A piano y voz

Chucho Valdés, el chino Lang Lang y la portuguesa Dulce Pontes decidieron marcar veladas imborrables en los escenarios habaneros en los últimos días

Autor:

Yelanys Hernández Fusté

A veces basta solo con ir a un concierto para saber que en esos intensos minutos la vida se nos detiene. Es como si hubiera un antes y un después de cada velada única que presenciamos. Las viejas grabaciones, pasadas de mano en mano, ya se quedan atrás cuando en vivo puede disfrutarse del estilo peculiar de los pianistas Lang Lang y Chucho Valdés, o de la voz sobrehumana de la portuguesa Dulce Pontes.

Lang y Chucho hicieron el viernes último que la hora y 40 minutos en que tocaron pasara como milésimas de tiempo en la Plaza de la Catedral. Ambos instrumentistas decidieron actuar para la capital antillana y así satisfacían también un anhelado deseo personal de compartir escenario desde que se conocieron en Viena, en 2013. Aunque muchos seguramente vieron la transmisión televisiva del concierto, quiero retomar esa noche en que se encontraron esos dos trenes de la pianística mundial.

Del músico chino qué decir. A sus 33 años ya es aclamado en las mejores plazas del orbe y todo se debe a ese talento innato, a esa depurada técnica y también a la expresiva manera con que toca el piano. Fue el primer movimiento del Concierto No. 1 para piano (Op. 23), de Pyotr Tchaikovsky, un paseo para Lang Lang, teniendo en cuenta que es una obra compleja, que exige un extra al instrumentista. Es que el artista deja en cada performance su sensibilidad hacia las partituras y su musicalidad es tal que denotó dominio y maestría en las piezas cubanas que seleccionó para esa noche.

Entrañable y de una belleza y lirismo que atrapa, devino Claudia, donde Chucho Valdés mostró algo de lo mucho que en esa precisa velada de su cumpleaños 74 tenía para obsequiar. En Valdés se percibió el legado de la pianística insular y todos esos otros «préstamos» melódicos (como el jazz) que enriquecen nuestra sonoridad. El autor de Misa negra y Yansa es un pianista versátil, capaz de ir de lo más clásico a lo más popular sin perder mérito en sus ejecuciones. Porque su universalidad como instrumentista parte de esa cubanía que aflora en su música.

Desde la Obertura cubana, de George Gershwin, hasta el repertorio de Ernesto Lecuona escogido para el programa, Lang Lang y Chucho Valdés demostraron que son dos pilares de la pianística. Sus respectivos talentos se vieron  realzados con la fuerza interpretativa de la Sinfónica Nacional, guiada por la experimentada Marin Alsop; y con los Mensajeros Afrocubanos, el team excepcional que acompaña a Valdés en sus presentaciones habituales.

Dueña de su voz

Un «Buenas noches, Habana», resuelto y dicho con la emoción de un anhelo ya cumplido, fue el preámbulo de la Peregrinación que Dulce Pontes quiso regalar el domingo al auditorio del teatro Mella.

Como parte de la cartelera del Festival Les Voix Humaines, que organiza la Oficina Leo Brouwer, Pontes actuó por primera vez en la Isla y se recordará por un buen rato. La cantante portuguesa hizo gala de su gran voz, llena de matices y registros, la cual nos hace contemporáneos a autores como Martín Codax y a estilos tradicionales de su tierra natal.

Pero Dulce entrega mucho más en sus presentaciones. En el Mella resonó su apropiación de La Bohéme, de Charles Aznavour, y de Alfonsina y el mar —con la que reverenció a Mercedes Sosa. Su voz fue intensa, dramática, perfecta. De ahí que piezas como su versión de Meu amor sem Aranjuez, de Joaquín Rodrigo; y Nada te turbe, de Santa Teresa de Ávila y Giunni Russo, tuvieran esa sensibilidad a pulso.

Quienes esperaban todo ese repertorio de fado portugués se dieron gusto con Dulce esa noche. En esas interpretaciones, respetuosas del rigor de las exigencias canónicas, la artista incorporó las danzas, insuflándole al espectáculo un mayor colorido.

Pontes no dejó fuera del programa dominical a Canção do Mar, ese sencillo que formó parte de su exitoso álbum Lágrimas y que fuera tomado como banda sonora de la adaptación televisiva de la novela As Pupilas do Senhor Reitor, de Julio Dinis, y del filme norteamericano La dos caras de la verdad.

Un excepcional grupo de músicos acompañó a Dulce Pontes en el Mella: Fernando Silva (guitarra portuguesa), Amadeu Magalhães —un hombre orquesta que tocó el cavaquinho, la mandolina, la gaita de foles y la flauta—, Davide Zaccaría (violoncello), Casares (guitarra flamenca), Juan Carlos Cambas (piano) y el baterista cubano Ruy López-Nussa.

Sin dudas, las jornadas con Dulce Pontes, Lang Lang y Chucho Valdés en La Habana han sido de piano y voz. Ambas veladas avizoraron lo que será una semana especial para los melómanos, ya que son esperadas las actuaciones de la mexicana Jaramar (esta noche), la brasileña Badi Assad (mañana), la española Mayte Marín (jueves y sábado) y el grupo vocal Sampling (viernes) —todos se presentan en el Mella gracias al Festival Les Voix Humaines. Se aguarda también ese concierto de Chucho en el Teatro Nacional el jueves, por el aniversario 70 de la FAO y en el que ha anunciado que homenajeará a Irakere. ¡Qué más se puede pedir!

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