Bolivia en plena refundación

Evo Morales ha celebrado su primer año de gobierno rindiendo cuentas al Congreso y a las bases

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Foto: AP Fiel al que ha identificado como el principio rector de «mandar obedeciendo», Evo Morales ha celebrado su primer año de gobierno rindiendo cuentas al Congreso pero, también, a las bases. Con la celebración del acto de masas que selló los festejos en Bolivia ayer, Evo y el MAS han ratificado que si algo seguirá caracterizando su gestión es, precisamente, la vinculación con el pueblo.

De los reclamos populares que él mismo enarboló cuando emergió como dirigente cocalero se ha nutrido el programa que lo llevó a la primera magistratura, y que durante este año Evo ha ido materializando con la sapiencia, la paciencia y la firmeza de sus ancestros indígenas.

Nacionalización de los hidrocarburos y la consiguiente renegociación de los contratos con las transnacionales; ley de la tierra para repartir las hectáreas ociosas y otorgar ayuda técnica a los campesinos; defensa de los cultivos de coca para que la erradicación sea con arreglo a las necesidades de sus cultivadores y respeto a la ancestral hoja; alfabetización y nueva ley de educación, rebaja de los salarios de los funcionarios públicos, referendo autonómico, y consulta donde se aprobó mayoritariamente la Asamblea Constituyente, son solo algunos de los resultados de estos 12 meses. Pocas veces se hizo tanto en lapso tan corto.

Leal a la cultura del diálogo antes de la confrontación, no ha faltado la posibilidad de buscar acuerdo sobre los tantísimos temas que podían ser objeto de disenso, y que de hecho lo han sido: tantos, como numerosos son los cambios que el MAS se ha propuesto para refundar el país, y tan profundos como dañinos podían resultar a los bolsillos de quienes hasta ahora detentaron el poder... o se beneficiaron de este en detrimento de las amplias masas, a las que por primera vez se reconocen sus derechos.

Pero los consensos no siempre se lograron, y he ahí que el primer aniversario sorprende al gobierno del MAS con la Asamblea Constituyente entrampada aún en el debate de su reglamento de votación, merced al afán de entorpecer de los asambleístas de la derecha: deseosos de una Constitución renovada, pero no nueva al punto de variar de raíz la estructura de una institucionalidad hecha para unos pocos.

Apremiado por sectores sindicales o populares que le urgieron a medidas aún más radicales, el gobierno de Evo ha sido tan revolucionario y vertical que pronto destapó las reticencias de la derecha y la oligarquía. De tal suerte, el lapso desde el 22 de enero de 2006 —fecha de su asunción— hasta aquí, ha estado marcado por la acción del ejecutivo legitimizada, al mismo tiempo, por el apoyo en las calles.

El pueblo ha sido y sigue siendo el garante frente a los intentos de la derecha de frenar la revolución democrática en Bolivia. Bastaría, entonces, la fuerza moral y real que le otorgan esas masas —mayoritarias— al ejecutivo, y el crédito legal de ser el Presidente electo del país para que la refundación siga profundizándose.

Sin embargo, Evo Morales ha ratificado este lunes la importancia de la Constituyente y la nueva Carta Magna para realizar «las transformaciones estructurales y los cambios en las esferas económica y social», y ha llamado a superar las divergencias y «debatir las diferencias».

«Esperamos que nuestros constituyentes, de cualquier partido, se pongan la mano al pecho para avanzar en estas transformaciones», exhortó.

El corazón de la refundación, entonces, sigue estando ahí: en la Asamblea Constituyente, y la capacidad democrática de los opositores para aceptar lo que demanda la mayoría del país.

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