¿La puesta sin fin?

Jóvenes actores de otras provincias del país que cursan estudios en Ciudad de La Habana, una vez egresados de la ENA o el ISA, buscan el modo de permanecer en la capital, detrás de oportunidades laborales y de superación más atractivas para ellos

Autores:

José Luis Estrada Betancourt
Cosette Celecia
Joanna Pérez

Como en otras profesiones, quienes se dedican a la actuación afrontan las consecuencias de lo que algunos llaman «fatalismo geográfico». Ante esa realidad, los más apasionados por el mundo de las representaciones asumen todos los retos en busca de mejores oportunidades. Sus historias podrían ser el argumento de cualquier puesta en escena.

«Cuando montamos Las amargas lágrimas de Petra Von Kant, durante julio y agosto, la beca del Instituto Superior de Arte (ISA) estaba cerrada y no tenía dónde estar. Carlos Díaz me dio la posibilidad de quedarme en un camerino del cine-teatro Trianón y ahí pasé los dos meses», relata el joven actor avileño Yanier Palmero, integrante de Teatro El Público.

Una anécdota similar narra el camagüeyano Hosni García, otra novel figura que hoy forma parte del Estudio Teatral Buendía.

Cuando en el resto del país debería suceder todo lo contrario por la significación que tiene potenciar en los diferentes territorios el movimiento cultural, todo indica que fuera de la capital las opciones no parecen tan atractivas.

Esto no sería tan traumático para los jóvenes artistas de otras provincias, si conocieran que de cierto modo los ampara la Resolución Conjunta No. 1 del año 1993 que permite a los artistas tener doble contratación en cualquier región de la Isla. Esto favorece las posibilidades de acceder a las anheladas opciones laborales, sin necesidad de realizar un cambio de dirección.

¿Hecho en Cuba es hecho en La Habana?

La cantidad de salas teatrales y otros espacios de presentación, los numerosos grupos profesionales, así como las posibilidades de acceder a las producciones de los institutos cubanos de Radio y Televisión (ICRT) y del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), hacen de Ciudad de La Habana un sitio imantado al concentrar las principales opciones laborales.

«En Morón tenemos un grupo de teatro, la radio, un telecentro; en la cabecera de la provincia también hay un telecentro, otras emisoras y grupos de teatro. Pero, por ejemplo, en esos canales territoriales de televisión apenas se hacen dramatizados. Allá no aparecen los trabajos que existen en la capital, ni tampoco las posibilidades de superación», ejemplifica la actriz y presentadora Lida Morales, quien habitualmente conduce espacios como A capella y Secuencia.

En tanto Yanier Palmero, lamenta el poco entusiasmo con que son recibidos algunos recién graduados en sus ciudades. «Si al menos al volver a nuestras provincias encontráramos mejores posibilidades de trabajo... Cuando llegué a Ciego, después de la ENA, estuve casi seis meses sentado en una escalera a la entrada del Guiñol. Y llegaba alguien y me decía: “Hoy no hay trabajo”, “No, tú no estás en el montaje”, “Yo no sé qué voy a hacer contigo”».

Experiencias parecidas se repiten en otros territorios. «Durante el servicio social yo debía viajar todos los días de Guáimaro a Camagüey, unos 140 kilómetros de ida y vuelta. Permanecí un mes ayudando en un montaje sin propuestas para actuar, hasta que me llegó el llamado del servicio militar. En esos dos años estuve separado del teatro, pensé dejarlo todo y estudiar Derecho. Fue entonces cuando decidí retornar a La Habana, y en mi provincia ni intentaron convencerme de que me quedara». Así transcurrieron los primeros pasos profesionales de Hosni, quien actualmente cursa el ISA en la variante para trabajadores.

Algunos actores regresan a sus lugares de origen con «ganas de cambiar el teatro», pero después de un tiempo luchando contra múltiples trabas, terminan cayendo en la misma inercia que los recibió. En sus vivencias confluyen aspectos comunes: el desinterés de las instituciones implicadas en el adiestramiento, la falta de motivaciones y las escasas facilidades para el intercambio y la superación profesionales.

«Aquí no tenemos el mismo acceso a talleres. A veces hay criterios atrasados en cuanto al entrenamiento de los actores. Falta confrontación entre los grupos de una misma región y, por supuesto, con los de la capital. En algunas provincias hay solo uno o dos grupos de teatro, en tanto en La Habana son muchísimos y están más interconectados», reconoce Lida Morales.

