Cuando el equipaje pone en peligro una medalla

La mexicana Nayeli García Mariscal casi se vuelve de la capital cubana a su país sin presentarse en el Triatlón de La Habana, pero terminó con una presea de plata en la prueba Sprint Popular

Autor:

Julieta García Ríos

Pagó su boleto a Cuba y la inscripción en el Triatlón de La Habana con casi un año de antelación. Le animaba competir en la prueba de Sprint Popular que este año tuvo la presencia de 278 triatletas. Pero sus sueños de protagonizar el certamen del que tanto le había hablado su entrenador se frustraron cuando al descender el avión chocó con un imprevisto: su equipaje se había quedado en México y acá solo estaba la bicicleta de carrera.

Sin sus zapatillas, casco, espejuelos y vestuario deportivo la mexicana Nayeli García Mariscal no podía competir. Por lo que entendió que en Cuba no tenía nada que hacer. Y decidió volver cuanto antes a casa, en el Distrito Federal.

Afortunadamente, al día siguiente de su llegada a La Habana una llamada telefónica de la aerolínea le notificó que su equipaje ya estaba completo. «Un taxi va camino con sus maletas», le informaron.

«Entre rayando a la acreditación y di un recorrido muy rápido por el circuito», dice la joven de 27 años que ahora sostiene un trofeo que certifica haber ganado el segundo lugar en la categoría de 25 a 29 años de edad de la Sprint Popular: 750 metros a nado, 20 kilometros en bicicleta y cinco de carrera.

Sobre la piel lleva escrito el número 444. Acaba de descender del podio de premiación cuando intercambia palabras y su visera con una triatleta cubana. 

Ha transcurrido algún tiempo desde que cruzó la meta de competencia ubicada en los jardines del Hotel Nacional de Cuba. Está feliz, reluciente por debutar en la competencia con un premio.

Se adelanta a contar que fue su entrenador quien la animó a venir. «Él estuvo antes y me dijo que era un circuito muy bonito».

—¿Y qué te pareció?

—Que es cierto. Además de la belleza del paisaje, fue una competencia tranquila, porque el pavimento ayudó mucho. La bici es delicada y si hay baches es mayor la probabilidad de poncharse. En México hay baches y demasiadas curvas y bajadas que hacen el ciclismo muy peligroso. Acá fue súper lindo porque la gente se preocupaba por saber si ibas bien.

—¿Cómo fue tu competencia?

—Muy bien. Una pantalla anunciaba que el agua del mar estaba a 25 grados. La imaginé más fría, pero estuve a gusto. Lo mío es la «nadada» y fui la primera en salir. Eso ayudó para que no me alcanzaran. Luego se me zafó la cadena de la bicicleta, pero la volteé rápido y acomodé, por lo que, si acaso, se me adelantaron dos atletas. Ya en la «corrida» me guiaba por los hombres que tenía delante y me proponía pasarles. Si veía alguna chica joven pensaba: «seguro es de mi categoría», y volvía a apretar el paso.

—¿Vendrás en el 2019?

—Seguramente regresaré. Voy a entrenar más, porque ahora quiero el primer lugar.

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