A la manera de Idania Valdés

La «niña mimada» del proyecto Buena Vista Social Club ofrecerá su primer concierto como figura central en el cine Yara, el venidero 8 de marzo a las 8:00 p.m.

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

De pequeña, Idania Valdés esperaba con ansias a que se estuviera acercando el final del espectáculo en el que su padre, el notable percusionista Amadito Valdés, tocaba acompañando al Cuarteto D’ Aida para salir disparada hacia el escenario para tener su show. «No era algo improvisado, es que verdaderamente sentía que aquel era mi gran momento», le cuenta sin rubor a Juventud Rebelde la «niña mimada» del proyecto Buena Vista Social Club; la fenomenal intérprete que el venidero 8 de marzo ofrecerá su primer concierto como figura central en el cine Yara, a las 8:00 p.m.

«A mí me encantaba contar con mi propio público, que me admirara cantando y bailando (sonríe). A los tres años ya me armaba mis coreografías y realizaba mis espectáculos, con esta cara en la que no le cabía ni un maquillaje más. Era, lo que se dice, una niña artista. Por eso mis padres me llevaron a hacer las pruebas de aptitud en la escuela Manuel Saumell, donde cursé el nivel elemental de piano. Más tarde matriculé Dirección coral en el Conservatorio Amadeo Roldán... Sí, cierro los ojos y me veo todo el tiempo rodeada de músicos y decidida a transitar todos los caminos que me llevaran al arte».

A Idania la música le tocaba por herencia. Primero se la transmitió a sus genes el abuelo Amadito Valdés, clarinetista y saxofonista, pionero de las orquestas Jazz Band en Cuba; y luego su papá, uno de los principales pilares del Buena Vista Social Club, pero también de Estrellas de Areíto y de las D’ Aida. «Por supuesto que con esos antecedentes es fácil adivinar que la influencia familiar fue definitiva. Cierro los ojos y me veo de pequeña al lado de mi papá en sus conciertos, en los ensayos... Lo mismo estaba en casa de Santiago Alfonso o de Luis Carbonell, que en el medio de un montaje en Tropicana».

—Pertenecer a una familia de artistas importantes puede resultar una presión para quien estudia una carrera de este corte...

—Es real, pero en mi caso reconozco que empecé a sentir esa «presión» de grande, cuando entré a Buena Vista Social Club. Entonces algunos decían: «Ah, ¿la cantante? Sí, la hija de Amadito», o «Claro, la hija de Amadito». Sin dudas, tuve que esforzarme mucho más para que las personas se percataran de que sí, soy la hija de Amadito Valdés, pero que estaba allí sobre todo por mi talento, por mi profesionalidad, por mi entrega.

«Bueno, por suerte luego uno va madurando y dejas de prestarle atención a esas opiniones, y comienzas a vivir, a disfrutar al máximo el orgullo de ser la hija de tu papá. Eso de la presión quedó hace algunos años atrás, porque he tenido la oportunidad de abrir mi propio camino con mi trabajo, con mi disciplina, con mi arte, que se ha expresado más allá de Buena Vista Social Club».

—¿Algo que te haya marcado en esa etapa de estudiante?

—Es difícil transitar por este tipo de escuelas de enseñanza especializada, donde no escasean los concursos con ese rigor tan alto que siempre tienen. A veces se olvida que sus alumnos son niños y se les ve como una máquina de estudiar. Quizá eso en algún momento me haya «movido» un poquito el piso, pero ciertamente fui una niña muy feliz. Alcanzar la felicidad de adueñarme de la música resultó mi mayor meta. Eso nunca lo dudé. Tampoco me desilusioné como sí le ocurrió a compañeros míos que abandonaron sus estudios.

—¿Qué pasó con tu carrera cuando te graduaste?

—Bueno, siendo estudiante todavía no permanecí indiferente al furor que hubo en Cuba con las orquestas femeninas y me uní como cantante primero a Habaneras Son, que dirigió Giraldo Piloto; y luego ingresé a un grupo mixto (porque había un muchacho trompetista) que se denominó Musas Son, con el cual permanecí alrededor de dos años y con el que realicé mi debut internacional en Islas Canarias. Al  regreso de esta gira fui invitada por mi papá a la presentación en Japón de su disco Bajando Gervasio, nominado al Premio Grammy 2003, y para que lo acompañara en diez conciertos que ofrecimos en el Motion Blue, un afamado club de Tokio.

«Justo a la vuelta de ese viaje me convocaron para que formara parte de Buena Vista Social Club, a finales de 2002, ya como integrante, porque la realidad es que en los años anteriores había sido llamada por los productores de los discos para que hiciera los coros en álbumes como Buena Vista Social Club presents Omara Portuondo, Bajando Gervasio, Flor de amor... Pero ahora querían incorporar específicamente en la orquesta de Ibrahim Ferrer, a una voz joven, que fuera una muchacha, y se decidieron por la hija de Amadito. Estamos hablando de un proyecto en el que solo había habido una única mujer, ¡y qué mujer!: Doña Omara Portuondo... O sea que llegué a Buena Vista por mi papá, pero les gustó mi trabajo. Debo decirte que al principio estaba a prueba y así me lo hicieron saber.

