Retiran muros de concreto delante de embajada norteamericana en Paraguay

Desde el 2001 enormes bloques obstaculizaban la avenida de Asunción, con el pretexto de evitar posibles ataques terroristas a esa sede diplomática

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Fotos: Última Hora

De no ser por el poderío de quien fue desoído, el hecho no habría pasado de lo que es: la decisión firme de una alcaldía que ha cumplido con la ley y atendido al justo reclamo de sus pobladores. Pero tratándose de Estados Unidos y siendo el escenario Paraguay, la medida ha sido trascendente al punto de sacar a las calles, alborozadas, a un montón de gentes, mientras despertaba las suspicacias de quienes especulan, temerosos, si no traerá malas consecuencias a los habitantes de Asunción...

«Kubitschek fue liberada de los bloques impuestos por EE.UU.», tituló este sábado el paraguayo Últimas Noticias, sin esconder el orgullo, mientras hasta el conservador ABC suspiraba con alivio: «Adiós a los obstáculos de Kubitschek».

Ambos, como el resto de los medios paraguayos, aludían a la avenida donde, desde hace cinco años, enormes muros de concreto «protegían» la embajada norteamericana, obstaculizando el paso de transeúntes y vehículos reducidos a lo que les había dejado la sede diplomática extranjera a ellos, los dueños, para circular: apenas la mitad de la vía.

A pesar de que el despeje se hizo obedeciendo la resolución dictada el mes pasado por la Junta Municipal de Asunción y adoptada por el pleno de los concejales, y aunque contaba con el visto bueno del presidente Nicanor Duarte —impedido de obstruir la autonomía municipal—, cabe otorgar a la nueva intendenta, Evanhy de Gallegos, el mérito que le adjudican los medios de prensa. Después de mucho tiempo de incómoda «presencia» yanqui en el medio de la calle, ha sido ella, en definitiva, la que dio el banderillazo de arrancada a la grúa que, en dos días, levantó y sacó de en medio los 75 bloques de concreto, cada uno de cuatro toneladas de peso.

Para algunos analistas paraguayos se trata, a fin de cuentas, del cierre de un capítulo que consideran casi una violación a la soberanía territorial, pues los bloques estaban colocados allí desde el año 2001 con la pretensión —ciertamente irrisoria— de evitar algún atentado terrorista, a propósito de los hechos aciagos del 11 de septiembre en Nueva York.

Sin embargo, y a pesar de la ilógica según la cual la barda de cemento impediría la proyección de un eventual coche bomba contra la sede, he aquí que el despeje se ha efectuado aun contra el deseo del actual embajador de EE.UU., James Cason, quien, en mensaje enviado a la intendenta cuando esta le informó la nueva, calificó la existencia de los bloques como «una modesta medida de seguridad» y su permanencia: «un asunto de vida o muerte».

Puede ser resultado de la misma oportunista paranoia que habla de que hay hombres de Bin Laden en la Triple Frontera para mantener la criticada presencia de los marines allí, y que debe ser motivo, también, del sentimiento antiyanqui presente en los paraguayos y visible cuando, llegado el momento de despejar Kubitschek, ciudadanos provistos de banderas nacionales y entre los que se encontraban muchos jóvenes, animaron el trabajo de la grúa y hasta lanzaron consignas contra Bush y la política de Estados Unidos...

Obligado a aceptar una decisión sustentada, en lo elemental, en el muy entendible razonamiento de Gallegos de que «la embajada queda de la muralla para adentro y la calle es de los asunceños», Cason no tendrá otro remedio que aceptar la presencia en las puertas de la embajada de más policías —como le ha ofrecido Evanhy de Gallegos en sustitución del muro—, y mandar por los bloques, que en primera instancia los trabajadores comunales dejaron «en la vereda», ya que el embajador no había respondido a las llamadas telefónicas de la alcaldía, y los enormes ladrillos «son propiedad de esa embajada», como recordó la Intendenta.

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