El orgullo y un poco más - Deporte

El orgullo y un poco más

El equipo cubano superó a una ambiciosa escuadra de China y supo nadar a contracorriente para anclar en una de las finales de la presente Liga Mundial de voleibol

Autor:

Raiko Martín

Un grupo de jugadores, muy jóvenes por cierto, hizo revivir este sábado el orgullo del voleibol cubano. Conscientes de la trascendencia del duelo —en lo deportivo y lo anímico—, no dejaron caer la bandera y frente a una ambiciosa escuadra de China supieron nadar a contracorriente para anclar en una de las finales de la presente Liga Mundial de voleibol. La de su tercer nivel, claro está, contra una Turquía sin más empaque que los chinos, pero ahora mismo es el mayor premio posible. Y lo merecieron.

Del otro lado de la net encontraron los discípulos de Rodolfo Sánchez un rival extremadamente difícil, por eso los cinco sets (27-25, 22-25, 32-34, 25-22, 15-13) y la agonía. Exhibieron los asiáticos durante la primera mitad del partido un recibo impecable, una velocidad de ataque exquisita —apenas fueron bloqueados cinco veces y ninguna por los centrales—, y la capacidad de desnudar con su variedad de servicios las habituales falencias en la recepción del equipo cubano.

Fueron estas sus premisas para poner el duelo a punto de mate, sobre todo por las secuelas psicológicas que quedan después de una extenuante derrota parcial como la del tercer set, en el que los caribeños no supieron cerrar la pinza con los tantos definitorios.

Sin embargo, la nueva hornada de voleibolistas cubanos tiene, además de una notable preparación física, entereza mental y un talento que, con el tiempo justo, puede convertirse en arma mortal contra cualquier oponente. Porque no solo es el poder de ataque del opuesto Rolando Cepeda (24 puntos), sino también el protagonismo de los inexpertos auxiliares Javier Jiménez (25) y Osmany Uriarte (21), quienes mejor disimularon el ahora escaso aporte de los centrales. El grupo tiene proyección y futuro.

Fue, sin dudas, una final adelantada, como debería ser entre quienes dominaron sus respectivos grupos clasificatorios. Pero, gracias a su condición de sede, Turquía recibió el beneficio de enfrentar en la semifinal a Eslovaquia, y luego de sets corridos (25-22, 25-21, 26-24) se hizo un hueco en el partido del adiós.

Ya los turcos probaron el sabor del triunfo frente a los cubanos en la instancia previa, que se selló con un éxito por bando. Pero sucedió cuando ningún resultado podía modificar la clasificación ni el liderazgo cubano. Ahora, en su patio, intentará la proeza, mas ya no es lo mismo. Anda en juego algo más que el orgullo.

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