Un Encuentro con... Omar Cabezas - Cultura

Un Encuentro con... Omar Cabezas

El escritor y abogado-guerrillero nicaragüense asegura que «hay que fajarse duro», en referencia a los evidentes coletazos del imperio

Autor:

Marina Menéndez Quintero

«Estoy muy contento con lo que está pasando de nuevo en mi país».

Esa fue la primera frase pronunciada por el nicaragüense Omar Cabezas en el Encuentro con... que, como siempre, tuvo por anfitriona a su conductora, Magda Resik, y a la que esta vez debe agradecerse el mejor conocimiento del abogado-guerrillero cuyo nombre, sin embargo, traspasó las fronteras de su patria como el escritor que ahora, en «la intimidad» de la sala Guillén del recinto ferial de San Carlos de la Cabaña, él refuta ser.

«Acusación de escritor que hace la gente que lo calumnia a uno», dice, bromista.

Sin embargo, es difícil ver a Cabezas sin pensar en el otrora Comandante sandinista que, ante todo, ha hablado de la posibilidad devuelta a su país de alcanzar la justicia social, con el triunfo electoral de Daniel Ortega.

De manera que la confesión, si fuera verdad más allá de la broma, tampoco me desalienta.

La que suscribe se cuenta entre la generación de jóvenes que —como recordara la colega al presentarlo al auditorio— se estremeció con los testimonios narrados en La montaña es algo más que una inmensa estepa verde, un texto hermoso que expresa las tristezas, alegrías y azares de un joven combatiente. En su opinión, lo que hizo la obra popular y asequible es que en ella se desmitifica al héroe. (Aunque tal vez no lo sepa, creo que Omar Cabezas también tiene mucho de poeta).

Eran los finales de los años 70, en Nicaragua acababa de triunfar la primera Revolución de Centroamérica y segunda de la historia reciente latinoamericana, y el libro se regó como pólvora incluso en los Estados Unidos después que Casa de las Américas lo premió y lo dio a conocer, en 1982. Poco después también se llevó a la pantalla.

Sin embargo, ahora Omar Cabezas dice que él «no lo escribió», y que aquello fue el resultado de grabaciones, distribuidas entre algunos amigos, en las cuales había volcado toda «la carga afectiva y vivencial» de la guerra que había puesto fin, en 1979, a la dictadura de Anastasio Somoza.

Primero fue la publicación —sin saberlo él— de algunas de aquellas narraciones en una revista nicaragüense. Después, la insistencia del poeta y entonces ministro de Cultura, Ernesto Cardenal y «el pedido» del Comandante Tomás Borge, quien «le dio» ocho días como plazo para convertir los parlamentos grabados, en un libro. La próxima noticia fue el Premio de Casa de las Américas, anunciado desde La Habana.

Mucho de este Encuentro con... lleno de jocosidad y sustancia lo ha dedicado a lo que ocurre hoy en su país y en Latinoamérica y, aunque insista en que no es escritor, considera que tiene una tarea pendiente: reflejar en otro tomo de su libro el desmontaje de la Revolución Sandinista implementado por la burguesía, con «su hipocresía y doble moral», durante los 17 años que mediaron entre el primer gobierno sandinista y el que preside ahora Daniel Ortega.

Como muchos en la región, se manifiesta entusiasmado por lo que se hace en el marco del ALBA y por los vientos de independencia que soplan. «Hay que fajarse duro», alerta ante los evidentes coletazos de un imperio al que se refiere «no como EE.UU., sino como sistema».

«Tenemos que dar la lucha, tenemos que dar la pelea».

Hoy Procurador de los Derechos Humanos en Nicaragua, habla orgulloso de la vuelta a su país de la gratuidad de la salud y de la enseñanza, que considera derechos elementales de las personas por sobre cualquier otra cosa.

Pero, ¿cómo siente el combatiente Omar Cabezas el regreso del sandinismo al poder?, le pregunto, en un aparte, para JR.

«Como una victoria que nos confirma que en la vida nada es gratis. Las cosas hay que lucharlas; hay que tener fe, optimismo, paciencia, terquedad infinita. Las victorias no son de los tímidos.

«Nos enseña que valía la pena luchar. Estamos ahora devolviendo los derechos que el pueblo tuvo después que botamos a la dictadura, y que le conculcaron las políticas liberales.

«Estamos construyendo otra sociedad en estas nuevas condiciones. Requiere mucha imaginación, empeño; hilar fino; timón fuerte, pero sereno. Con estas condiciones que hay en América Latina, esperamos que podamos hacer nuevas cosas en Nicaragua a favor de la felicidad».

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