Fidel y el «asalto» a Barcelona

El Comandante en Jefe celebró el 26 de julio de 1992 por partida doble: primero,en España; luego, en Cienfuegos

Autor:

Osvaldo Rojas Garay

Aquel de 1992 fue un 26 de Julio diferente a los demás. Por primera vez después del enero victorioso de 1959 nuestro Comandante en Jefe, Fidel Castro, no estaba en Cuba para celebrar otro aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.

Esto motivó también que por primera ocasión el acto por la importante efeméride no se efectuara en su fecha exacta, pues las actividades centrales en homenaje al Día de la Rebeldía Nacional se desarrollaron en Cienfuegos el 5 de septiembre del propio año, oportunidad en que el líder de la Revolución expresó:

«Como todos sabemos, hoy conmemoramos una doble fecha, el 26 de Julio y el 5 de Septiembre […] algunos sacaron la cuenta de que yo había estado presente en todos los actos por el 26 de Julio, y como en este caso tenía ineludibles compromisos internacionales, inventaron posponer la celebración del 26 de Julio: un gran honor, pero no precisamente un gran favor, porque podía haberse tenido en cuenta que si he hablado durante todos los 26 de Julio de los años de la Revolución, me habrían podido librar una vez…

«Dio, además, la casualidad de que Cienfuegos se hizo acreedor de la sede del acto nacional por el 26 de Julio, que es una fecha nacional; y que en Cienfuegos tuvo lugar la histórica acción del 5 de Septiembre. Ese día, en 1957, se estaba combatiendo todavía en la ciudad de Cienfuegos, fue un combate verdaderamente resuelto y heroico».

¿Qué compromisos de envergadura habían originado la ausencia física de Fidel en una fecha tan significativa?

Los días 23 y 24 de julio, Madrid organizó la 2da. Cumbre Iberoamericana, en la cual el entonces Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba presidió la delegación de nuestro país.

Después de su participación en el trascendental evento, Fidel estuvo presente el 25, en Barcelona, en la inauguración de los 25tos. Juegos Olímpicos de la era moderna.

Transcurrida poco más de una hora de que la canción Barcelona se escuchara en las voces de Monserrat Caballé y el desaparecido vocalista de Queen, Freddy Mercury, hizo su entrada en el fabuloso estadio de Montjuic, la representación cubana.

Al paso de la embajada atlética criolla encabezada por la bandera de la estrella solitaria portada por el sobresaliente luchador pinareño Héctor Milián Pérez, el Comandante en Jefe, de pie, saludó visiblemente emocionado a los deportistas de la Mayor de las Antillas.

Tras presenciar la vistosa ceremonia presidida por los reyes de España, el entonces jefe de Gobierno de ese país, Felipe González, y Juan Antonio Samaranch —titular del Comité Olímpico Internacional (COI) hasta el 2001—, Fidel y los restantes mandatarios que intervinieron en la Cumbre asistieron a la celebración del Día Iberoamericano, en la Expo Universal de Sevilla.

Coincidió su estancia en esta ciudad con el 39no. aniversario del histórico ataque, hecho que no fue inadvertido por el numeroso grupo de sevillanos que rompió la tranquilidad de la madrugada con gritos de «¡Se siente, se siente, Fidel está presente!» y «¡Fidel, amigo, Sevilla está contigo!».

Luego nuestro líder se trasladó hacia Galicia, y el 28 de julio visitó Láncara, lugar donde nació su padre Ángel Castro. Al día siguiente regresó a la Patria.

Semanas más tarde lo tendríamos con sus esclarecedoras y orientadoras palabras en la Perla del Sur, en un acto que, además de celebrar los 39 años del acontecimiento y los 35 del levantamiento del pueblo cienfueguero contra la tiranía batistiana, constituyó el reconocimiento nacional a la delegación deportiva cubana a los Juegos Olímpicos de Barcelona.

Después de 12 años de ausencia, los criollos habían retornado a las citas estivales para escribir su página más brillante en estas lides cuatrienales: ¡quinto lugar!, con una asombrosa suma de 14 preseas de oro, seis de plata y 11 de bronce.

«Una de las características de este acto —dijo Fidel— además de la doble fecha y del honor que significa para los revolucionarios cienfuegueros, es que también en él rendimos un merecido homenaje a nuestros gloriosos atletas que tan extraordinarios éxitos alcanzaron en las recientes olimpiadas».

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