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Va a ganar el Sí

El general retirado Alberto Müller Rojas argumenta por qué pese a esfuerzos de la oposición, los venezolanos respaldarán el Referendo Constitucional propuesto por Chávez

Autor:

Rosa Miriam Elizalde

Caracas.— Su pistola de reglamento se conserva en un museo: está oxidada y jamás disparó un tiro en más de 50 años, al igual que uno de los militares más respetados de Venezuela. El general retirado Alberto Müller Rojas, que ingresó en la Academia Militar a los 15 años e inició una carrera brillante como estratega, ha sido senador, diplomático, profesor universitario, inagotable articulista y un actor principal en la vida política venezolana en el último medio siglo. Se alzó contra el dictador Marcos Pérez Jiménez y en 1992 habría integrado la junta de gobierno del país si la rebelión que dirigió Hugo Chávez hubiera tenido entonces éxito. Unos años después sería el jefe del comando de campaña de Chávez, cuando este llegó a Miraflores en 1998 e integraría el Estado Mayor presidencial, hasta hace unos meses en que volvió a pasar al retiro.

Conversamos durante más de cinco horas en plena montaña del municipio de El Hatillo, donde ha levantado su casa a la manera en que lo hacen los indígenas del Amazonas, con paredes desvestidas que dejan correr el aire y al filo de un jardincito que bordea la pendiente, donde él y Elena, su esposa, han sembrado todo tipo de frutas, flores y especies que se presienten con mayor fuerza esta noche ligeramente lluviosa. Hemos hablado de lo sagrado y de lo profano, de su familia «escuálida» y de la revolucionaria, de sus cercanías y diferencias en la política de Venezuela, de historia y de filosofía, acerca de lo cual solo aparece un resumen en esta entrevista por razones de espacio.

Como sé que es descendiente de un virrey español por línea materna y un provocador nato, no puedo contener la pregunta sobre la posición del Rey y del presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, en la reciente Cumbre Iberoamericana.

«Es como si el presidente federal de Alemania, Horst Köhler, abandonara las sesiones de una cumbre internacional ante críticas a Adolfo Hitler, y la canciller Ángela Merkel le reclamara respeto al opinante por haber sido aquel electo “democráticamente”», dice.

—¿Se está desmoronando el proceso bolivariano, como machaca permanentemente la oposición?

—Al contrario, aquí se ha mantenido la gobernabilidad, con un intento de realizar una transición ordenada a un estado futuro, imposible de definir en medio de una revolución global. No se está desmoronando la nación venezolana, se están deshaciendo todas las estructuras que respondieron a los problemas del hombre europeo del siglo XVI, que no son los que hoy tiene la humanidad. Por ejemplo, es imprescindible atender con suma urgencia los llamados derechos de tercera generación, aquellos que tienen que ver con el cambio climático o la explosión demográfica.

—¿Se refiere a la politización de la Fuerza Armada Nacional?

—El apoliticismo es una falacia. La fuerza armada es la institución más política del Estado moderno. Como se sabe, la guerra es la continuación de la política por otras vías. Si se trata de imponer por la fuerza un orden en una sociedad adversaria, como lo que hace Estados Unidos en Iraq, eso es una acción sumamente política. En Iraq los soldados norteamericanos están peleando para imponer el neoliberalismo, ni más ni menos.

«Los integrantes de la Fuerza Armada venezolana no son marcianos. Allí existen todas las corrientes políticas en la misma proporción en que existen en la población. Yo no puedo creer que en la FAN no hay conservadores que sostienen la tesis del libre mercado. Los tiene que haber porque son venezolanos. Si se hace una encuesta, hay la misma proporción que en la población, lo mismo que sucedía en la FAN del 98. Allí estaban identificados y partidizados los jefes militares y oficiales, y tú sabías que este es copeyano, este es adeco y este, de la izquierda. Recuerdo que los periodistas nos tenían fichados. En sociedades como la chilena, donde la fuerza armada es reclutada en las clases altas, se consigue cierta homogeneidad y, aun así, fueron asesinados por razones políticas los generales René Schneider, Carlos Prats y el padre de la actual presidenta, Michelle Bachelet, que perteneció a la Fuerza Aérea».

