La cosa humana

Entre actores y personajes, JR se acerca al nuevo filme que el director Gerardo Chijona acaba de rodar en La Habana

Autor:

Jaisy Izquierdo

Se filmaba una escena en el patio del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (Icap), donde se entregarían los resultados de un decisivo concurso literario. Allí coincidió buena parte del elenco de La cosa humana, la quinta comedia de Gerardo Chijona (Adorables mentiras, Un paraíso bajo las estrellas, Perfecto amor equivocado y Esther en alguna parte), quien tras las cámaras vuelve a urdir una historia de enredos, aderezada esta vez con tintes policiales y numerosas referencias al mundo del cine y la literatura.

Tras bambalinas, nuestro diario conversó con los actores que, caracterizados como sus personajes, nos dieron una visión «en caliente» de este nuevo proyecto.

Después de un breve cameo, Vladimir Cruz se quita la chaqueta que ha guardado para la velada literaria, y hace referencia cómodamente a Justo Morales, el protagonista de esta trama: un escritor en plena crisis creativa, que busca alcanzar el reconocimiento por los caminos menos acostumbrados.

«Yo soy un narrador que desde hace tiempo no escribe nada, y logro idear un cuento que, según mi criterio, va a cambiar el panorama de la literatura latinoamericana. Con tan mala suerte que una banda de ladrones entra a mi casa y se roba la laptop y el único ejemplar de mi obra literaria. A partir de ahí empieza toda la acción de la película», expresa el actor de Fresa y Chocolate.

Feliz de rodar nuevamente con Chijona, con quien anteriormente había realizado Un paraíso bajo las estrellas, aseguró que esta obra es «una comedia muy divertida, que refleja cosas de la actualidad, y además de querer entretener y alegrar al público, incluye un sustrato ético donde se habla de cierta crisis de valores, de hasta dónde podemos dejarnos llevar por las circunstancias económicas difíciles».

Según Vladimir su personaje comparte una relación singular con un personaje que se llama Chatila, una policía poco convencional que escribe poesía erótica. Entonces, señala a Mirielys Cejas, rutilante en un vestido rojo y altos tacones, que para nada recuerda a la apocada adolescente de Boleto al paraíso, y mucho menos aparenta la imagen de una vigilante del orden público.

Por eso Mirielys acota que su papel tiene unas características muy peculiares. «Las contradicciones de Chatila la vuelven atractiva como personaje y me permiten interpretar a alguien totalmente diferente a lo que he hecho anteriormente. Ella escribe poesías y la mayor parte del tiempo mis textos son sus versos, lo cual resulta complicado, porque tengo que hablar diciendo esos poemas, y al mismo tiempo lograr que salgan de una manera natural».

Sobre la preparación para este rol asegura: «Al principio traté de acercarme a mujeres policías, pero Chijona me dijo que no, que me concentrara en la otra parte de Chatila, que para él era más importante.

«Enfrentarme a la comedia fue difícil, porque lo gracioso de mi personaje no está ni en lo que hace ni en lo que dice, sino en cómo este transita por la historia, cómo va sorprendiendo al empezar de una forma y terminar de otra, y lo rápido que se produce este cambio. No creo que hubiera hecho a Chatila con otro director, porque tiene el riesgo de caer en el ridículo, lo cual expresa la confianza que le tengo a Chijona y la seguridad que me da».

El curioso modus operandi del hampa de La cosa humana fue develado, sin ahondar en detalles, por uno de sus maleantes más rudos, protagonizado por Enriquito Almirante: «Esta pandilla de ladrones que irrumpe en la casa del escritor es un poco atípica, con una forma de robar muy peculiar, que la hace interesante. La realidad en la que se mueven estos cuatreros tiene mucho de farsa, ellos roban con unas caretas que recuerdan unos animados, y un ladrón de verdad no hace algo así».

Justo bajo la dirección de Chijona, Almirante realizó su primera incursión en el cine en Perfecto amor equivocado, donde trabajó como «un extra y hacía de sonidista, ni hablaba ni nada, estaba siempre al fondo en dos o tres escenas; por eso, tener un papel con el mismo director después de algunos años y llamarme ahora Sandokan, como el célebre personaje que protagonizara mi papá en la televisión, tiene para mí un sentido especial».

