Un humorista llamado Onelio

Onelio Escalona no es solo el integrante del dúo Caricare o el guionista de programas televisivos como Deja que yo te cuente, sino también el autor de graciosas esculturas en papier maché

Autor:

Julieta García Ríos

Onelio Escalona. Niquero, Granma. 5 de junio de 1968.

Su estatura (1.92 cm) en contraste con la de Mireyita Abreu —«un metro y piquito»—, y la boina que lleva consigo desde quinto grado, —aunque «hubo tiempos en que no tenía»— son elementos que distinguen al humorista Onelio Escalona.

Quizá la mayoría de los cubanos lo reconocen como el integrante del dúo Caricare, pero está también su faceta de guionista para programas televisivos como Deja que yo te cuente y Caricare en clave de dos, además de una excelente labor como humorista gráfico, destacándose en la realización de esculturas humorísticas en papier maché.

En Coloraditas, pueblo colindante con playa Las Coloradas, vivió hasta los nueve años de edad en que emigró a Niquero, donde se mantuvo hasta los 18. Entonces se fue a estudiar a Jiguaní la carrera de Instructores de Arte en la especialidad de Teatro.

«Yo admiraba a Cantinflas, y como él, andaba haciendo chistes por la calle. No sabía que eso era actuar, el teatro era un mundo desconocido, un amigo me aconsejó que lo estudiara. Aunque en aquel tiempo ya ‘‘rallaba’’ la guitarra y cantaba, lo que más me gustaba era dibujar. Tenía las influencias del caricaturista Chevo, que en Niquero me había encaminado. Por eso cuando llegaron a la escuela haciendo la captación para la facultad de Artes Plásticas del Instituto Pedagógico Enrique José Varona, me presenté a las pruebas; y cuando tuve la confirmación de que había aprobado, abandoné el Teatro y vine para La Habana».

El Varona fue imprescindible en la formación artística de Onelio, quien en la Universidad leyó su primer libro: El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez. Aquel ejercicio de clase concluía con la entrega del diseño de la portada del ejemplar.

Confiesa el segundo premio del salón Juan David del año 1993, que la asignatura de Estética y la convivencia con otras personas con diferentes percepciones del arte pulieron sus gustos: «Yo era fanático a Leo Dan, un cantante cursi, y por aquella época no soportaba ni a Silvio Rodríguez ni a Amaury Pérez».

La Habana le abrió las puertas del mundo del espectáculo. Se inició como comediante en los centros nocturnos de la periferia de Miramar. El círculo social José Luis Tassende fue uno de esos sitios donde trabajó por amor al arte.

«Para allá me iba todas las noche a hacer los mismos chistes que hacía en mi pueblo, porque al principio no tenía referente adecuado. Poco a poco fui modificando mi manera de actuar. Incluso, en una ocasión fue al Pedagógico Jorge Guerra, excelente actor chileno integrante del Conjunto Nacional de Espectáculos, y compartimos el escenario. Alguien le comentó que yo actuaba y él quiso conocerme. Aquella fue una experiencia enriquecedora, él me dio muchísimos consejos que a lo largo de mi carrera he asumido como una brújula».

Junto a la carrera de comediante, Onelio cultivó la caricatura. «Descubrí que mediante los muñequitos podía transmitir una idea de alcance global, con una utilidad social bien marcada. Adán (hoy director del dedeté y compañero de estudios) fue uno de mis referentes; él era muy joven pero en aquella época tenía una interesante serie con los teléfonos que me dio una idea de lo que podía hacer».

En el año 90 fueron trasladados los estudiantes de provincia que estaban en la capital hacia otros territorios más cercanos a su lugar de residencia. En ese grupo estaba Onelio, quien en quinto y último año de Educación Artística «va a parar» a Holguín.

«La decisión fue traumática» para muchos de los muchachos, que se vieron aislados de la urbe. Sin embargo, en la llamada Ciudad de los Parques, el joven artista encontró la guía que le faltaba.

Allí conoció al dramaturgo Carlos Jesús García (Carlín). «Un hombre fundamental en mi vida artística y en la de Caricare como proyecto. Él dirigía el grupo de teatro Girón, donde entré como actor trabajando los textos del venezolano Aquiles Nazoa y otros autores». También por esta etapa conoce a Mireyita Abreu, con quien en 1995 formaría el dúo Caricare.

En principio se denominaron Matagusano, inspirados en el insecticida de igual nombre, muy recurrente por esa época. «Luego de nuestra primera presentación, la prensa comentó que parecía mentira que un proyecto con una idea acertada entre la manera de hacer humor y los temas tratados, tuviera ese nombre tan vulgar. Caricare nos pareció más adecuado; en italiano significa cargar… y en el humor escénico te apoyas en la sátira para emprender algo que debe ser superado».

Con el grupo de teatro Girón participa en 1996 en el Festival Aquelarre y al año siguiente repite junto a Mireyita representando a Caricare. Así llegan los primeros reconocimientos: ella obtuvo el premio a la mejor actuación femenina y él por la canción más original, además del premio de la UPEC. El Instituto de Cooperación cubano-mexicano del Estado de Quintana Roo también condecoró al dúo holguinero. Pero pese al éxito en La Habana, sucedía que en otras provincias el público no los conocía.

Fue entonces cuando la televisión se convirtió en la solución más eficaz. «Carlín me insistió para que le presentara un proyecto a Tele Cristal, telecentro de Holguín. Casi jugando y sin mucha esperanza, lo hice. Enseguida nos mandaron a buscar. Y surgió Caricare en clave de dos, de los cuales, 36 programas pudieron verse en toda Cuba».

Sin pretenderlo, Onelio se volcó nuevamente a las artes plásticas.  La ausencia de recursos materiales le hizo crear sus propias máscaras y cuanta indumentaria se vio en el programa televisivo, donde el papier maché fue la técnica más socorrida por ser lo único que tenía a mano. El pelo largo recogido en una cola de caballo pasó a ser parte de su apariencia. No por un gusto personal, sino para suplir la necesidad de pelucas. Luego se dio cuenta de que el peinado ya era parte de su imagen, como la boina lo era desde antes.

Por estos días de verano, Caricare vuelve a la pantalla holguinera. Todos los viernes de julio y agosto se le verá en Zooterapia, donde Onelio caracteriza a un veterinario aficionado que no ha podido matricular la carrera por tener serios problemas ortográficos.

Nuevamente la sátira social desde un humor refinado y sutil, caracterizará sus guiones. En Zooterapia lo mismo se verá al gato con botas quejarse de la calidad del calzado que a un perro callejero buscando domicilio fijo.

También trabaja en la realización  de una serie de caricatura volumétrica sobre humoristas cubanos y extranjeros. De Cuba ya están en tercera dimensión: Churrisco, Ulises Toirac, Mentepollo, el Cabo Pantera.

El grupo argentino Les Luthiers será su próxima escultura y, mientras crea en su casa de Holguín, escucha la música de Silvio y Amaury.

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