La cultura como energía y no como adorno

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Fue aprobada la creación de una comisión de trabajo de la UNEAC que atenderá la formación y vida profesional de los instructores de arte que conforman la Brigada José Martí

En el análisis de la situación actual del programa de instructores de arte, que después de formados integran la Brigada José Martí, centró esencialmente su mirada crítica y comprometida el III Consejo Nacional de la UNEAC, que sesionó este martes en el Centro Cultural Bertolt Brecht.

Luego de repasar la labor desplegada en el semestre por la organización fundada por Nicolás Guillén, y de rendir cuenta del quehacer de las comisiones que permanecieron trabajando después del pasado Congreso de la UNEAC (Cultura, ciudad y arquitectura; Cultura comunitaria, Política cultural en los medios, Cultura y economía; Cultura y Turismo...), Helmo Hernández, presidente de la Fundación Ludwig de Cuba, presentó un informe donde destacó el rol del instructor de arte en la democratización cultural.

Hernández enfatizó cómo desde el triunfo de la Revolución siempre hubo claridad de que «sin la instrucción y la preparación recibidas en un sistema educacional que debería ser cada vez más eficiente, sin las potencialidades que el disfrute de la creación artística despierta en nosotros, las esperanzas de tener un pueblo participativo y lúcido sería, de seguro, una quimera inalcanzable.

«Es decir, que la profesión de instructores de arte estuvo pensada desde la perspectiva de un cambio social necesario e imprescindible, pero no siempre reclamado con la lucidez debida por parte de los ciudadanos».

Consciente de la pertinencia social de la existencia de los mismos, el artista de la plástica Manuel López Oliva llamó la atención de lo poco saludable que puede ser que estos se conviertan en reproductores de un modo estandarizado de ver el arte como resultado de su formación.

Como generadores de cultura y, al mismo tiempo, conservadores de nuestras tradiciones los ve el reconocido músico Jesús Ortega, quien participó en la concepción de algunos de los programas académicos. Ortega los sabe necesarios, «pero independientemente de lo que se les enseñe o de que tengan los mejores profesores, estos profesionales deben ser grandes autodidactas y poseer una notable vocación, incluso mayor que aquellos que quieren ser artistas.

«Sin esos atributos los instructores de arte no podrán hacer mucho», afirmó el pedagogo, quien convocó a «respetar a esos jóvenes que van a conducir y elevar la base del arte en nuestro país».

En este sentido, el ensayista e investigador Desiderio Navarro manifestó que su inquietud va más allá de estos profesionales. Me preocupan, alertó, la ausencia de textos, desde los más elementales folletos de información hasta los manuales en universidades de carreras de humanidades, en los Institutos Superiores de Arte, en Estudios Socioculturales...

La Revolución ha creado los canales, señaló, pero ¿qué fluye por estos? ¿Es realmente lo más actual, lo más valioso, el pensamiento mundial, las investigaciones existentes sobre las distintas ramas del arte...?

Miguel Barnet, premio nacional de Literatura y presidente de la UNEAC, coincidió con Navarro en que no es suficiente emprender un camino de pasión, de entrega, de sacrificio, si no se marcha acompañado de un cuerpo teórico, de sólidos conocimientos.

Como otros intelectuales y artistas, la destacada María Elena Molinet, premio nacional de Teatro, se ofreció para transmitir su vasta experiencia y contribuir a la preparación de los maestros de los futuros especialistas, mientras el Consejo Nacional de la UNEAC aprobó la creación de una nueva comisión permanente de trabajo «que se encargue del análisis de los procesos de formación de los instructores de arte, así como de su desempeño profesional».

Este desafío, a decir del titular de Cultura Abel Prieto, debe enfrentarse de manera integral, como mismo hay que hacer con los valores, los problemas con la educación y la enseñanza artística; el peligro de la colonización cultural, las expresiones de marginalidad; con el pragmatismo que se ha ido entronizando en la sociedad... De lo contrario, dijo, no avanzaremos.

El Ministro hizo hincapié en la importancia de preservar la vida cultural y espiritual de la nación, y de que la continuidad del programa de instructores de arte haya sido uno de los principales puntos de la apretada agenda del Consejo, en momentos en que, tras el paso de tres huracanes, nuestro país, como el resto del mundo, también se ve afectado por la profunda crisis económica y financiera.

Es estratégico mantener un programa como este, que nunca se pensó emergente, aseguró. En estos jóvenes tenemos una tremenda fuerza; de ahí que nuestra responsabilidad, como parte de la vanguardia de los artistas e intelectuales cubanos, es hacer que se gradúen con el mayor nivel posible. Cualquier negligencia o chapucería es una traición a la idea de Fidel.

El también miembro del Buró Político del Partido recalcó que en las difíciles condiciones económicas actuales, el papel de la cultura es cada vez más trascendental. «No la cultura como adorno, sino la cultura como energía».

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