la materialidad de la soñada nueva era de nuestros próceres; y que no hay peor ciego que el que no quiera ver que la Humanidad, y sobre todo nuestro continente, y dentro de él Cuba, aspiran a que la mirada unánime sea el decoro y la grandeza de espíritu como candil que impida, a pesar de los glaciares hegemónicos, que el mundo quede a oscuras.

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