De la incertidumbre a la polarización en elecciones de Ecuador

Los ecuatorianos votan hoy, pero parece que las definiciones serán en segunda vuelta. ¿Noboa vs Correa?

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Si pudiera constatarse este domingo la homogeneidad vista en las manifestaciones que expulsaron a Lucio Gutiérrez, Ecuador tendrá presidente electo hoy. Si no —y es muy probable—, habrá que esperar a la segunda vuelta.

Las leyes son menos exigentes que en otras naciones. No es indispensable en Ecuador la mayoría absoluta dada por el 50 por ciento más uno de las papeletas pues el consejo electoral puede proclamar ganador al que obtenga el 40 por ciento, si además rebasa en diez puntos porcentuales de votos a su más cercano rival.

Pero puede que no resulte fácil a los ecuatorianos elegir mandatario en esta primera ronda aún teniendo claro lo que no quieren, como fue ostensible en los hechos de abril de 2005, cuando las movilizaciones diarias y pacíficas de distintos sectores sociales cercenaron el mandato de un Gutiérrez cuestionado, entre otros incumplimientos, por su falta al compromiso hecho con los pobres; aunque a la luz del tiempo transcurrido muchos estimen que se le catapultó al poder, precisamente, para detener la beligerancia de los movimientos sociales que ya habían demovido a Jamil Mahuad en el año 2000 y, antes, a Abdalá Bucaram...

Una razón para que los deseos de cambio demostrados entonces no logren cohesionarse hoy, podría estar en la ausencia de una candidatura y un programa únicos de los opositores al desorden, entendidos en el sentido más amplio, como sumatoria de los que no quieren la política corrupta y entreguista tradicional, que estalla en pedazos en toda América Latina y contra la cual ya se han rebelado más de una vez en la nación andina.

...El clamor de «que se vayan todos», escuchado primero en Argentina, solo fue detenido en el Ecuador movilizado de abril/2005 cuando, pendiente sobre su cabeza la amenaza de la injerencia de la OEA, el Congreso tomó juramento al vicepresidente Alfredo Palacio y dotó al país de mandatario, siguiendo el cauce de las leyes y la institucionalidad y evitando la intromisión extranjera.

Defensor de ese deseo de cambio es el discurso del candidato de Pashakutik, Luis Macas, primer indígena que se postula aunque, según fuerzas integrantes de la propia Confederación de Nacionalidades Indígenas (CONAIE), su aspirantura no acapare ni represente todas las voluntades dentro de ese combativo sector; o el de Luis Villacís, por el Movimiento Popular Democrático.

Correa. Ese deseado rompimiento con la política tradicional explica el rápido ascenso ahora en las preferencias preelectorales de Rafael Correa, el ex ministro de Economía que apenas fungió poco más de cien días en la cartera, junto a Palacio.

Aunque, como él, otros aspirantes entre los 13 que se han postulado lo hacen en nombre de los de abajo, Correa ha ascendido velozmente en el favor de los votantes, y las encuestas lo situaban cerca del 40 por ciento necesario para ganar, aunque todavía con alguna diferencia.

Respaldado por su recién estrenado partido Alianza País, no tiene ataduras ni compromisos con viejas agrupaciones políticas cuyo engranaje define como «partidocracia» y el programa que anuncia para muchos resulta radical, aunque se le describa como un licenciado en Economía proveniente de la clase media baja guayaquileña que ha hecho másteres en Bélgica y Estados Unidos.

Declarado católico, desarrolló misiones junto a los desposeídos de su país cuando aún no había entrado en la política, y desde sus tiempos de ministro se ha pronunciado contra la deuda externa que propicia tanta deuda social, y contra la expoliación de los organismos financieros internacionales. Correa ha anunciado el propósito de una Asamblea Constituyente por lo que su partido no presenta hoy aspirantes al Congreso; se proclama francamente antineoliberal y contra el TLC; ha prometido que luchará contra la corrupción y el entreguismo, repudia la continuidad de las tropas yanquis en la base de Manta luego de que venza en 2008 el convenio que permite su presencia allí, y no ha tenido pelos en la lengua para señalar las «torpezas» de Bush, y aceptar y hasta encomiar públicamente la amistad que dice le une con el presidente venezolano Hugo Chávez, aunque esa relación sea uno de los puntos usados por los enemigos para «denigrarlo».

