Juan Luis Guerra mantiene la popularidad de siempre

El CD La llave de mi corazón demuestra que el cantautor dominicano sigue generando un merengue sui géneris de calidad

Autor:

Frank Padrón

Como se dice en buen cubano, el dominicano Juan Luis Guerra con su 440 «arrasó» en la más reciente edición de los Grammys latinos mediante su más reciente CD La llave de mi corazón, al apropiarse de varios de sus más codiciados rubros: mejores grabación, álbum y canción del año (la que da título al fonograma), mientras estas dos últimas categorías también acaparaban lauros más específicos: canción tropical y álbum de merengue.

Ello, dentro de una edición reñida, donde rivales y colegas (excluyendo alguna mediocridad fabricada por la mercadotecnia como Ricky Martin) llevaban los nombres del argentino Fito Páez, el brasileño Caetano Veloso, la italiana Laura Pausini o nuestros paisanos Orishas con Calle 13.

Lo cierto es que La llave..., demuestra, entre otras razones, que el cantautor dominicano sigue generando un merengue no solo musicalmente jugoso, sino que, manteniendo la esencia del ritmo y el respeto a los ancestros, se abre a estilizaciones y enriquecedoras mixturas con otros sonidos del área y de mucho más allá, y ofrecen una expresión sui géneris, ya acuñada desde los inicios y a lo largo de una exitosa carrera, que incluye títulos como Mientras más lo pienso... tú, Esperando que llueva café, Bachata rosa o Areíto, discos que, además de sus millonarias ventas, han colocado varios de sus temas en las paradas de éxitos de toda América Latina.

El nuevo y multipremiado CD sigue más o menos el esquema estructural de la discografía de Guerra, incluso en la distribución de los ritmos y tonos de las piezas integrantes, como quiera que, sin adaptarse a rígidos patrones, la misma ha probado su eficacia en el agitado y conflictivo mercado de la música latina.

Desde el punto de vista letrístico, Juan Luis persiste en elaborar metáforas e imágenes que trasuntan un lenguaje campesino propio de la zona de donde proceden, mas la ingenuidad y sencillez de esos versos (incluyendo algún que otro efectismo tremendista a los que también el autor nos tiene acostumbrados al estilo de «una tesis de tu oreja», o «milito en la frontera de tus huesos») no renuncia a una elevada poesía que hace a sus discos trascender sobre la media no ya de la música bailable (tan abocada, como sabemos, a la chatura y el coloquialismo), sino incluso de toda la producción regional.

No solo como muestra de cosmopolitismo, sino de los préstamos y contaminaciones lingüísticas que el habla latina intercambia con la tierra donde con frecuencia se instala (o al menos visita), hallamos aquí desde alguna pieza totalmente cantada en inglés (Something good) hasta otras (como la que titula el disco o Medicina for life) donde se ensaya de nuevo ese ya común «spanglish» que practican comunidades como la chicana u otras tantas que han abrazado un no siempre querido exilio hacia el país de los vecinos ricos.

En esos momentos, hallamos la gracilidad y frescura con que el cantante maneja todas sus incursiones, aquí enfatizando particularmente en un erotismo muy caribeño, que suda por todos sus poros musicales y literarios la sabrosura y el criollismo de una idiosincrasia que trasciende lo específico-dominicano para erigir todo un manifiesto latino.

Con todo y el merengue reinante, desde sus primeros acordes el CD anuncia las interconexiones con otros ritmos y géneros, mediante ese mambo con que se explaya el primer surco; la clave sonera que late en Te contarán; la bachata, pariente cercana como se sabe de nuestro bolero (Que me des tu cariño, Si tú no bailas conmigo) o ese tipo de canción donde Guerra se confirma como poeta de alto rango, que además de hablar de sabores y olores típicos comulga con un tropo perteneciente a la «zona franca» de la poesía universal: dentro de la tradición de superlativas canciones en su obra al estilo de Como abeja al panal, Estrellitas y duendes o Cuando te beso, se inserta ahora Solo tengo ojos para ti, o la más rítmica (en una vertiente rumbera) Cancioncita de amor, sin olvidar la más convencional, pero de una sensualidad contagiosa, Sabia manera. La mencionada Something good es un homenaje a aquellos grupos vocales norteamericanos que tanto influyeron al músico y sus compañeros en unos ya distantes inicios (Takes 6, Manhattan Transfer), los cuales generaron maravillas vocales como aquel inicial disco de 1984, Soplando.

Por último, A la vera (sobresalientes aquí el xilófono y la tambora) es una típica tonada campesina (a lo Amor de conuco) que armónica, tímbrica y literariamente responde a un modo que ya ha arrojado preciosas canciones a lo largo y ancho de una discografía conocida y apreciada.

Una vez más, la presencia de 440 trasciende el mero back ground vocal para tornarse cuerpo y alma del disco: apoyatura rítmica, comentario oportuno al discurso musical central, contracanto inteligente, las hermosas voces de esos dos hombres y dos mujeres resultan un complemento perfecto a la interpretación de Juan Luis cantante, quien mantiene la ejemplar dicción y el singular timbre nasal, que lo instalaron desde hace ya varias décadas en el liderazgo de los merengueros y, en general, de los muchos que hacen buena música bailable en esta parte del mundo.

Desde el punto de vista del acompañamiento musical, las piezas son ejecutadas tanto por instrumentos típicos, imprescindibles del folclor quisqueyano, como por otros de cuño internacional que donan buena parte de los timbres y sonidos más modernos que también se descubren en el fonograma.

Para ser estrictamente justos, La llave de mi corazón no significa realmente un aporte o un giro novedoso en la trayectoria de Juan Luis Guerra y la 440; sí una digna continuidad, una reafirmación y una profesión de fe dentro de una obra signada por el rigor, la fuerza y el sensible beber en las aguas más legítimas de nuestra música, nuestra poesía y nuestra cultura: las de un Caribe siempre gigante, aleccionador, vistoso, que triunfe o no en el Grammy latino o en cualquier certamen semejante, demuestra que, en las voces e instrumentos de sus mejores músicos, tiene realmente la llave.

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