Downton Abbey: Mucho más que una «cara» bonita

Creo que quienes la han disfrutado por el Canal Multivisión coincidirán con que Downton Abbey, excelente en su intención de reflejar un estilo de vida, emana calidad por todas partes

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Saludos a la gran familia se seriéfilos de Cuba. Espero que me sepan perdonar por comenzar esta sección con una serie de la cual admití ser su fan en el trabajo introductorio a este encuentro que sostendremos los miércoles: Downton Abbey o la Mansión Crawley, título con el que todavía se exhibe por Multivisión, alrededor de las tres de la tarde (se retransmite a las once de la noche). Y tal vez con ello ahora mismo esté decepcionando a una cantidad significativa de entusiastas que aplaudieron la salida de esta nueva propuesta de JR al elegir, en lugar de las exitosas norteamericanas, una producción inglesa para romper el hielo, aunque en el caso que me ocupa, ha logrado conectar a más de 12 millones de televidentes en 220 países, y no solo por su «cara» bonita.

Cierto que no se puede tapar el sol con un dedo, y tengo que darle la razón a quienes se han entretenido buscándole los «errores garrafales» a la historia que decidió contar el premiado guionista Julian Fellowes, con tal de que sus seguidores admitamos que no se trata de una impecable producción: que se les fue una antena de televisión en el tejado de una casa del pueblo, un poste de electricidad, una señal de tránsito…, elementos que, por supuesto, no se ajustan al período indicado (la época eduardiana, durante el reinado de Jorge V).

Otros severos observadores le han criticado a Downton Abbey que no refleja las realidades de la época, sobre todo si se tiene en cuenta que antes y después de la Primera Guerra Mundial, afirman, la vida era miserable; que lejos de la elegancia, la sofisticación y el lujo en que se mueven sus personajes, lo que entonces abundaba eran la escasez de limpieza y de aseo personal, mientras que no se quieren hacer de la vista gorda, aunque sin ese aderezo se empobrezca la trama, ante el hecho de que por nada de la vida, a principios del siglo XX, los de «abajo» se atrevían a romper la etiqueta si necesitaban conversar con los de «arriba».

¿Que si tienen razón? Toda la del mundo y más, sin embargo, me parece que entre aquellos que andan detrás de esos «pequeños» detalles sean escasísimos quienes, a pesar de todo, no reconozcan la magnificencia de esta serie en la cual Fellowes, ganador del Oscar al mejor guion por la  película Muerte a la medianoche (2002), no solo nos acercó a la familia Crawley y a su servidumbre, sino que además puso sobre el tapete (también han dicho que la colocación del servicio en la mesa no era correcto) tantas intrigas como pudo, en medio de intensos amores, odios, envidias, trampas, muertes, rivalidades.

Pero antes de continuar, permítanme contarles a quienes aún no se han interesado en descubrirla, la sinopsis de esta realización del año 2010: Transcurre 1912 y a los Crawley les toca enfrentar un problema complejo: pueden perder una herencia familiar más que estimable, la majestuosa propiedad Downton Abbey, la mansión que ellos habitan, atendidos por decenas de empleados. Como el Conde Robert Crawley (Hugh Bonneville) y la Condesa Cora de Grantham (Elizabeth McGovern), en lugar de un varón tuvieron tres hijas, deciden matrimoniar a la mayor, Lady Mary (Michelle Dockery), con el hijo del heredero. Todo se va a pique cuando Patrick se embarca en el primer y último viaje del Titanic y sobreviene lo que ya conocemos.

Ya nos queda claro que no siempre los reconocimientos son sinónimos de calidad; sin embargo, no me caben dudas de que Downton Abbey merece todas las nominaciones y premios que ha conseguido, lo mismo en los Emmy, que en los Globos de Oro o en los Baftas.

¿Qué hay detrás de esta serie que la hace tan adictiva? En primer lugar los libretos. Fellowes tiene el don de saber mantenernos interesados en lo que le sucede a cada uno de los personajes en esta puesta en escena coral: aristócratas y sirvientes, a quienes llegamos a sentir tan cercanos que nos parecen vecinos de casa sobre los cuales chismeamos a menudo.

