La poesía de Alfredo Zaldívar

Alfredo Zaldívar (Holguín, 1956). Reside en Matanzas desde 1973. Ha publicado, entre otros, los libros de poesía: Concilio de las aguas (1989); Con el cuidado del que pisa en falso (1994); El ángel blanco (1997); La vida en ciernes (2002); Papeles pobres (2003); Contra la emoción (2005) y Malentendido (2007). En 1997 publicó el ensayo Una piedra común en su camino. Dirige actualmente Ediciones Matanzas y es editor de la revista del mismo nombre. Los poemas que siguen pertenecen al cuaderno Contra la emoción

Autor:

Juventud Rebelde

CONTRA LA EMOCIÓN

He pecado, Señor.

Esta mañana recité una alabanza

en los oídos de mi joven amante.

Llegué a rimar diez octosílabos

más de diez veces creo.

Lo hice con vehemencia.

El sonsonete de un antiguo italiano

me llevó hasta un soneto.

Intenté disuadirlo

mas salían en versos blancos

tan líricos

que decidí parar.

Y heme aquí, Señor mío,

atormentado.

No fui capaz de contenerme

y escribí un encendido elogio del paisaje

me arrobé ante los últimos reductos de la tarde

y lo peor

lo hice ante una ventana.

Este acto, Señor,

se ha repetido varias veces.

En las noches percibo el olor de un jazmín

y he corrido hacia él

lo he descrito con fruición.

Yo, bajo las estrellas del jazmín

espero que amanezca,

canto feliz de haber nacido

y al goce de los albos atributos del día

he compuesto mis salmos.

Salmos, Señor, he dicho.

A veces me he hecho acompañar de amigos

en estas deleitosas correrías.

Le he señalado los encantos del río que fluye hacia la mar

y he visto en sus miradas aguas enternecidas.

Los he inducido a la consternación.

Yo, Señor, lo confieso.

He usado en mis poemas las palabras

sublime, ensoñación, nostalgia, isla,

añoranza, criatura, pez, blanquísima...

Señor, el verbo amar

ha aparecido en todas sus conjugaciones,

en todos sus sinónimos.

A la vuelta, en el bosque, encontré

un cervatillo moribundo.

Y he llorado por él y por mí

y por todo.

He llorado, Señor,

Hoy he dispuesto mi arrepentimiento.

Debo autoflagelarme.

POETA QUE LEE A OTRO POETA

Cuando soy el poeta que lee a otro poeta

soy el subtexto

los espacios en blanco

los márgenes

las lindes.

Cuando soy el poeta leído por el otro poeta

soy la página en blanco

predispuesta.

Cuando me lee un poeta

se me olvida quien soy

pero jamás quién es.

Cuando leo a un poeta

se me olvida quién es

pero jamás quién soy.

Cuando no soy poeta

ni leo a nadie

debo ser el poema.

El poeta

debiera ser un mal lector.

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