Visita Bush la capital vietnamita

El país asiático que soportó por años una cruenta agresión norteamericana es ahora anfitrión del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), que comienza este sábado

Autor:

Juana Carrasco Martín

   Masacres en Vietnam Aunque parezca paradójico o insólito, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, está en Hanoi, la capital vietnamita, porque el país asiático que debió soportar por años una cruenta agresión norteamericana es ahora anfitrión del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), que comienza este sábado y se extenderá hasta el domingo.

Bush está de visita oficial y, además de las reuniones acostumbradas entre las altas autoridades de ambos países, resultan notables las declaraciones que ha realizado sobre la permanencia de las tropas de su país en Iraq.

En uno de sus acostumbrados «bushismos», en este caso enigmático, dijo: «Treinta años atrás Vietnam nos enseñó una lección. No nos iremos de Iraq y venceremos si no abandonamos».

Habrá querido decir que Estados Unidos, luego de que sus tropas perdieran 58 158 efectivos en aquella guerra tenía que seguir enviando hombres y armas a la península Indochina; continuar masacrando al pueblo vietnamita, porque tres millones de víctimas no les eran suficientes; cubrir de sangre y fuego al noble pueblo asiático, reducir esa tierra a cenizas incluso nucleares y, luego sobre quién sabe cuántos cadáveres más de uno y otro lado, plantar la bandera de las barras y las estrellas y gritar: «¡Victoria!»

¿A eso se refiere cuando habla de que la lección es persistir?

¿Acaso piensa que abandonaron y por eso fueron derrotados? ¿No alcanza a comprender que fueron derrotados, y por eso aquella caótica huida, que la posteridad reconoce en la imagen de los marines aferrándose despavoridos a la escala de un helicóptero de guerra en la azotea de la embajada de EE.UU. en Saigón (hoy Ciudad Ho Chi Minh)?

 Masacres en Iraq. !Y dice Bush que EE.UU. ha aprendido la lección¡ Después, en otra frase altisonante para referirse a la invasión de Iraq, hay que admitir que desplegó toda su capacidad para el autoanálisis, y sin siquiera darse cuenta de ello: «Va a requerir un largo tiempo para que la ideología de la esperanza, que es la ideología de la libertad, se imponga a la ideología del odio».

Y en las nuevas circunstancias de la región —que visita tras otra derrota, la de los republicanos en las elecciones de medio tiempo—, con esa persistencia que añora, Bush saca a relucir tal rencor acumulado, la animadversión que pudiera conducir a un conflicto armado.

No pocos despachos de prensa coinciden en que Bush llevará este sábado a la APEC su expectativa de que el Foro no discuta los problemas comunes y las divergencias entre la veintena de países miembros de esa entidad de concertación económica, sino que tiene la intención de transformarlo en un bloque político que enfrente los planes nucleares de la República Popular Democrática de Corea.

Quizá con esa sabiduría proverbial y ancestral de los pueblos asiáticos, uno de sus más viejos aliados, Corea del Sur, advirtió que en ese punto la solución definitiva solo puede alcanzarse por medio del diálogo pacífico entre los seis países que están involucrados (las dos Coreas, Japón, Estados Unidos, Rusia y China) y a nivel bilateral.

La lección está clara para todos, en Iraq o en el Lejano Oriente. Ojalá que el díscolo alumno abriera sus entendederas...

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