El cine contemporáneo busca historias verídicas

Así lo evidencia también los títulos que se presentarán este mes en la edición 57 del Festival de Berlín

Autor:

Joel del Río

El laberinto del fauno encabeza la lista de las más reconocidas en habla hispana.

Uno de los tres grandes festivales cinematográficos, el de Berlín, cuya edición 57 tendrá lugar entre el 8 y el 18 de febrero, se convertirá en un catálogo de revisiones historicistas y tendedera de trapos más o menos sucios pertenecientes a la política, la sociedad o la cultura. Buena parte de los filmes en competencia se acogen al principio humanista enunciado por el poeta español Ramón de Campoamor: «para obrar con cordura en lo presente, tengo puesto un oído en lo pasado». Y es que los artistas del audiovisual de muchos países se entregan con, fruición o morbo, a la sana tarea de revisar jerarquías, reconsiderar prestigios, recontar historias aparentemente consabidas.

Para abrir y cerrar Berlín se programan sendos dramas franceses. En la inauguración estará la premier mundial de La vie en Rose, nueva biografía fílmica de Edith Piaff; para la clausura, Francois Ozon propone Ángel, hablada en inglés, y destinada a relatar el ascenso y caída de una joven escritora en la Gran Bretaña de principios del siglo XX. Los otros dos filmes galos seleccionados para la sección principal pertenecen a dos consagrados: Jacques Rivette y André Techiné. El primero presenta Ne touchez pas la hache, adaptación de la novela de Balzac La duquesa de Langeais, en tanto el segundo prefirió ambientar su drama Les Témoins a comienzos de 1980, cuando hace su aparición el sida en la sociedad francesa.

También prevalece el ancestral regusto británico, y del cine europeo en general, por el drama de época y la adaptación literaria. Richard Eyre conduce a Judi Dench y Cate Blanchett en Notas de un escándalo, basado en el relato de Zoe Heller, mientras que el gran cineasta checo Jiri Menzel se inspiró en la novela picaresca y surrealista de Bohumil Hrabal para filmar Yo serví al rey de Inglaterra, y el danés Bill August prefirió contar la amistad entre Nelson Mandela y su carcelero blanco, en Goodbye Bafana, ambientada en la Sudáfrica del apartheid. Otra de las películas retro que se estrena mundialmente en Berlín es la germano-austríaca Die Fälscher (Los falsificadores), de Stefan Ruzowitzky, que recrea la mayor falsificación de dinero de todos los tiempos, perpetrada por los nazis a finales de la Segunda Guerra Mundial, para desestabilizar la economía británica. Y en las ruinas del Berlín destruido por las bombas se rodó The good German, dirigido por Steven Soderbergh, sobre la novela de Joseph Kanon, y con George Clooney en el papel de un periodista norteamericano envuelto en una intriga criminal, mientras intenta reportar la Conferencia de Postdam.

Si no faltan las adaptaciones literarias, tampoco se echa de menos la épica. A la batalla en las Termópilas, donde según Heródoto se enfrentaron 300 espartanos con miles de soldados persas, en el año 480 antes de nuestra era, se remite el filme titulado 300, del también norteamericano Zack Snyder, quien al parecer pretende insertarse en la brecha abierta por éxitos como Gladiador o Troya. En tiempos más cercanos, pero igualmente pretéritos, se apoya la película italiana In memoria di me, cuya figura principal es un joven que abandona la vida mundana para entrar en un convento de la orden de los jesuitas (se inspira en la novela Il Gesuita Perfecto, de Furio Monicelli), y la coproducción brasileño-argentina O ano em que meus pais sairam de ferias (El año en que mis padres salieron de vacaciones), la historia de un adolescente cuyos padres tuvieron que «viajar de improviso», en el intento por escapar de la represión dictatorial. El personaje protagónico posee carácter autobiográfico, según ha declarado Cao Hamburger, el director, coguionista y coproductor del celebrado filme.

El 18 de febrero entrega sus máximos premios el festival de Berlín, y el 25 se darán a conocer los afortunados en la charada del Oscar, que este año contiene un atrayente aire transnacional y multiétnico (hay nominaciones para numerosos artistas y técnicos negros, latinos, británicos, europeos, incluso asiáticos), aparte de presentar significativos títulos arraigados también en la exploración del pasado. La coproducción hispano-mexicana dirigida por Guillermo del Toro, El laberinto del fauno, ambientada a medias entre los escenarios de la Guerra civil española y el de los cuentos de hadas, está incluida en seis categorías: mejor película extranjera, guión original, mejor fotografía, dirección de arte, partitura original y maquillaje, de modo que, aunque no gane ni un premio, resulta la primera película hablada en español que consigue tan alto reconocimiento por parte de la Academia del cine norteamericano.

Entre los títulos que integran las principales categorías, destacan por la cantidad de postulaciones los inspirados en novelas, en filmes precedentes, o que continúan alguna saga anterior (The Departed, Hijos de los hombres, Notas de un escándalo, Piratas del Caribe) junto a los que recrean circunstancias o personajes históricos más o menos recientes, como Cartas de Iwo Jima, filme hablado en japonés de Clint Eastwood, concentrado en la intimidad de quienes batallaron hace setenta y tantos años, durante la Segunda Guerra Mundial; The Queen, que recrea instantes de la más alta política británica luego del fallecimiento accidental de la princesa Diana, en 1997, y United 93, en la cual se reconstruyen sucesos en torno al avión estrellado en Pensylvania, el 11 de septiembre de 2001.

A las anteriores se suman otras tantas de parecido sesgo: Mel Gibson convirtió en filme de aventuras, teñido de sanguinaria crónica, la decadencia del imperio maya, justo en el momento previo a la Conquista en Apocalypto (acusada de falseadora, segregacionista y tendenciosa en México y Guatemala); Sofía Coppola, la hija de su papá Francis, revisitó el nacimiento de la época moderna, la Francia de 1789 con Marie Antoinette, mientras que Blood Diamond y El último rey de Escocia (con postulaciones para sus respectivos protagonistas Leonardo di Caprio y Forest Whitaker) rememoran tiempos de violencia y conflictos ocurridos específicamente en Sierra Leona durante los años 90 y en Uganda 20 años antes. Todo ello sin contar que el filme con mayor número de nominaciones es Dreamgirls, un musical que pretende reconstruir algunas circunstancias de las que rodearon el éxito de la firma Motown y del célebre trío Las Supremas, a principios de la llamada década prodigiosa.

En cuanto a las películas extranjeras nominadas al Oscar, cuatro de las cinco ostentan aire retro. Aparte de El laberinto del fauno, están la alemana La vida de los otros, que recrea el modo de vida y las relaciones humanas en la RDA de los años 80; la argelina Days of Glory, sobre la participación de soldados norafricanos en el ejército francés contra el nazismo, y la indocanadiense Water, ambientada en la India de finales de los años 30, cuando todavía se practicaban los matrimonios por razones económicas entre niñas y hombres mayores.

Habrá que convenir en que el cine contemporáneo (del cual no se excluye el cubano, si tenemos en cuenta las recientes El Benny y La edad de la peseta) atraviesa una derivada revisionista y de búsqueda de historias reales, fidedignas, pues los artistas parecen convencidos de que solo estudiando la arquitectura del pasado, celebrando sus glorias y condenando sus miserias, puede construirse un porvenir por lo menos querible, besable, amable.

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