Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Una oportunidad para descubrir nuevos artistas y lenguajes

Esta Bienal es un regalo para el pueblo, dijo María Magdalena Campos-Pons, gestora del proyecto Ríos intermitentes, en Matanzas

Autor:

Aracelys Bedevia

Cuando a María Magdalena Campos-Pons le dijeron que estaba entre las artistas invitadas a la 13ra. Bienal, pensó en su tierra natal y decidió hacer un proyecto que mostrara la calidad, tradición, fuerza y proyección del arte contemporáneo que allí se hace.

Quiso esta mujer nacida en un pequeño pueblo perteneciente a la provincia de Matanzas, darle a la Atenas de Cuba la posibilidad de vivir una Bienal. Y lo ha logrado. Desde las alturas de Monserrate hasta el Castillo de San Severino toda la ciudad gira alrededor de Ríos intermitentes, título del proyecto con el que la ciudad de los ríos y los puentes se inserta en la Bienal.

La conocida artista vive y trabaja, desde hace muchos años, en Estados Unidos, país donde desarrolla su obra e imparte clases universitarias. Sin embargo, no olvida sus orígenes y mantiene vínculos con Cuba, en especial con Matanzas, donde la noche del lunes se inauguró oficialmente la Bienal, que tiene prevista presentaciones en 12 sitios oficiales, acciones comunitarias, performances, un encuentro teórico, obras en proceso y conciertos.

«No es un proyecto personal. Cuando pensé en hacerlo lo primero que hice fue llamar a los creadores de Matanzas. Luego convoqué a curadores de tres países para que hicieran la selección. Puedo asegurar que nadie vino a decirnos a quien invitar o no. Hemos tenido absoluta libertad para elegir a los participantes», afirmó María Magdalena Campos-Pons.

La Bienal, expresó la prestigiosa creadora, expande y da sentido de existencia y de territorio al arte visual contemporáneo que se produce en Matanzas. «Queremos revelar lo que se hace aquí porque nuestros artistas no han tenido suficiente reconocimiento. La Bienal podría, además, darle a Matanzas una razón de destino. Todo el que va a Varadero se detiene en Matanzas. Esto la ha hecho un lugar de pasada. Quiero que los artistas de las otras provincias vengan a Matanzas, que todos los que van a La Habana se lleguen aquí, así como los matanceros y los artistas que hemos invitado a la Bienal. Quiero que sea un acto mutuo, que tengamos el mismo tráfico y la misma fluidez para que se cumpla nuestro concepto: Matanzas destino, no punto de paso.

«Ríos Intermitentes le devuelve a Matanzas su posición geográfica, histórica y cultural dentro del contexto del discurso visual contemporáneo; y le da a sus artistas una posibilidad única en la historia de la Bienal: 25 artistas cubanos de una ciudad particular participando en el evento».

¿Por qué Ríos Intermitentes?

—Es una definición a partir de un concepto geológico. Matanzas está encima de una de las más grandes bases cavernosas de Cuba (Bellamar), y es la única ciudad cubana cruzada por tres ríos importantes. La llamaron en un momento no solo la Atenas de Cuba sino la Venecia de Cuba. Otros ríos fluyen debajo de la ciudad y cuando hay momentos fluviales muy fuertes remergen.

«Esas corrientes que fluyen y no son visibles (pero están presentes y en ciertas circunstancias emergen) son una metáfora bella para hablar de cultura y de las artes visuales. El río que está debajo de la ciudad une los diferentes puntos y es una metáfora para los diferentes proyectos y las ideas que confluyen y fluyen dentro de un proyecto que es un homenaje a la geografía de una ciudad dominada y sostenida por el agua.

«Matanzas fue y es centro de la cultura afrocubana, tuvo la mayor plantación de negros, y mantiene tradiciones autóctonas africanas que nada más se encuentran en esta provincia. Es maravilloso llamarlo Ríos intermitentes en el 2019, un año en que dominan Oggún y Oshún en la letra Yoruba. Era destino que le haya puesto este nombre, sin saber eso antes. Es bello y consistente con la cultura de esta ciudad».

Además del Palacio de Justicia, su sede principal, ¿en qué otros lugares disfrutaremos del evento?

—Quienes se acerquen a nuestra bienal verán varios proyectos artísticos que invitan a transitar la ciudad. Hay arte en plazas públicas, calles, en las galerías Esquerré y Génesis, en la sede de la Uneac, el Museo Provincial Palacio de Junco.

«Ríos intermitentes llega, igualmente, al cine Velazco, el teatro Sauto, el paseo de la calle Narváez con todos sus estudios y galerías-taller, así como al Palacio de Justicia, actual sede de la oficina del Conservador de la Ciudad, donde se exhiben dibujos, pinturas, esculturas, fotografías, de una gran parte de los 175 artistas invitados».