La vicepresidenta de Desarrollo Artístico del Consejo Nacional de las Artes Escénicas (CNAE), Bárbara Rivero, precisa que los directores artísticos de los grupos del país se invitaban a los festivales de teatro de La Habana y de Camagüey, sin embargo, esa práctica se ha dificultado en los últimos tiempos. «Siempre tratamos, no obstante, de llevar los grupos de la capital al resto de la Isla, así como a los conjuntos extranjeros que nos visitan, pero eso depende de las capacidades infraestructurales de cada territorio para acogerlos».

A pesar de los esfuerzos del CNAE, el acceso a la información y a los eventos en todas partes por igual y, sobre todo, la necesidad de una vida cultural activa que eduque también al público, es reclamo constante entre los actores. «En el interior del país apenas se desarrollan eventos significativos. La mayoría tiene lugar en la capital, donde acuden los actores que traen un espectáculo, pero no aquellos que hacen radio o trabajan en un telecentro, quienes igualmente requieren de ese intercambio en los talleres que se ofrecen en la sede nacional de la UNEAC, por ejemplo, y que también necesitan las clases magistrales del ISA y de la Universidad de La Habana», opina Lida.

Otros actores de generaciones precedentes coinciden con estas opiniones cuando rememoran sus inicios en la profesión. «Yo decidí hacer teatro y quedarme en la capital, porque aquí es donde más auge tenía y tiene el movimiento teatral. Ahora hay más tentaciones por las posibilidades de hacer televisión y cine. En otros sitios falta esa rivalidad entre grupos que genera una competencia sana. Creo que fuera de Ciudad de La Habana la gente que hace teatro está un poco sola pues les falta con quien compartir práctica y teoría», comentó al Portal del Arte Joven Cubano, el actor y director de teatro Alexis Díaz de Villegas.

Lo dicho, lo hecho y lo establecido

La ubicación laboral de los egresados de la ENA y del ISA es responsabilidad del Departamento de Recursos Humanos del Consejo Nacional de las Artes Escénicas.

Marlén Sánchez, directora del Departamento, explicó a Juventud Rebelde que a los graduados se les da un tratamiento especial regido por el Decreto Ley 3771, aprobado por el Ministro de Cultura. Según el documento, a los actores se les ubica en las compañías teatrales cercanas a su municipio de residencia, y una vez allí se les comienza a adiestrar en la vida laboral con el director del colectivo. Luego se les debe garantizar la superación a través de cursos de habilitación dentro de su especialidad.

Los recién graduados cuentan también con un jefe de escena y otros asesores que deben guiarlos en la primera etapa de su quehacer profesional, al tiempo que les asiste el derecho de participar en todos los montajes según sus capacidades y aptitudes. La ley establece, además, que deben hacer tres años de servicio social, pero ya a los dos pueden recibir su primera evaluación.

Asegura Marlén Sánchez que se trata de mantener el contacto de los Consejos Provinciales con el CNAE para que los actores, después de graduados, puedan venir a la capital a ganar experiencia en una interrelación que les permita superarse. Sin embargo, todos los entrevistados concuerdan en señalar la ausencia de intercambio como uno de los puntos débiles del movimiento teatral fuera de Ciudad de La Habana.

Por el contrario, hay que dejar atrás el Túnel de la Bahía para ser testigos de citas como Mayo Teatral, el Festival Internacional de Teatro de La Habana, las Jornadas de Teatro Villanueva..., aunque para no pocos ya sería un fiestón poder entrar en contacto con la diversa y estable cartelera que muestran las más de 30 salas de la ciudad, lo cual se contrapone a las opciones que suelen existir en otros territorios.

¿Quién me quiere aquí?

Para la joven Diana Cano, seguramente ya graduada de nivel medio en la especialidad de Actuación, no es una obsesión  moverse al occidente. Después de prepararse en la academia de Bayamo, esta muchacha se ve interpretando los más diversos personajes en la sala Blanca Becerra, de Las Tunas, junto al grupo teatral Huellas, que dirige Dionne Pérez Betancourt.

«¿Te imaginas cómo uno se siente cuando conversa con personas de su edad y les dices: Estoy trabajando en Huellas y pienso quedarme allí después que me gradúe. “¿Teatro Huellas? ¿Qué es eso?”, me preguntan. Mira, les explico, es la puertecita que está al lado de Las Copas —la heladería, ni siquiera se ubican si hablo de la Casa de Cultura. “Ah, ¿pero esa es una sala de teatro? Pues nunca la había oído mencionar”.

«Así te lo dice la gente joven, que es la que está en la calle; la misma que necesita saber que allí hay una sala donde se montan obras, e incluso se hacen talleres», enfatiza esta tunera quien, además de lo que le ha aportado Dionne y Huellas, se siente estimulada a mantenerse en su territorio porque está segura de que luego podrá tener nuevas experiencias a partir de lo que aprenda de la técnica del clown con Ernesto Parra, director de Teatro Tuyo; o con las grandes maestras del trabajo con títeres que existen en el territorio.

