Bush en consultas a puertas cerradas

Autor:

Juana Carrasco Martín

De un lado iraquíes inocentes muertos; de otro, soldados norteamericanos que llegan a casa en ataúdes. Las imágenes son las mismas hace tres años y medio. ¿Y ahora es que Bush se da cuenta del desastre? Fotos: AP La plana mayor de bushismo: George W. Bush, su vicepresidente Dick Cheney, y la secretaria de Estado Condoleezza Rice, andan de consultas obligadas. Ahora, cuando la cosa está en candela y tiende a ser cada día peor en su estado de guerra, resulta que buscan «consejos» que califican de «componente importante para establecer un nuevo enfoque para avanzar en Iraq».

Este lunes la reunión fue con altos funcionarios del Departamento de Estado, y realizarán otras con el Pentágono, con otros miembros de su gobierno, con militares retirados y con funcionarios del gobierno iraquí, en un intento infructuoso por encontrar el éxito y la victoria en el caótico escenario bélico mesoriental.

Hasta una video-conferencia con los llamados Equipos de Reconstrucción de Estados Unidos en Iraq matizó el primer encuentro para escuchar otros criterios sobre el informe que recién le hizo la Comisión Baker-Hamilton, sobre todo en lo que respecta a la propuesta de negociar con Irán y Siria para que ambos Estados le ayuden con el caso Iraq. En principio Bush rechazó esa sugerencia, pero este lunes viró la tortilla y, sin mencionar nombres, dijo que los vecinos de Iraq tienen «responsabilidades para ayudar a que sobreviva esta joven democracia en Iraq».

Si leemos entre líneas todo parece indicar que ahora el W. está dispuesto a compartir responsabilidades y zafarse el cuerpo de su propia obcecación. Pero sigue alucinando a la hora de proyectar el problema: «Como la mayoría de los estadounidenses este gobierno quiere tener éxito en Iraq, porque entendemos que el éxito en Iraq ayudará a proteger a Estados Unidos a largo plazo», dijo Bush, sin tener en cuenta que ya el 68 por ciento de los norteamericanos están convencidos de que Estados Unidos está perdiendo esa guerra.

Sin embargo, insiste en la terminología inventada para poder mantener una guerra sin fin, y conservarse como pobre e indefensa víctima del «terrorismo» cuando dijo como justificante: «Iraq es un componente para derrotar a los extremistas en el

Oriente Medio que quieren establecer un santuario que podrían usar para atacar a Estados Unidos», y en el discurso radial sabatino del día 9 volvió a repetir que no se «precipitará» ni dejará «un vacío de poder» haciendo que sus tropas regresen a casa.

La retirada gradual a inicios de 2008 es otra de las propuestas de la comisión que tampoco agrada a quienes hasta el momento han actuado como autócratas y de esa forma llevaron a Estados Unidos a la contienda. Un escenario bélico que ha arrebatado la vida a 2 931 soldados y a los bolsillos de los contribuyentes 350 000 millones de dólares, según datos de la Oficina de Presupuesto del Congreso, y sigue en aumento constante esa cifra, al punto de que ya se afirma que cada semana de guerra significa un gasto de 2 000 millones de dólares.

Y mientras las aguas se vuelven cada vez más turbias para el jefecillo de la Casa Blanca, en el ámbito interno no cesa la represión a las voces disidentes. También este lunes, un juez encontró «culpable» a la luchadora pacifista Cindy Sheehan, cuyo hijo murió en esa guerra maldita, y a otras tres activistas contra la guerra, porque entraron en una propiedad ajena en Nueva York: la misión de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, solo para intentar entregar una petición contra la guerra en Iraq avalada por 72 000 firmas.

Así, Bush y su gente le viran las espaldas al consejo mayor, a la consulta imprescindible, la que deben hacer con su pueblo, el que pone dolor, sangre y sudor...

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