Sandokan, el maleante bruto y de pocas palabras, tiene una relación especial con su hermano Maykel, un ladronzuelo que sueña con ser escritor y que interpreta Héctor Medina, otro de los jóvenes actores que saltó a la pantalla grande de la mano de Chijona, en Boleto…

Medina, quien ya ha tenido más protagónicos en el cine con Vinci, de Eduardo del Llano, y Camionero, de Sebastián Miló, asume ahora en la película a este «muchacho de la calle, delincuente, que ha estado preso, y que a pesar de su entorno marginal es aficionado a la literatura.

«Es un personaje que da un salto, pues empieza a copiar la obra de otro autor para presentarla al concurso y sacar provecho de eso, y termina escribiendo sus propios textos, lo cual al final le da la libertad», enfatiza.

Después de encarnar roles con una carga dramática intensa, como el muchacho que contrae sida en Boleto... o el violento estudiante de Camionero, le pregunto cómo se siente en las lides de la comedia. Refiere Héctor Medina que desde sus días de estudiante en la Ena «tenía mucha vis cómica y mi profesora de actuación me “castigó” y me puso a hacer cosas dramáticas mientras me advertía que no hiciera más “payasadas”. Y ahora resulta que me he convertido en un llorón, de hacer tantos dramas», asegura y sonríe.

Añade que en lo que respecta a La cosa humana, el género de la comedia no le ha resultado muy complicado, pues en esta «uno no se pasa todo el tiempo haciendo chistes ni está sudando para resultar cómico, sino que solo debe actuar, pues son las mismas circunstancias de la trama las que son graciosas. También tuve a mi favor en la contraparte a actores como Enrique Molina y Osvaldo Doimeadiós con los que no te ves obligado a esforzarte mucho al interpretar, más bien vivir, porque ellos te brindan un terreno que parece real».

Gerardo Chijona (en el centro) intercambia antes de la filmación con el protagonista Vladimir Cruz y la reconocida actriz Amarilys Núñez.

Por su parte, el conocido Enrique Molina se alegra de dar vida a un ser que nunca había podido vestir ni en el cine ni en la televisión. «Es un capo cubano, un malhechor con un grupo de bandidos, y yo a la cabeza», define en pocas palabras los rasgos esenciales de su rol y se le escapa una risa malévola. Añade entonces: «Esta es una comedia, con enredos y cuestiones policiacas, que yo espero que la disfruten mucho. Vamos a ver qué pasa, porque la última palabra la tiene el público».

Osvaldo Doimeadiós apareció, de último, «enguayaberado». Su presencia requerida en la primera línea, como presidente del jurado del connotado certamen literario, no le había permitido tomar un descanso. No obstante, restó otros minutos a su escaso tiempo libre para compartir sus experiencias.

«Yo conozco este guion desde hace cuatro o cinco años, pues cuando ya estaba escrito se hizo un taller en la Escuela de Cine y los actores que participamos en él tuvimos la oportunidad de improvisar escenas a partir de este texto. Al cabo de los años, sus guionistas, Francisco García y Chijona, me pidieron que hiciera precisamente este papel, que había interpretado en aquella ocasión: un crítico de cierta autoridad en el medio literario que atraviesa por un conflicto ético muy grande, y que es responsable de dictar justicia respecto a toda la trama que se mueve a su alrededor», expresa el Premio Nacional del Humor.

Héctor Medina (izquierda) tuvo como contrapartes a Molina (a su lado) y a Doimeadiós, «con los que no te ves obligado a esforzarte mucho al interpretar».

A modo de cierre, el mismo Chijona revela la clave de la escena que en ese momento se estaba filmando, mientras el equipo técnico ajustaba el set para volver al ataque: «Justo en este momento, que da paso al tercer acto de la película, coinciden sin saberlo los dos protagonistas. El delincuentico de mala muerte que robando en una casa equivocada se lleva el cuento que marca todo el destino de la película, y el personaje de Vladimir, un escritor que de cierta manera quiere recuperar la fama perdida.

«Ambos sin conciencia de ello, y a la manera de cada uno y con métodos bastante inusuales tratan de llevarse el premio, y no solamente escribiendo».

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