Foot cover de Noticia Autor: Cartel de la película Publicado: 18/04/2026 | 07:42 pm
A pesar de las tendencias a la evasión en la mayor parte del cine dominante a lo Hollywood, a pesar del creciente hedonismo e individualismo posmodernos, con todo y el auge del neoliberalismo y las ideas de derecha, los dramas sociales siempre estuvieron ahí, marcando hitos en la historia de las cinematografías nacionales, antes y después del neorrealismo italiano, en India, Japón, en las obras de los independientes norteamericanos, y por supuesto, en Cuba.
Paradigma evidente de la vigencia del drama social cubano, en variante episódica y coral, resulta la prestrenada Estrés, definida por su directora y guionista, Marilyn Solaya, como «una película responsable, honesta, hecha para Cuba y sobre Cuba, que aborda temas que nos afectan, pero que son universales como los conflictos familiares vinculados con la migración, el cuidado de los adultos mayores, el impacto de la pobreza en algunos sectores de la sociedad… Es una película de amor en la que, como en la vida misma, también aparecen nuestros problemas, nuestras verdades».
Precisamente esa franqueza, honestidad y responsabilidad es lo que ha caracterizado a la importante tradición del drama social en Cuba, a partir de la influencia del neorrealismo italiano en los años 50 y 60 a través de filmes interesados en el tratamiento de temas de interés colectivo y nacional. Porque los dramas sociales intentan provocar un sentimiento de solidaridad en tanto se involucra emotivamente al espectador, o se interpela a su conciencia, mediante la descripción de una sociedad colmada de problemas.
Si hubiera que localizar obligatoriamente un precedente de Estrés tendríamos que quedarnos, sobre todo, con Suite Habana, donde también se ofrece un conjunto ilustrativo de situaciones dramáticas vinculadas esencialmente con ciertos contextos citadinos, a lo largo de un día. Así, Fernando Pérez exponía, como también lo hace Marilyn Solaya, las contradicciones entre lo público y lo privado, lo social y lo doméstico en un grupo de personajes de uno y otro sexo, y sus respectivas historias de resistencia a la adversidad, mientras el filme reflexiona sobre lo excepcional y lo común, lo rudo y lo delicado, el alboroto y la tranquilidad.
Dos de las historias más fuertes y conmovedoras tienen que ver con los cuidadores y la ancianidad: Está el chofer de ómnibus que es Dimitri (Luis Alberto García) precisado de cuidar a sus padres muy ancianos y seniles (Verónica Lynn y Mario Limonta), y la de Lucía (Iyaima Martínez) cuyas mínimas entradas apenas le alcanza para garantizar la supervivencia digna de su niño y de su madre, esta última paciente de cáncer.
La resiliencia que buscaban y encontraban la mayor parte de los personajes de Suite Habana está presente en Estrés, sobre todo a través de dos personajes: Maruja y Esther. La primera nos regresa a una Isabel Santos enorme, en un personaje que se suma a su galería de sus más poderosas interpretaciones. Maruja es una guajira llegada desde Camagüey, que encuentra una oportunidad para aferrarse tenazmente a la vida, y a ciertos valores
inalienables, en la convivencia forzosa con Alfredo (Aramís Delgado) un intelectual otrora famoso y reconocido, ahora ciego, solitario y aferrado a un pretérito de diplomas, pasajeros reconocimientos y falsedades.
Esther (María Isabel Díaz) es la oncóloga infantil, profesional consagrada, que se enfrenta al dilema de abandonar, o no, Cuba y la profesión que adora, e irse a vivir a otro país, con su familia que la espera, de modo que se clausuren todos sus logros pasados y presentes, porque a muy pocos les importan los proyectos ni los deseos más esenciales de una mujer de 60 años.
Si el cine puede ser la verdad, el reflejo más exacto y poderoso de la realidad y de las emociones humanas; si el cine puede ser exorcismo y catarsis, entonces Estrés está destinada a convertirse en una de las películas cubanas más significativas del siglo XXI, en una categoría reservada a los filmes que supieron tocar las fibras más sensibles de la nación como Conducta o Suite Habana.
