El balón, el espectáculo y el aro

La fuerza de los Búfalos avileños definió la final de la Liga Nacional de Baloncesto

Autor:

Norland Rosendo

Como nunca, la Liga dio su último estirón a la sombra de un juego de pelota. Fue la menos feliz de las coincidencias: play off simultáneos de Baloncesto y Béisbol. Para los que gustan del boxeo, imaginen una pelea entre el superpesado Erislandy Savón y el minimosca Johanys Argilagos. Si algo salvó al básquet del nocaut fue que una misma provincia, Ciego de Ávila, estaba representada en ambas finales.

La XXII Liga Superior de Baloncesto (LSB) concluyó este sábado con la novena corona del mejor equipo de los últimos años: los Búfalos avileños. Han estado en 11 finales consecutivas y han ganado nueve. Contra los habaneros han jugado ocho series por el cetro y han triunfado en seis. Por segunda vez, cuatro patadas y descarrilaron al Tren de la capital antes de que llegara a la estación dorada.

Pero la Liga ya no es como la de antes, aquella que llegó a ser el segundo espectáculo deportivo de Cuba. ¿Podrá el tiro (la competencia) entrar otra vez por el aro? Muchos lo dudan; pero yo, en cambio, creo que sí.

En esta temporada se extrañaron a jugadores que están contratados en el extranjero. Esa será una práctica que debe seguir consolidándose para bien del baloncesto insular y de los propios atletas en el orden individual. Cuando puedan, que participen en la Liga nuestra, pero su ausencia no debe ser argumento para justificar reveses.

Sin embargo, hay aspectos que ameritan un examen juicioso para futuras temporadas. En diálogo con varios entrenadores, hubo consenso en que el actual formato de la Liga no favorece una adecuada relación trabajo-descanso.

Se juega cuatro días a la semana, dos suelen ser para traslado y queda solo uno para descanso. Además de que el transporte y todos los alojamientos no cuentan con el confort deseado, con ese régimen es imposible entrenar como se debiera antes de cada partido y, por tanto, aumentan las probabilidades de lesiones.

Concuerdo con quienes consideran que no hay tanta calidad actualmente para mantener ocho selecciones en la lid. Seis conjuntos, bien reforzados, aumentarían la competitividad. Para desarrollar talentos está el Torneo Nacional de Ascenso y no la Liga, que debe ser la competencia élite del baloncesto cubano.

Sobre los refuerzos, pudiera aplicarse un sistema parecido al de la pelota, con una bolsa nacional y no por regiones, pues hay zonas, como la occidental, en la que la cantera es mayor. Incluso, sería beneficioso «blindar» aun más a los cuatro semifinalistas. Pensemos en jugadores virtuosos cuyos elencos rara vez clasifican a la postemporada y a quienes les resultaría muy provechoso jugar en play off.

Desluce en exceso que los uniformes no tengan, como en las competencias oficiales de la FIBA, los apellidos de los atletas y que los números no siempre coincidan con los inicialmente registrados. También le resta brillo a la justa que los refuerzos hayan jugado la mayor parte del certamen sin los trajes adecuados. Y debería valorarse también, si queremos darle a la LSB mayor rango, entregarles vestuario apropiado a los entrenadores. ¿Sería tanto el desembolso de presupuesto?

Es imprescindible, además, crear un mecanismo eficaz que les garantice a los cuerpos de dirección de cada equipo disponer, al finalizar cada subserie, de las estadísticas generales de la Liga.

Después del retorno de los Lobos de Villa Clara al podio con su meritorio tercer lugar, fue lamentable que su director y los dos jugadores premiados en el quinteto ideal no hubieran recibido, personalmente, sus lauros en la ceremonia de clausura, efectuada en Ciego de Ávila. Son detalles que cuentan a la hora de valorar la exquisitez organizativa.

La Liga es un torneo que cuenta con su público. Tiene una historia envidiable. Pensemos en cómo hacerla, otra vez, un auténtico espectáculo. Un buen canastazo inicial sería reunir —y procesar con sentido crítico y constructivo— los múltiples criterios y sugerencias de directivos, entrenadores, jugadores, árbitros y prensa. Hagamos, entre todos, que la bola entre por el aro.

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