No por casualidad algunos historiadores no miraron a Fellowes con buenos ojos al colocar a sus criaturas en situaciones poco probables para aquellos tiempos, como que una mujer (Lady Mary) pudiera estar al frente del negocio familiar y al cuidado de tantas tierras, el vínculo algo confianzudo de los sirvientes con sus señores, la aceptación del matrimonio de Branson y Sybil... Pero queda claro que en su relato todo vale por el bien del entretenimiento. Verdad que no tuvo paz con Lady Edith (Laura Carmichael), a quien le regateó sin cesar la felicidad o con Thomas Barrow (Rob James-Collier), a quien al parecer creó gay y odioso para después castigarlo sin misericordia.

Como ocurre en este tipo de producciones que duran años, lo cual obliga a que algunos actores decidan abandonar los proyectos, el guionista también se vio obligado a desaparecer a personajes que habían calado hondo en la teleaudiencia como la señora O’Brien (Siobhan Finneran), la de las pastillas de jabón, o como Matthew Crawley (Dan Stevens). Y aunque hubo muchos que vaticinaron que estas «pérdidas» llevarían la serie al descalabro, él se las ingenió para que la trama no perdiera coherencia y aún menos a sus muchos fieles.

Asimismo, para quitarse el sombrero son las actuaciones de Downton Abbey, porque no únicamente se merece todos los premios del universo Michelle Dockery al representar a una Lady Mary que lo mismo puede ser una bola de nieve, de tan fría y distante, que el fuego más intenso. Esta actriz es sencillamente magistral, casi tanto como Maggie Smith (Condesa Violet, madre de Robert) la noble más adorable que ojos humanos hayan visto. Ella e Isobel, la madre de Matthew (Penelope Wilton) se roban el show cada vez que se enfrentan, regalándonos unos diálogos ejemplares. ¡Y qué decir cuando aparece Shirley MacLaine como la madre de Cora! Del mismo modo, esta serie perdería mucho de su encanto si no contara con ese ejército de amas de llaves, ayudantes de cocina, lacayos, choferes... Sobresalientes en sus desempeños Jim Carter en el rol del mayordomo Carson; Phyllis Logan como la señora Hughes; Lesley Nicol en el papel de la experta cocinera Patmore... En fin, que la lista sería interminable porque en esta serie todos se muestran espléndidos.

Downton Abbey también resulta válida por la forma en que la trama se mezcla con sucesos históricos de relevancia mundial que no aparecen como simple adorno o mera información, sino que el desencadenamiento de los mismos influyen de distintas maneras en el destino de los personajes (muchos de estos capítulos serían ideales para utilizar como material de estudio en las escuelas, incluso cuando no se acerquen completamente a la verdad): la Primera Guerra Mundial, la pandemia de la Gripe Española, el Escándalo Marconi, el período de entreguerras, la formación del Estado Libre Irlandés, el hundimiento del Titanic, la lucha por el derecho al voto femenino...

Seguramente fueron desmedidos los dos millones de libras que se gastaron por episodio —se convirtió en la serie más cara de la historia de la televisión británica— para lograr los más altos valores de producción posibles, de modo que no nos quede otro remedio que admirar la escenografía, el vestuario (completamente original en las primeras temporadas y que nos permite realizar un recorrido histórico desde 1912 hasta los años 20), el maquillaje y la utilería usados.

Creo que quienes la han disfrutado por el Canal Multivisión coincidirán con que Downton Abbey, excelente en su intención de reflejar un estilo de vida, emana calidad por todas partes (habría que agregar, además, la música, la fotografía, la dirección...). Sí, definitivamente hay series que son cine, y este es uno de esos casos.

Downton Abbey es una serie excelente en su intención de reflejar un estilo de vida.

Curioso

Una gran polémica desató en las redes sociales la botella plástica que apareció en una fotografía utilizada para la promoción de la sexta y última temporada, en la que lucen muy elegantes el Conde de Grantham y Lady Edith delante de una chimenea, un cuadro, vasijas antiguas y… ¿Qué hizo ITV, la cadena británica productora de la serie? Aprovechó el error para hacer circular una segunda imagen en apoyo a una ONG que trabaja para llevar agua potable a las comunidades más pobres del mundo.

Los lectores decidieron

Ranking de JR: las primeras 44 series, según los 140 comentarios recibidos en nuestra página web www.juventudrebelde.cu puedes verlas aquí. Pero te adelantamos la gran ganadora: Juego de Tronos.

 

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