Por eso, junto a su popularidad, a medida que este 15 de octubre se acercaba, ha descollado el temor que ese discurso de Correa inspira y, a partir de ahí, los esfuerzos de la derecha sustentada en el alto empresariado y la oligarquía —como en todas partes— por entorpecer su avance.

Los miedos, justamente, son los que pueden definir la en principio muy dispersa campaña preelectoral en los dos polos antagónicos de siempre: los de arriba (la derecha y la oligarquía), y los representantes de los intereses del pueblo.

De tal suerte, el otro handicap que tienen hoy quienes quieren un cambio en Ecuador es la manipulación y las previsibles maniobras, dentro y fuera, de quienes han detentado el poder, para hacer que en Ecuador se mantenga el estatus quo.

NOBOA CONTRA EL CAMBIO

Noboa. Así, podría afirmarse que la campaña se convirtió en los últimos días en un torneo que giró alrededor de su figura. Correa puede llegar, puede ser consecuente o no, o resultar o no maniatado si obtiene la presidencia pero, ciertamente —y algunos lo han recordado— hoy enarbola las principales banderas por las que han luchado los movimientos populares ecuatorianos.

Roldós. Como resultado del esfuerzo por sacarlo del camino se dice que el multimillonario Álvaro Noboa, aspirante varias veces a la presidencia y, posiblemente, el hombre más rico del país y uno de los más poderosos de América Latina, ha sido empujado hacia arriba, y pujaba ya por el segundo lugar en las intenciones con León Roldós quien, respaldado por la coalición Red Democrática e Izquierda Unida y con una imagen tranquilizadora y honesta, aparecía al principio como puntero y, después, en el segundo puesto.

Son varios quienes comentan que Noboa no ha escatimado en tomar de su caudal para ponerlo en función de la campaña, donde ha invertido altas sumas para ganar el favor del electorado pobre no solo con promesas sino, además, con regalos.

No debe sorprender entonces que una segunda ronda se defina entre los dos: Correa y Noboa.

Como parte de la campaña contra el primero debe entenderse la temprana advertencia contenida en los despachos cablegráficos que han dado cuenta de la «conmoción» que su ascenso ha causado en Wall Street.

Según lo citó la agencia AP, el diario Wall Street Journal tildó hace unos días a Correa como un «demagogo sediento de poder», y afirmó que su eventual victoria en segunda vuelta «se vería como un ataque muy significativo a la política latinoamericana de Washington».

Para muchos, eso es lo que más preocupa.

Cifras que no están en los pronósticos Además del presidente y vicepresidente, los ecuatorianos eligen hoy a cien diputados al Congreso, a los concejales municipales y consejeros provinciales. Están empadronados 9,1 millones de electores de una ciudadanía estimada en 13 111 746 habitantes. El descreimiento hacia los partidos tradicionales está sustentado en las desigualdades. Cifras del Banco Mundial afirman que el 20 por ciento de la población concentra el 64 de los ingresos, mientras que más del 60 por ciento vive en condiciones de miseria. Una evidencia de la falta de confianza en las instituciones es el llamado de organizaciones defensoras de los derechos humanos y otras de corte social a votar nulo hoy en las papeletas para elegir a los diputados, como medida de protesta contra la ineficacia y la corrupción. Tan segura parece la segunda ronda prevista para el 26 de noviembre, que a propuesta del saliente Alfredo Palacio, la Comisión Jurídica del Tribunal Supremo Electoral aprobó la realización de una consulta popular ese día, para dar paso a un referéndum sobre los temas de salud, educación y gasto social.

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