—¿Por qué viejos comunistas venezolanos, algunos incluso ex guerrilleros, atacan hoy de modo tan virulento el proceso bolivariano, que ha traído conquistas por las que estos mismos militantes se jugaron la vida?

—Se trata de una izquierda ortodoxa. Están en contra de Chávez porque son estalinistas. El estalinismo arruinó tal vez el mejor experimento socialista de la historia de la humanidad. Por definición, el socialismo necesita la dialéctica. El socialismo no es el fin de la historia ni un tránsito al fin de la historia, como previó Marx cuando delineó la sociedad comunista en un momento en que el paradigma de la ciencia era determinista. Pero hoy la ciencia es puramente posibilista. Si anulas las contradicciones en el debate político, te vuelves conservador y el proyecto socialista se convierte en un medio y no en un fin.

—¿Y el socialismo de Chávez?

—Chávez es un hombre que admite el debate y vive de la dialéctica. El éxito de Chávez es la práctica de la dialéctica, en la que a veces se le va la mano. Él genera, a propósito, las contradicciones, porque de otro modo no puede avanzar en sus políticas para llegar al socialismo. El ganó dos elecciones consecutivas con una mayoría holgada, pero él no tiene mucho tiempo ni espacio suficiente para ejecutar los cambios que reclama el país; por eso opta por una Reforma Constitucional y con ella alborotó el avispero, que lo va a castigar, y duro.

—¿Cómo?

—La abstención va a ser alta, pero no tengo ninguna duda de que va a ganar el Sí con cerca de un 60 por ciento. Leí la encuesta de la firma Alfredo Keller y Asociados, que está totalmente «cargada» (prejuiciada) en la interpretación de los resultados, pero los números dicen claramente que gana la Reforma con un margen entre 15 y 20 puntos por encima del No.

—¿Cómo ubica usted, en este contexto, las manifestaciones protagonizadas por estudiantes de algunas universidades, opuestos a la reforma?

—Es contra natura. La juventud, por muy hija de padre conservador que sea, tiende a ser rebelde y revolucionaria. Lo que está ocurriendo en Venezuela es producto de una alienación, de una mediatización y no de una rebelión estudiantil auténtica.

—Otro de los elementos que como usted diría tiene revuelto el avispero ha sido lo referido a la reelección continua. ¿Cuál es su punto de vista al respecto?

—Hasta el año 1998 el Congreso de la República se constituyó en el espacio de negociación para los socios del pacto de Punto Fijo, y allí sus miembros eran permanentes, es decir, prácticamente se podían reelegir hasta que se murieran. Y, como se recordará, no existía la posibilidad de despojarlos de su mandato por vía refrendaria; hoy sí existe esa posibilidad con la reelección continua. Por otro lado, el poder popular es una realidad, existe independientemente de que se quiera o no. Es un poder telúrico, que no suele tener una orientación política. Simplemente se rebela contra regímenes injustos o restituye los que cree justos, como ocurrió en abril de 2002. Aquí canalizó ese poder el movimiento bolivariano. No había ni hay otro líder, a diferencia de Chávez, que lo pueda conducir. Que pueda ser elegido de manera continua no significa que pueda perpetuarse en el poder. Es algo que decidirá ese poder popular.

—Para la oposición el gobierno del Presidente es militarista.

—El militarismo es un fenómeno político que corresponde a la preparación de una sociedad para la guerra. Militaristas en este momento son los Estados Unidos, que utilizan como política el uso de la fuerza armada para imponer su voluntad. Más militaristas fueron los gobiernos pasados, que sacaron tropas inconstitucionalmente de Venezuela para combatir en Centroamérica. Que los militares estén en la administración pública no es nuevo, yo fui gobernador del Estado de Amazonas en la época de Lusinchi y era general de división activo. Aquí no se está militarizando nada, se está civilizando la vida militar.