¿Cómo se siente después de tantos años deseando la Bienal en Matanzas?

—Maravillosa. Vengo de una familia de mujeres muy fuertes que cuando se proponen una idea trabajan hasta que lo logran. Este proyecto no es solo mío, tiene muchas manos y buenas energías detrás. Tengo mucha fe en que va a salir bien, porque contamos con personas extraordinarias como Luis Octavio Sierra, coordinador y productor de Ríos Intermitentes. Sin él no habría Bienal en Matanzas, se sabe la ciudad y lo respetan mucho.

«Estamos trabajando y tenemos el apoyo de mucha gente. Hay 64 artistas invitados, procedentes de Estados Unidos, Colombia, Italia, Pakistán, Costa Rica, Jamaica, Francia, Egipto, México, Etiopía. Cuando un creador dice que estará le da confianza a la Bienal y a Cuba, que abrió las puertas a un increíble número de artistas del mundo.

«Me siento contenta, entusiasmada. Estoy haciendo lo que pensé por mucho tiempo: un regalo a Matanzas, ayudar a una ciudad que es extraordinaria y ha dado mucha luz a la cultura nacional. Queremos abrir sus puertas con un área que ha tenido mucha validez pero ha estado un poco menos visible, y hacerle un homenaje a los maestros Agustín Drake, Lorenzo Padilla, José Ramón Chávez y Ramón Pacheco.

«Se dice rumba y todos identifican a Matanzas, pero se dice paisajes y alguna gente duda. Matanzas fue muy importante en las artes visuales. Dio a la academia nombres relevantes y lo que ahora hacemos es revitalizar y poner raíces nuevas para que esto florezca.

«Este proyecto es una continuación revitalizada y mirada desde el punto de vista de una artista, porque no soy curadora ni directora. Es una extensión de mi trabajo

«Nací y crecí en este lugar. Estudié en la escuela de arte de Matanzas y ahora estoy trabajando aquí con artistas que fueron mis compañeros de estudio. La vida nos separó por un tiempo, pero nunca me olvidé de Matanzas. Siempre he estado muy vinculada a esta ciudad. Regresar y hacer este proyecto ha sido un regalo también para mí».

¿Qué valor le atribuye al hecho de que Cuba defienda su Bienal cuando estos eventos, de alguna manera, en muchos lugares, están siendo sustituidos por las ferias comerciales?

—Son escenarios diferentes con potencialidades y resultados distintos. Una bienal es un espacio de discusión, análisis y crítica al discurso visual, una especulación de ideas y posibilidades de lenguaje. Una feria es un mercado de lo que está hecho. Es el lenguaje contenido. La Bienal es creación de ideas, es la continuación del discurso artístico.

«No pienso que tengan que verse en contraposición feria y bienal. Mi concepto académico es que son dos discursos. Uno no excluye al otro. Lo que hay que ver es de qué manera se nutren, y revitalizan. La feria es el mercado del arte. La Bienal ayuda al discurso que después entra en la feria. Es la oportunidad de descubrir nuevos artistas y lenguajes y expandir la visión y el conocimiento de los que ya están establecidos. 

«En Cuba debemos ser muy cuidadosos y no dejarnos arrastrar en esa discusión, porque nuestra Bienal es importante y fue establecida en solidaridad con muchos países. Siempre mantuvo esa condición. Es increíble el número de creadores que la Bienal de la Habana puso en el contexto de la visualidad global. Artistas de África, de Asia, del Medio Oriente, que nunca tuvieron espacios en otros eventos. Lo que tenemos que hacer es reforzarla.

«Valdría la pena que pudiéramos hacer una feria de arte diferente, que sería necesaria, una feria accesible, que considere que el arte no es solo una pieza que compra un millonario, sino también un objeto que una persona humilde puede llevarse a casa. No son excluyentes. No todo el mundo va a ser coleccionista, pero sí todos pueden amar el arte y vivir rodeados de arte.

«Soy guajira, fui campesina, ahora soy doctora, como ustedes me dicen. Pero vengo del campo, del pueblo, y mi padre desde que yo tenía 12 años y llegué a la casa con una obra de arte la amó, la entendió. No fue a la universidad ni estudió Historia del Arte pero sabía que era importante. La gente humilde también puede entender el arte.

«Vengo de ahí y tuve el privilegio de educarme y llevar mi nombre, el de mi terruño (La Vega, Maguito, Colón, Matanzas), al mundo entero. De esa fuente me nutrí para hacer mi trabajo. Esta Bienal es un regalo para el pueblo y la estamos haciendo con el pueblo».

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