Intenso Fito Páez

El cantautor argentino celebró los 30 años de su álbum Giros, el lunes, en el teatro Karl Marx de La Habana

Autor:

Yelanys Hernández Fusté

Para buscar respuestas sobre el amor después del amor, para develarnos con irreverencia absoluta que en la vida valen la pena el optimismo y las causas justas, las canciones de Fito Páez siempre están dispuestas a decirnos con voz firme que sigue siendo el mismo caminante, el mismo explorador de las existencias.

Páez ha apostado por sus seguidores de la Isla y se le ha vuelto habitual llegar a La Habana, ciudad en la que se siente «como en casa», para festejar aniversarios de sus compactos más emblemáticos. Hace tan solo cuatro años atrás, el roquero argentino quiso celebrar en la urbe antillana las dos décadas de su disco El amor después del amor, y el lunes último regresó al teatro Karl Marx nuevamente para festejar esta vez los 30  de Giros.

Álbum editado por la disquera EMI en 1985, transgresor por la manera de enfocar músicas y textos, Giros fue el fonograma de Yo vengo a ofrecer mi corazón, Cable a tierra y 11 y 6. Este último sencillo, si me disculpan los melómanos por pecar de absoluta, de una belleza y racionalidad sin par.

De todo ello quiso hablar Fito en el Karl Marx en la velada de inicios de semana. Prometió que cantaría los temas del volumen y mucho más,   para preparar a la audiencia. «Los     que tengan que hacer cosas mañana temprano o acostar a los hijos, se tienen que ir ya, porque esta va a ser una noche larga», dijo el cantautor rosarino, quien además manifestó su regocijo por actuar en la Isla con su banda completa, algo que no sucedía desde hace 23 años.

Quizá fue esta presentación un momento para captar a Páez en su mejor entorno, por eso sonaron tan naturales Taquicardia, Alguna vez voy a ser libre, Narciso y Quasimodo, Decisiones apresuradas y D.L.G.

Lo que sí no anunció Fito es que el Karl Marx sería un momento de rencuentro. Como quien no requiere  tantos anuncios y sí solo una breve anécdota referencial, el argentino invitó al escenario a Pablo Milanés a que lo acompañara en Yo vengo a ofrecer mi corazón.

«Veníamos con estas canciones y Pablo escucha eso allí (en Buenos Aires) y me dice que me va a llevar a la Isla, al Festival de Varadero. Cosa que terminó sucediendo... Esa vuelta me salvó la vida», contó.

Evocaciones hubo muchas durante la actuación: a Charly García, Paul McCartney y Santiago Feliú. Del trovador cubano confesó que lo consideró su «amigo del alma» y por ello cantó Parte del aire, pieza que tantas veces los juntara, y que en esta oportunidad reuniera a Páez y Carlos Varela. Otra de las uniones memorables de la noche fue la de José Luis Cortés y Fito. Un vestido, un amor, clásico en el repertorio del roquero, tuvo un formato inusual: los colores melódicos salidos de la flauta de El Tosco y el piano tocado por el argentino.

Luego, un segmento en el que descollaron temas de una musicalidad que retomó elementos del jazz, el blues, el folk austral y elementos de la canción latinoamericana. Eso sí, en lenguaje roquero sonaron Instantáneas, Al lado del camino, Ciudad, Polaroid...

Pasadas las 11:00 p.m., el público no paraba de aplaudir y corear. Parecía que ya era el cierre, y la dramaturgia siempre sorpresiva de los conciertos de Páez, nos hizo ver cuán equivocados estábamos. Un dinámico El amor después del amor con Diana Fuentes, nos enunciaba: «Todavía hay más».

Es que por el deseo de disfrutar de sus seguidores en La Habana, quedaban algunos clásicos de su repertorio sin interpretarse. Y se escucharon Mariposa technicolor, Brillante, A rodar y Dale alegría a mi corazón, cuyo estribillo fue coreado incontables veces en el Karl Marx, como un himno de amor, como una reverencia eterna a esta tierra.

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