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Día Mundial de la Alimentación: con hambre y sin esperanzas

El tema de los altos precios de los alimentos y la intención de algunos de convertirlos en biocombustibles, han pasado a un segundo plano mediático, a pesar de que suman ya 923 millones los hambrientos en el planeta

Autor:

Yailé Balloqui Bonzón

Sufren desnutrición en su fase más grave 19 millones de menores de cinco años. El mundo camina tambaleante por estos días y los espacios mediáticos centran su atención en solo dos hechos trascendentales: en el desbalance financiero que protagoniza la autoproclamada mayor economía del orbe y que amenaza con hundir a los más vulnerables a su alrededor; y en adivinar quién ascenderá a la Casa Blanca el próximo enero, luego de las elecciones norteamericanas que se sucederán en días venideros.

El tema de los altos precios de los alimentos y la intención de algunos de convertir el sustento para nuestras vidas en biocombustibles, han pasado a un segundo plano mediático o hasta han desaparecido de los informativos, aunque este asunto amerite la mayor atención.

Hace algunas semanas, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), dio a conocer que este 16 de octubre, instituido por la ONU como el Día Mundial de la Alimentación, se celebraría en un contexto dramático, marcado no solo por el aumento en lo que va de 2008 de 75 millones de personas con hambre o desnutridas, que ya suman 923 millones en todo el planeta, sino también por la convicción de que no se alcanzará ninguno de los ya archiconocidos Objetivos del Milenio que preveían la reducción a la mitad del número total de hambrientos para el año 2015.

Los datos sobre el hambre en 2008 son deplorables. Después de cinco o seis años de supuesta estabilización, el planeta está por llegar a la alarmante cifra de mil millones de malnutridos, lo que contrasta con los 200 000 millones de dólares gastados por EE.UU. para afrontar su crisis inmobiliaria, los 1 950 millones despilfarrados en la guerra de Iraq, o los 700 000 millones para «rescatar» a las empresas financieras.

El empeoramiento de la situación tiene como protagonista principal a la crisis alimentaria mundial, motivada a su vez por la subida de los precios agrícolas, la especulación y el alza del petróleo. A ello se suma que, pese a la globalización y al mercado libre, muchas materias primas son controladas por una quincena de actores en el mundo, que influyen en el destino de millones de personas.

El director general de Acción contra el Hambre, Olivier Longue, ejemplificó al respecto con el mercado del trigo, donde el 40 por ciento es controlado por una única empresa en la Bolsa de Chicago de materias primas.

El problema del hambre no radica en la producción de alimentos, ya que la cosecha de 2008 bastaría para dar de comer a 9 000 millones de personas; el problema está en la desigual distribución de ese recurso básico.

Es urgente, han anunciado los expertos, invertir cerca de 4 000 millones de dólares para curar a los 19 millones de menores de cinco años que sufren desnutrición en su fase más grave, de lo contrario una buena parte de ellos morirá en un breve plazo y el resto padecerá secuelas físicas e intelectuales irreversibles.

Por su parte, el director de la FAO, Jacques Diouf, pidió a los gobiernos que no reduzcan su ayuda a los países en desarrollo ni introduzcan medidas proteccionistas en medio de la actual crisis financiera mundial, y alertó que llevar a cabo estas medidas provocaría una nueva crisis alimentaria el próximo año.

Esta advertencia resultó eco del anuncio realizado por Estados Unidos: la crisis estadounidense afectará la ayuda económica que este país había prometido para África.

Lo cierto es que este 16 de octubre, instituido con la finalidad de concientizar a las poblaciones sobre el problema alimentario mundial y fortalecer la solidaridad en la lucha contra el hambre, la desnutrición y la pobreza, pasó una vez más inadvertido para muchos que, concentrados totalmente en la crisis financiera y otros asuntos que nada le aportan al bienestar de la humanidad, no se han percatado de que el dilema alimentario sigue ahí, y que incluso podría empeorar.

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