«Lo cierto es que se promociona poco el quehacer de los teatristas y el público no asiste a las funciones porque desconoce lo que está sucediendo; también que es muy complicado presentar una temporada donde todo salga “al quilo”, como se dice popularmente, porque siempre falla algo... Falta ese imán, esa atracción, ya no para el público sino para los egresados que pensarían de otra manera si después de ver una obra dijeran: Yo quiero y puedo hacer eso, me interesa trabajar esa línea, eso fue lo que soñé...».

Diana está convencida de que la situación fuera diferente, como ocurre con ella, si «desde que estás en la escuela, los diferentes grupos te invitaran a unírteles, si incentivaran a los estudiantes y los incluyeran en una pieza aunque fuera una obra de masas o haciendo pequeñas cosas... De ese modo ocurría cuando estaba en 1ro. y 2do. años, pero en 3ro. y 4to. se eliminó dicha práctica porque “perdíamos” un mes entero sin dar clases...

«Sin embargo, fueron esas prácticas las que me motivaron y permitieron conocer a Dionne y a Huellas, estar en los ensayos, hablar con los actores, quienes, por ejemplo, me demostraron que no hacía ejercicios por gusto, sino porque es imprescindible para mi trabajo... Si me hubiera quedado con lo que recibía en la escuela y me hubiese puesto a soñar con lo que veía en la televisión sobre las presentaciones de El ciervo encantado, El Público o Buendía, ahora estaría desesperada buscando la forma de irme para La Habana».

Dionne, su tutora, se graduó en 1974 cuando tuvo que ir a cumplir su servicio social en El Caney de Las Mercedes. Por ello sabe perfectamente de qué está hablando Diana. Sin embargo, no necesita ser adivina para aseverar que los egresados volverán al lugar que los vio nacer cuando «se establezca un vínculo serio de la provincia con sus estudiantes, y de estos con el quehacer cultural del territorio, con sus valores y tradiciones.

«Esos jóvenes tienen que encontrar intereses aquí. Hay que elegir personas sensibles, con responsabilidad, con un grado de compromiso, a quienes les preocupe también el desarrollo de su provincia».

Dionne confiesa que se trasladó llorando hacia la Sierra Maestra cuando finalmente terminó sus estudios, pero que «gracias a las personas que encontró, al apoyo que recibió, aprendió mejor su profesión. Ese contacto intenso sembró en mí una pasión infinita por la cultura cubana y me hizo dejar de ver a La Habana como la única posibilidad».

Un ejemplo de que a Dionne la asiste la razón está en el matancero Aniel Horta Echezabal, quien culminó en la ENA en 2006. «Ser graduado y regresar a provincia, después de estudiar en la capital, es para algunos una frustración. No es menos cierto que las expectativas son altas durante esa etapa de aprendizaje en la escuela, donde se te presentan miles de posibilidades, de modo que cuando uno debe retornar a su lugar de origen se acuerda de la frase popular que dice: pa’trás ni pa’ coger impulso...

«Recuerdo haberla dicho muchas veces y mírame, volví a mi ciudad natal. Primero trabajé en el grupo Icarón al lado de la maestra Miriam Muñoz, en títulos atractivos como El vuelo del gato, la versión escénica de Abelito González Melo sobre la novela del mismo nombre de Abel Prieto; Flores de papel, un texto muy bueno de Ewon Wolf, y luego bajo la guía de Alberto Sarraín en El día que me quieras, de Cabrujas. Ahora formo parte de Teatro de Las Estaciones, un grupo que sabe muy bien lo que quiere y hacia dónde va.

«Me ha tocado hacer títeres de guante y textos de Villafañe, actuar la poesía de Dora Alonso en Una niña con alas, defender importantes personajes en Federico de noche, de Norge Espinosa —por estos fue nominado al premio Adolfo Llauradó. Federico... también obtuvo el premio Villanueva de la crítica, del año 2009, fue invitada al Festival Internacional de Teatro de La Habana, se presentó en el Mayo Teatral que organiza Casa de las Américas, y formó parte de la muestra de teatro para niños del Festival Nacional de Teatro de Camagüey.

«Entonces, puedo decir que desde provincia he accedido a los más importantes eventos teatrales de mi país, mi trabajo ha sido comentado por la crítica especializada y reseñado en las principales publicaciones de teatro. Me mantengo en un perenne taller de creación —al lado de Rubén Darío y Zenén Calero no puede ser de otro modo. A muchos les parecerá raro, pero me siento realizado profesionalmente, disfruto lo que hago y me siento en pleno desarrollo artístico. Quizá muchos no esperen que yo pueda decir esto, pero ya ven: me fui “pa’trás...” y el impulso ha sido muy provechoso».