«En esas condiciones realicé mi primera gira con Ibrahim Ferrer. Fue por un mes a Estados Unidos y concluyó en el Auditorio Nacional de México. Cuando terminó Buenos Hermanos Tours —así se nombraba—, me dieron la noticia de que era miembro oficial del Buena Vista Social Club. De eso hace 15 años, yo contaba entonces con 20».

—¿Qué le ha aportado a tu carrera ser parte de la historia del Buena Vista?

—Es lo más importante que ha pasado en mi carrera hasta el momento y creo que se mantendrá en ese estatus por siempre. No puede ser diferente cuando se ha tratado de la bandera de la música cubana en el mundo. ¿Te imaginas lo que ello puede significar para una muchacha inexperta de 20 años? ¿Tener el privilegio de compartir el escenario con esas personalidades, con esos maestros? Es un regalo invaluable que me dio la vida, y yo lo que hice fue aprovecharlo, lo cual se traducía en trabajar duro, en respetarlos, admirarlos de corazón, a aprender de esas leyendas, una escuela en sí cada uno; a no intentar sobresalir. Creo que por eso ha sido tan positivo el resultado: empezar de corista y convertirme en unas de las voces principales del proyecto.

«Te digo que han sido años muy felices, porque no fue difícil lograr la empatía. No se puede olvidar que yo no era una desconocida para ellos. Era la misma niña de siempre. El Guajiro Mirabal me era cercano desde mi infancia; Ibrahim Ferrer me adoraba, su familia es parte de mi familia; Barbarito Torres, Eliades Ochoa, Omara, Orlando “Cachaito” López... Desde el inicio me acogieron como una compañera más... A ver, en la vida nada es color de rosa y en algún momento pudo haber aparecido alguna diferencia, pero jamás pasó algo desagradable que me hiciera sentir mal. ¡Nunca! Por el contrario. Y en la figura particular de Ferrer siempre encontré apoyo, cariño, a un padre o un abuelo».

—¿Y el público cómo se ha comportado contigo?

—Maravilloso. La verdad es que me ha ido bien. Sobre todo en esta etapa más reciente en que he tenido un poco más de protagonismo. El público se me ha acercado a preguntarme por qué no me dan más canciones a cantar, pero mi respuesta invariablemente es la misma: Yo soy parte de la banda. No quiero ni merezco protagonismo. El protagonismo es para los líderes que siguen con nosotros, en este caso Eliades Ochoa y Omara Portuondo. Yo estoy aquí en la retaguardia y ellos me permiten que yo pueda brillar, pero regreso de inmediato a mi lugar. Es esencial en la vida saber dónde está tu lugar. Sería muy pretencioso querer situarme al nivel de Omara o de Eliades, quienes, amén de sus extraordinarias trayectorias, son maestros en lo que hacen.

—¿Pero y tu carrera individual?

—Mira, a la par que he integrado el proyecto más significativo de la música cubana, me he dado a la tarea de llevar adelante mi propia carrera. No es ahora que Buena Vista Social Club tiene un stand by, que Idania está organizando su carrera. No, eso lo vengo haciendo desde hace más de cinco años: con un fonograma titulado Menos mal, laureado en Cubadisco; siendo protagonista de Chico & Rita, la película que fuera nominada a los premios Oscar 2012 y ganadora del Goya, del reconocido director Fernando Trueba y el afamado caricaturista Javier Mariscal, donde compartí créditos con el gran pianista Bebo Valdés (Chico); cantando en el CD Rhythms del Mundo, al lado de Omara y Ferrer, pero también de Sting, Aquila Rose, Coldplay,  Maroon 5, U2, Quincy Jones, Amy Winehouse...

—Parte de ese trabajo es el que propones para tu primer concierto, este 8 de marzo, a las 8:00 p.m., en el cine Yara, ¿no?

—Efectivamente, es un concierto que dedicaré a la mujer cubana, aunque no será al estilo de esos que se realizan para esta fecha. Para la ocasión, en que interpretaré algunos temas de mi disco Menos mal y en el que me acompañará una banda de impresionantes músicos conducidos por el saxofonista Michel Herrera, he invitado a dos cantantes espectaculares: Haila María Mompié y Haydée Milanés, y a las muchachas del cuarteto Frasis, pero también ocuparán un lugar muy especial: Eliades Ochoa, Alain Pérez y Leo Garrido, además de Amadito Valdés y Barbarito Torres, del Buena Vista...

—¿Cómo te sientes?

—Feliz y ansiosa porque llegue un momento tan esperado por mí. Cuento las horas que me separan de ese público al que quiero enamorar con mis canciones.

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