Es hora del juego limpio

Año tras año, el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba sube su net, y año tras año, la pequeña Isla se tiene que erguir para burlar el cerco

Autor:

Norland Rosendo

Cuentan que el profesor Eugenio George solía en los entrenamientos colocar la net por encima de los 2.24 metros que oficialmente están estipulados para el voleibol femenino. Los escépticos pensaban que Mireya Luis no podría burlar esa barrera; los optimistas esperaban su salto espectacular. Casi siempre, los segundos ganaban la apuesta.

Año tras año, el bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba sube su net, y año tras año, la pequeña Isla, como la Espectacular Morena del Caribe, se tiene que erguir para burlar el cerco y lograr remates que, aunque más costosos, garantizan que el movimiento deportivo cubano se sostenga y logre, incluso, medallas olímpicas que países más ricos añoran.

La diferencia entre una historia y la otra radica en que Eugenio quería que su pupila creciera aún más como atleta, mientras los Estados Unidos insisten, infructuosamente, en cortarle las alas al sueño de ser campeones de miles y miles de niños y jóvenes que nacen en nuestro país con potencialidades para practicar deportes.

De no ser por la hostil política estadounidense, Cuba podría adquirir más recursos con la misma cantidad de dinero invertida actualmente en el mercado mundial, podría diversificar las facturas; incluso, podría captar más divisas si no le fuera negado el acceso al dólar.

En la tabla que acompaña este trabajo aparecen ejemplos elocuentes sobre los costos adicionales que implica el bloqueo para el deporte en nuestro país.

A pesar de ello, Cuba logra subir a la pizarra puntos que enardecen a las tribunas. No son todos los deseados, pues en un mundo mercantilizado como el actual, el deporte de alto rendimiento solo sobrevive a la voraz competencia de los poderosos si dispone, además de inteligencia, principios y valores, de un fuerte soporte financiero y tecnológico.

Si no fuera por la posición imperial de Washington, no hay dudas de que nuestros éxitos en el deporte, tanto en el concierto internacional como en el desarrollo de la cultura física, serían en solo tres sets y no en tie break (por los costos, no por el talento de los cubanos).

Cuba ha aprendido a erguirse sobre el cerco. A buscar el tanto de la victoria, ya sea con remates o con fintas ingeniosas. Porque esta Isla, como Mireya Luis, está entrenada para jugar con la net a cualquier altura. Y eso lo saben los ideólogos del bloqueo. Es hora, pues, de que jueguen limpio.

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