El malentendido

La celebridad de la pieza teatral de Albert Camus, que por estos días se repone en La Habana, está en sus características, las temáticas desarrolladas y la riqueza de la condición humana

Autor:

Lázaro Elizardo Castillo Pérez

Por estos días en La Habana se repone El malentendido, pieza teatral de Albert Camus, en versión y dirección de Juan Carlos Cremata Malberti. Dentro de las líneas del argumento dramático encontramos: dos mujeres, madre e hija, asesinan a los huéspedes del hotel de que disponen, con el único objetivo de arrebatarles el dinero para viajar a un país con mar, lleno de sol y renunciar a ese lugar luctuoso y mustio. Mientras la historia avanza, el espectador es testigo de la realidad de una familia que se destruye por la falta de escrúpulos.

La celebridad de esta obra de Camus (1913-1960), Premio Nobel de Literatura 1957, está en sus características, las temáticas desarrolladas y la riqueza de la condición humana. A través de personajes veraces y situaciones límite, en su dramaturgia encontramos conflictos ideológicos y éticos.

El malentendido representa una muestra crítica e interpretativa del existencialismo. El autor la contextualiza en la ciudad de Bohemia, en la antigua Checoslovaquia,  y la versión de Juan Carlos Cremata ocurre en un sitio del Medio Oriente. En primer lugar, tengo que señalar el buen gusto por la elección de esta pieza teatral. El gran acierto del montaje está justamente en la dirección de la puesta en escena. El tratamiento del espacio guarda relación con el lenguaje cinematográfico, por lo que le da un vuelco singular a las situaciones dramáticas propuestas.

La utilización de dos elencos diferentes posibilita la comparación en el diseño de los personajes, así como apreciar las posibilidades de cada uno de los actores, de ahí que las funciones sean distintas. Estos se encuentran en un mundo impenetrable: la Madre (Mayra Mazorra / Nieves Riovalles), su hija Martha (Yanin Penalva / Hugo Alberto Vargas) y el Criado (Arnaldo Abraham). Sencillamente, presentan un juego entre el realismo y el expresionismo. No apreciamos una identidad espectador-personaje; sino que existe una ruptura y lleva al espectáculo a un distanciamiento brechtiano. Jan (Carlos Solar / Luis Ángel Batista) y María (Yayté Ruiz / Sheila Roche), entran a escena desde otro contexto y conectan con un realismo que conduce a lo grotesco, al caos, sin embargo, son criaturas más humanas.

La selección musical, más que un acompañamiento de la acción en la obra es un recurso atractivo para ubicar al espectador en el espacio que Cremata  la presenta. Así ocurre con el diseño escenográfico que se une a esa filosofía, a ese lenguaje de desorientación, soledad y desgarramiento. Es el absurdo del que se hace eco la época contemporánea y con ella, la corriente existencialista de Albert Camus.

En mi opinión, el público, asiste también ante el hecho de un hombre como un dios fracasado en el personaje del Criado, que lo presenta con un histrionismo excelente Arnaldo Abraham. Yanin Penalva y Hugo Alberto Vargas representan a Marta; estos actores logran matizar e imputar con peculiaridad a esa mujer condenada a ser libre.

La Madre, propuesta de las actrices Mayra Mazorra y Nieves Riovalles; la primera, se desplaza con un audaz dominio del gesto, la voz y el movimiento, podría decirse que es un verdadero homenaje a Roberto Blanco. Nieves logra apostar con una perfección insólita el sentido en el que ellas creen, su presentación está cargada de esas particularidades psicológicas del personaje. De ahí, que esta parábola se convierta en una reflexión profunda sobre el crimen y sea la situación que motiva el malentendido.

El malentendido es un espectáculo decoroso, su diseño de luces a cargo de Jorge Luis Jorrin le dan a la puesta un sentido profundo. El trabajo de tonalidades y colores presenta una realidad de esos espíritus desorientados. Delimita los cuadros de esa crisis radical que coloca el existencialismo e invita al hombre a re-entrar en sí mismo. El vestuario diseñado por Vladimir Cuenca Montané armoniza con el ambiente raro y frío, contribuye a que se desate en el clímax: el crimen. Se encuentra una atmósfera típica en la obra dramática de Camus: lo absurdo de vivir. No hay otra salida que la muerte.

María, interpretada por Yayté Ruiz y Sheila Roche; la primera a partir de un diseño lógico del personaje muestra con dinamismo una caracterización indiscutible; mientras que la última, con un mismo diseño, no logra con credibilidad reflejarnos a ese personaje que desde el oropel del ser encara la relación categórica Hombre-Dios en un momento tan trascendental de la puesta en escena.

Esta versión resulta una obra para reflexionar y analizar. Es simbólica, compleja, puesta que dignifica el teatro cubano con una voluntad de creación y un resultado altamente revelador. Cremata, respetando todos los elementos típicos de las corrientes filosóficas a las que  Albert Camus se adhirió, propone un conflicto actualizado, ubicado en cualquier ciudad del mundo y como un tema latente de todos los tiempos.

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