El problema es internacional...

A nivel internacional los más importantes circuitos del arte se concentran en los centros fundamentales de cada país (Hollywood, la Meca del cine; Milán, Capital de la moda; París, Ciudad de los pintores...). En las naciones menos desarrolladas, donde se acentúan los contrastes, esto se hace aún más evidente.

En Cuba, la congregación en la capital de la producción artística tiene condicionantes históricas que han atentado contra el desarrollo análogo de la cultura en todo el país. En 1959 el triunfo de la Revolución abrió paso a un nuevo sistema social que se propuso transformar a la Isla desde los cimientos. Pero este proyecto recibía a una nación con una economía deformada, un lastre de problemáticas sociales y la notoria desigualdad entre el desarrollo de la «gran urbe» y el resto de la nación.

El triunfo de 1959 marcó un punto de giro en el desarrollo de la educación y la producción artística. Un grupo de transformaciones se encaminaron a extender la cultura a todo el país, pero, refiere Osvaldo Cano, decano de la Facultad de Artes Escénicas del ISA, el proceso no tuvo la misma fuerza fuera de la capital.

«En algunos lugares ese impulso prosperó más que en otros: se conformó el Conjunto Lírico de Cienfuegos, el Cabildo Teatral Santiago, pero tenían muchas intermitencias», destacó Cano.

Bárbara Rivero, vicepresidenta del CNAE, admite que las opciones de trabajo para los actores en las provincias resultan menos atractivas, porque, de alguna manera, son más estáticos los paradigmas que rigen las producciones teatrales. Algo que se relaciona estrechamente con la falta de intercambio y superación que reconocen todos. «La hermeticidad con que trabaja en ocasiones un grupo o un movimiento teatral no propicia la evolución de concepciones y lenguajes, que en el arte están en constante transformación», dice.

Esto, sin dudas, ha condicionado el panorama teatral actual. Mientras en Ciudad de La Habana aparecen más de 80 grupos, en Cienfuegos hay solo unos diez, en tanto Pinar del Río, por ejemplo, carece de conjuntos especializados en el trabajo con marionetas, o para niños.

Asimismo, es en Ciudad de La Habana donde radican los órganos de prensa de alcance nacional y donde, a decir de Osvaldo Cano —quien firma con frecuencia en JR—, se publica la mayor propaganda especializada, casi siempre circunscrita a las carteleras capitalinas. «Es difícil encontrar en los medios provinciales críticos o teatrólogos que escriban sobre esta especialidad o que lo hagan de modo estable».

Asunto complejo

Continúa siendo un gran desafío para las instituciones culturales del país encontrar las alternativas que inviten a las nuevas generaciones de actores a convertirse en protagonistas del desarrollo cultural en las diferentes ciudades, cuyos habitantes necesitan de una vida espiritual más plena. ¿Cómo conseguir que las oportunidades y las opciones en las provincias cubran las expectativas de los jóvenes? Demostrar que los sueños no son solo realizables en la capital, es una empresa gigantesca.

Héctor Medina, graduado de la ENA y actualmente estudiante del primer año del ISA, refiere que cuando entró en dicho plantel vino con la idea de retornar a su Pinar del Río natal, «donde hay una única sala —La Barraca, sede de Teatro Rumbos—», para trabajar dirigiendo obras en el mismo grupo de aficionados donde comenzó. Colmado de ambiciones profesionales, ahora piensa si podía satisfacerlas allá.

De cualquier manera, este joven actor, que actualmente participa en un proyecto cinematográfico del ICAIC, enfatiza que le encantaría presentarse en su provincia. «Sería formidable poder mostrar en Pinar mi labor, ya sea en salas o en espacios públicos con el teatro callejero que tanto me gusta».

Algunas alternativas para enriquecer los movimientos teatrales se implementan. Ya se pueden contar las Escuelas Provinciales de Arte de Villa Clara, Camagüey, Granma y Santiago de Cuba. Estos centros tienen a su cargo la formación de actores de nivel medio en su propio entorno, lo cual propiciará que una vez que culminen su preparación permanezcan allí. Sin embargo, para el nivel superior, aunque el ISA posee unidades docentes en Camagüey y Santiago de Cuba, la especialidad de teatro nada más se imparte en Ciudad de La Habana.

Con el título en la mano, algunos actores o actrices construyen su trayecto profesional en el que las señalizaciones parecen apuntar hacia la urbe. De ahí que en el camino de la actuación el traslado hacia Ciudad de La Habana se torna representación constante, no como puesta en escena efímera, que concluye con los aplausos y la caída del telón, sino a través de historias reales que viven a diario quienes apuestan, a pesar de los contratiempos, por el mundo de las artes escénicas.

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