Prometen países no emplear niños soldados

Cerca de 60 gobiernos acordaron no escatimar esfuerzos para poner fin al ilegal reclutamiento de menores en todas las regiones del mundo

Autor:

Yailé Balloqui Bonzón

Un mundo mejor solo será posible cuando exista una verdadera justicia social para ellos. Foto: AP

Son cerca de 300 000 los infantes que son parte de las guerras en países de África, Asia y Sudamérica, y al menos 250 000 los que cargan ametralladoras y fusiles para defenderse, según datos actualizados aportados por la UNICEF y que vieron la luz en la finalizada conferencia internacional sobre los niños soldados que concluyó el martes en la capital francesa.

Esta cumbre fue la primera en reunir al conjunto de los actores involucrados: los países afectados por el fenómeno, los trabajadores en el terreno, los representantes de las fuerzas de mantenimiento de la paz y los llamados Estados donantes.

Para darle un rostro a esa plaga, Sylvain, ex niño soldado de un país africano sometido a largos años de guerra, habló de su propia experiencia.

Se enroló en la milicia cuando tenía 9 años. Todo comenzó un domingo, cuando al volver a su casa después de asistir a misa en la iglesia local, descubrió que sus padres habían desaparecido tras un ataque de la milicia. Al verse solo, pensó que unirse al ejército era su única fuente de protección y posibilidad de supervivencia.

Pasó siete meses en un campamento militar de instrucción. Cuando ya estaba supuestamente listo para enfrentar la guerra fue enviado a combatir.

«Al principio los combates no me daban miedo porque no entendía que podía morir en el frente. La primera vez que maté la sangre me salpicó la cabeza y tuve miedo. Después, matar se convirtió en una rutina», cuenta y agrega: «no podemos esperar al próximo año para venir y hablar del mismo tema. Se deben llevar a cabo acciones concretas, porque mañana los problemas serán otros y peores».

Pero por Sylvain y otros tantos que hoy matan —cuando deberían aprender de matemáticas, ciencias o simplemente a leer y escribir— 58 países de Europa, África, América y Asia participantes en la cita firmaron el llamado «compromiso de París» y se responsabilizaron, por primera vez, a actuar para poner fin al uso ilegal de menores de 18 años por fuerzas y grupos armados en conflictos bélicos del mundo y combatir la impunidad. Asimismo, suscribieron un conjunto de medidas prácticas para permitir la reinserción en la sociedad de estos menores bajo el nombre de «principios de París».

Pero los acuerdos no deben quedarse solo en papeles, rúbricas, cócteles y abrazos posados para las fotos. El objetivo fundamental de esta conferencia es llegar a tener una obligación sin equívoco de los Estados para frenar el sufrimiento de esos pequeños.

Entre los signatarios figuran diez de las 12 naciones que ha señalado la ONU por emplear niños en las guerras: Uganda, República Democrática de Congo, Chad, Sudán, Burundi, Somalia, Sri Lanka, Nepal y Colombia. Los otros dos, Birmania y Filipinas, no participaron.

Los países de la Unión Europea y otros donantes como Suiza suscribieron los acuerdos, pero —como es lógico— Estados Unidos no acudió siquiera a la cita porque sus representantes están muy ocupados en seguir asesinando y dejando huérfanos a otros niños en Iraq, Afganistán...

OTROS ABUSOS

No solo el exponer a los niños a monstruosidades como la guerra, el hambre y la pobreza extrema atenta contra ellos. Otra forma de explotación infantil les arremete. La noticia retumba este miércoles los principales medios informativos del mundo: la policía en Austria desarticuló una red internacional de pornografía infantil que involucra a más de 2 360 sospechosos de 77 países, entre ellos 15 latinoamericanos.

Según las informaciones, los sospechosos pagaron solo 89 dólares para ver imágenes que mostraban «el peor tipo de abuso sexual infantil. Se podía ver cómo violaban a niñas y también se oían gritos», señaló el ministro austriaco del Interior, Günther Platter, quienes tuvieron a su cargo la investigación del caso.

Los videos fueron colocados en el sitio de Internet de un proveedor austriaco que notificó en julio pasado a la policía que ocho archivos de video no autorizados habían sido cargados a su sistema desde Londres y era accesible a través de un vínculo con una web rusa donde se ofrecía para ser descargado.

La guerra los puede matar, mutilar sus cuerpos. La explotación sexual les mata y mutila las almas. ¿Tendrán derecho alguna vez esos seres indefensos a disfrutar de la inocencia de su infancia?

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