Instructores de Arte hacen teatro en las calles de la Isla de la Juventud

El grupo Anda Teatro desde hace dos años y medio lleva diferentes manifestaciones artísticas más allá de espacios convencionales

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La diversión no tiene límites: Anda Teatro está en plena acción... NUEVA GERONA.— Yasmani y Addiel divisan desde sus portales las siluetas sobre zancos y el fuego que alguien aviva con su aliento. «¡Ya empezaron!», gritan, y corren hasta la esquina donde vive Eduardo. Allí ocupan sus puestos en la acera de la calle 24, entre 35 y 37, en esta ciudad.

«Cada vez que pasan las muchachitas yo les pregunto ¿ya van a actuar...? ¡y me mando detrás de ellas! Es un espectáculo muy lindo: me llama la atención lo que hacen con el fuego, aunque en la casa no juego con candela», dice Yasmani Pérez, de nueve años.

Él, junto a su vecinito Addiel Sarracén Álvarez, no se pierde un solo ensayo de Anda Teatro, grupo integrado por siete Instructores de Arte que hace dos años y medio regalan su quehacer al público pinero.

«El proyecto pertenece a la Brigada José Martí y tiene el propósito de llevar las manifestaciones artísticas más allá de espacios convencionales», comenta Eduardo Torres, director artístico y general de Anda Teatro.

«Actuamos en patios de escuelas, en pequeñas comunidades, en parques o en la calle. Tratamos de que el Teatro encuentre al público, quien al final nos agradece de manera sublime con sus aplausos y su aceptación», afirma.

SIN MIEDO A LOS ZANCOS

Jóvenes Instructores de Arte de Música, Artes Plásticas y Teatro unen su talento por un bien común. Unos cosen los trajes, diseñan y elaboran títeres mientras otros preparan la escenografía previamente acordada. Esta labor es liderada por Wilmer Ceija Llorente, graduado de Artes Plásticas.

«En el grupo he llevado a la práctica aquella teoría del teatro que recibí durante mi etapa de estudiante», dice. «Además, aplico los conocimientos de mi especialidad al Teatro... Por el día laboro en el seminternado Abel Santamaría y las noches las dedico a los ensayos. También participo en eventos municipales y otros convocados por la Asociación Hermanos Saíz».

Termina Wilmer rememorando el día que se cayó de los primeros zancos construidos por él mismo y que luego, sin miedo alguno, reemplazó por otros más altos, con los cuales viajó a la décima edición del Festival Nacional de Teatro de Aficionados Olga Alonso, en Fomento, Sancti Spíritus.

«Es la segunda ocasión que el Consejo Nacional de Casas de Cultura nos invita. El año pasado no competimos, pero nos hicieron un reconocimiento especial —dice ahora Eduardo.

«Nos place seguir los pasos de Olga Alonso, graduada de la primera generación de Instructores de Arte, quien perdió la vida el 4 de marzo de 1964 cuando viajaba para impartir clases a un grupo de campesinos en el Escambray.

UNA GRAN FAMILIA

«Abuela, présteme una aguja que se le está saliendo el arroz a este pajarito». Así habla con Lila —la abuela de Eduardo— Yuneisis García Romero, una de las muchachitas que también acoge en su casa durante los días de ensayo.

«Anda Teatro es una pequeña familia. Hacemos teatro juntos y compartimos nuestros problemas. Nos ayudamos en todo. Mi papá es carpintero, coopera con algunos trabajos, y la casa de Eduardo deviene camerino.

«Le formamos tremendos regueros a Lila, que nos dejó un cuarto para guardar los títeres y el vestuario. Aquí ensayamos hasta altas horas de la noche y también elaboramos los materiales que necesitemos para las puestas. ¡Hasta Eduardo ha tenido que coser en la máquina!

«Nos esforzamos mucho, pues no podemos descuidar el trabajo en las escuelas. Te acuestas tarde y te levantas temprano, pero lo disfrutas. Me encanta la labor con niños y me satisface cuando actuamos en las calles».

Tanto ella como Yanet Arias Rodríguez ven en Anda Teatro la materialización de un sueño: «Es un entrenamiento como profesional, pues asumimos esta labor muy en serio, lo cual se prueba en Vaganti, obra colectiva con la que competimos en el Olga Alonso».

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