Camagüey afila los bastones

Con un palmarés de tres Juegos Escolares en su trayectoria, el jovencito Saúl Radamés Rubio Cabrera confiesa que su sueño es integrar la selección nacional de hockey

Autor:

Luis Raúl Vázquez Muñoz

CIEGO DE ÁVILA.— Bajo un inclemente sol de verano, en el terreno resonó el pelotazo contra la portería de metal. Era en el tanto número siete de Camagüey contra Ciego de Ávila. En el área de visitantes, Leonardo Camejo Martínez observa impasible el juego de sus muchachos.

Él es el director técnico (DT) del equipo de hockey camagüeyano y profesor de la EIDE Cerro Pelado. El pitazo final sella la victoria y el docente imparte las instrucciones. Sabe que es un partido que les da aliento para el pase para discutir el oro; pero no se confía.

«A estas alturas sería un error pronosticar quién puede ganar —explica. Ciego de Ávila, sin dudas, es el favorito. Ya está clasificado para discutir el oro. Este partido que acaba de perder no era importante. Lo que sucede es que los avileños tienen lesionado a su mejor jugador y eso puede influir. Pero aun así, ellos son un equipo con garra y van a guapear muy duro. Por nuestra parte nosotros queremos estar en la pelea».

La incertidumbre en los pronósticos se vio en el terreno. Ciego de Ávila dio trabajo para que superaran sus defensas y muchas veces sus jugadores se deslizaron entre las formaciones de sus contrincantes y dispararon a raja tabla contra la portería. Solo que ahí estaba una de las cartas de triunfo de los agramontinos: el portero Idelbrand Martín Ricardo, considerado el mejor portero de hockey del país en los pasados Juegos Escolares.

No es la única, sin embargo; pues entre los muchachos hay uno de 14 años, bajito y delgado: Saúl Radamés Rubio Cabrera. Al preguntarle al DT por sus mejores atletas, el profesor enseguida señala al muchacho y sus compañeros de equipo, al descubrir la entrevista y la posible foto, enseguida lo rodean. «Vaya, vas a salir por la prensa», se oye en tono de broma y Saúl palidece por la pena.

«A ver —preguntamos—, ¿por qué ustedes dicen que es uno de los buenos?». Varias voces compiten por sobresalir al mismo tiempo. Uno se escurre entre sus compañeros y grita: «Porque es muy técnico y siempre apoya a sus compañeros cuando está mal o comenten un error. Nunca juega para él solo».

Saúl se recuesta a la tapia que protege el terreno. Este amante del reggaetón, aprovecha la sombra pare enjuagarse el sudor y empieza a hablar rápido y bajito, tanto que a ratos hay que aproximar el oído y pedirle que repita las palabras. Así aparecen sus primeras confesiones.

«Es que este no es un juego de una sola persona —dice—. Todos tenemos que ayudarnos. Uno solo no juega un partido y todos tenemos que echar pa’lante. Lo que hay es que guapear. Este es un deporte duro, puedes recibir golpes grandes y no puedes tener miedo».

Cuenta que su gusto surgió de niño, cuando acompañaba al terreno a su padre, Pablo Radamés Ríos García, quien fue entrenador de la disciplina. Desde ese tiempo, su inclinación quedó sellada. «Jugar hockey, solo eso. Más ningún otro deporte me interesó», dice con firmeza.

Ahora, con un palmarés de tres Juegos Escolares en su trayectoria, Saúl confiesa que su sueño es integrar la selección nacional. Dice que ahí tiene a un gran amigo, Yancel, y quien lo observa desde afuera enseguida aprecia la velocidad con que se desplaza y la precisión en los tiros. «¿En quién te inspiras para jugar así?», le preguntamos. El muchacho encoge los hombros: «¿En quién va hacer? En el mejor de todos». «¿Y quién es el mejor jugador para ti?». «Mi papá –responde-. Eso no tiene discusión».

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