«La propuesta constitucional podría constituirse en un indicador de cuál debería ser la dirección general de la política del Estado».

—¿Qué está pasando en este minuto en la Fuerza Armada?

—Nada que no sepamos. La Fuerza Armada Nacional no responde a las características sociológicas que priman en el cuerpo militar de América Latina, donde mayoritariamente la oficialidad proviene de las clases acomodadas. En Venezuela, la oficialidad y la tropa provienen de las clases populares y eso explica por qué la aristocracia y la burguesía venezolanas han odiado siempre a los militares. No se puede desconocer que esta es una de las razones del antagonismo contra Chávez, como tampoco se puede olvidar que en el siglo XX, a partir del momento en que los militares se constituyen en una fuerza con Cipriano Castro, han tenido lugar 16 intervenciones militares. Todas las rebeliones militares en este país —salvo la del 11 de abril de 2002— han estado orientadas a la izquierda. Y otra característica: jamás han estado dirigidas por generales. Por eso cuando escuché el alegato del general Raúl Baduel* en contra de la Reforma Constitucional, dije que si las hubiera hecho un teniente coronel me habría asustado. Pero no me asustan las declaraciones de generales.

—No lo asustó, pero ¿le sorprendió la postura del general Baduel?

—Por supuesto que no. Él fue mi ayudante cuando yo era el Contralor General de la FAN, en 1983. Para empezar, ambos tenemos dos personalidades muy diferentes. Él era muy formal y muy disciplinado, en apariencias. Siempre predicando la virtud —y yo nunca he predicado la virtud, porque soy un pecador (se ríe). La actuación de Baduel en Maracay está íntimamente ligada a la del Gobernador de Aragua y al discurso de Podemos, que es básicamente reformista, el de la socialdemocracia. No están interesados en una revolución transformadora, sino en mantener las viejas estructuras de poder. Para mí Baduel nunca fue chavista, sino un oportunista.

—¿Qué debería ocurrir después del Referendo si, como usted cree, gana el Sí?

—Creo que Chávez debe formar un equipo de gobierno más compenetrado con el socialismo y más eficaz políticamente, con mayor capacidad administrativa. El liderazgo de Chávez es incuestionable. La gente lo sigue, pero entre lo que él dice y lo que después se hace hay un hiato. No se debe a la falta de recursos financieros, ni a la falta de tiempo, se debe a la incompetencia de los administradores.

«No existe un sistema de seguridad social, que es algo que está contemplado en la Reforma Constitucional. Esto hay que resolverlo, como allí se dice, y también los derechos de tercera generación que ya mencioné».

—General, por casi 60 años usted ha estado directa o indirectamente vinculado a la Fuerza Armada. ¿Por qué ingresó a la Academia Militar?

—Tuvieron que ver dos circunstancias. Me quería liberar de mi mamá, que era el autoritarismo encarnado en un ser humano: si mamá hubiera tenido el puesto del dictador (Juan Vicente) Gómez, la matazón en Venezuela habría sido terrible. La otra razón era porque mi abuelo fue general y compadre de Cipriano Castro, y por parte de la familia de mi padre, que era alemana, mi tío fue también militar de carrera, comandante de la defensa del cerco de Berlín. Sobrevivió a la Primera y a la Segunda Guerra Mundial.

—¿Habrá tenido que ver también su pasión por la polémica?

—Lo admito, soy un bocón. Me encanta llevarle la contraria a la gente, quizá por la resistencia que desde niño le hice a mi mamá, que me daba una paliza y yo le respondía: «No me importa». Y así es, no me detiene nada para defender mis principios. Vivo con lo que tengo entre mis dos parietales. No tengo nada más. Lo que más amo en la vida es mi libertad.

*El general Raúl Isaías Baduel fue uno de los protagonistas de la llamada Operación Rescate de la Dignidad, que decidió el regreso del presidente Chávez a Miraflores después del golpe de Estado de abril de 2002. Ocupó hasta el 18 de julio de este año el cargo de Ministro de Defensa de Venezuela.

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