Sacándolos de su concha

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La Misión Barrio Adentro Deportivo, que protagonizan los colaboradores de la Isla en el municipio-estado de Vargas, le devuelve a la gente el deseo de luchar por sus sueños

Vargas, Venezuela.— «Tome una foto del futuro campeón de Venezuela», le dice a nuestro fotorreportero un grupo de muchachos cuya edad no debe rebasar los 14 años. Otmaro los mira, sonríe y vuelve cámara en mano sobre el próximo, un niño de 12 años, pequeño y delgaducho, que gusta de las pesas y sueña con ser campeón.

Su nombre es Julio Rubén Mayora, pero todos le dicen Julito. A las diez de la mañana lo encontramos entrenando, bajo las pupilas de sus «profes» venezolanos y un cubano, en una de las áreas del Centro de Gestión Parroquial, donde está enclavada la Escuela Nacional Eduvigis, pertenecientes los dos a la Parroquia Raúl Leoni, del municipio y estado de Vargas.

Mientras, en uno de los pasillos de la escuela se escuchan voces femeninas que, venidas de unos cuerpos que aún deben crecer mucho más, le sirven de comisión de embullo a una niña, un poco más grande y más llenita que Julito, que realiza sus ejercicios de calentamiento.

No es tiempo de adivinanzas. Alguien nos susurra al oído: «Ella es Doris, nuestra campeona nacional en levantamiento de pesas en los Juegos Nacionales Municipales que se celebraron a principios de este año en el estado de Trujillo. Alcanzó tres medallas, una de oro y dos de plata. Tiene 12 años». La noticia se regó como pólvora.

¿De dónde les viene esa inspiración? ¿Qué los hizo «abandonar» los juegos de la infancia para iniciarse en el deporte, que implica a disciplina, sacrificio, responsabilidad y entrega total?

Ernesto Ortega, coordinador de la Misión Barrio Adentro Deportivo en el estado de Vargas, nos da algunas coordenadas. Fue aquí, recuerda, donde se inició lo que hoy es la Misión Barrio Adentro Deportivo en toda la República Bolivariana de Venezuela. Sucedió en el año 2002.

Aquí llegó el «amigo sincero» que dio «su mano franca» a este pueblo, poco tiempo después de la «tragedia», el «desastre» o los «deslaves» de Vargas, pues así se le denominó al fenómeno meteorológico al que estuvieron asociadas intensísimas lluvias en diciembre de 1999, que provocaron deslizamientos desde las montañas, inundaciones y la pérdida de miles de personas.

«Cuba fue de los primeros en prestar ayuda para enfrentar el peor desastre natural que se conoce en la historia del país, lo que ha representado un compromiso permanente para los colaboradores de la Isla que llegaron para iniciar el camino de Barrio Adentro Salud y Barrio Adentro Deportivo».

La solidaridad llegó a los sitios más insospechados, de difícil acceso o borrados por el paso atroz de la Naturaleza, con el único propósito de curar las heridas físicas y mentales de quienes habitan este terruño.

Doris y Julito son apenas dos de los cientos de miles de pinos nuevos venezolanos, salvados por la voluntad y la sensibilidad del Estado venezolano y por las misiones sociales de la Revolución Bolivariana, encabezadas por el Comandante Chávez.

Infinito amor

Unos juegan voleibol. Otros calientan sus músculos. Y los hay que ya levantaron las primeras pesas del día. El ambiente es retador, como si estuvieran en una competencia de verdad.

«Profe, llegaron sus compatriotas», le dice en un suspiro una de las niñas, después de un saque fortísimo que fue directo a la net. Hipólito Rodríguez Hernández es el nombre del «profe», asesor principal del deporte de las pesas en Vargas. «Trabajamos con niños de diferentes edades, lo cual nos permite ir captando a los de mejores condiciones para la escuela de talentos y cumplir algunos compromisos que tiene Vargas a nivel nacional. Por ejemplo, los niños que representaron al estado en los Juegos Nacionales Escolares Municipales fueron precisamente de este centro. En esas competencias Doris nos dio el alegrón».

Esta es la primera misión internacionalista de Hipólito. En Cuba es profesor de la Facultad de Cultura Física en la provincia de Villa Clara. Se siente muy a gusto con estos niños, desde que comenzó a enseñarles, a principios de este año. Explica que el levantamiento de pesas está haciendo historia aquí. Es la primera vez que en Vargas se habla de este deporte.

«En el caso de la escuela, las edades de los futuros campeones oscilan entre los diez y 15 años. Tenemos otro grupo, ya en edad juvenil, que proviene directamente de la comunidad».

Entrenan todos los días, nos dice Julito. Hipólito lo confirma, mientras le indica a Doris que repita unos ejercicios antes de realizar el levantamiento. «Durante las vacaciones trabajamos de manera intensa. Vinieron a entrenar como si fuese un día normal. En tiempo de clases es de lunes a sábado, mañana y tarde».

Todo este trabajo —abunda el asesor de la Isla— lo realizamos con promotores venezolanos, pues la tarea nuestra está encaminada a prepararlos a ellos en la teoría y en la práctica, para que puedan darle continuidad a esta labor. En este momento son dos. No son profesionales, sino ex atletas retirados que se han rescatado. Tienen los conocimientos generales en cuanto a los rigores del deporte.

La esperanza

La mayor inspiración de Julito es su mamá (al fondo), quien lo acompaña todos los días al entrenamiento. Vivo cerca de la escuela, nos cuenta Julito. «Los profesores están trabajando conmigo desde febrero de este año. Se hizo una captación para los juegos nacionales municipales y me prepararon para esas competencias. Nos realizaron pruebas físicas y motoras por rango de edades, y decidieron que otros cinco niños y yo fuéramos a los Juegos Nacionales».

¿En qué o en quién piensas cuando levantas las pesas?, le preguntamos. En mi mamá, respondió. «Ella está en mi mente en ese momento y siento que puedo hacer el levantamiento». ¡Qué regalo tan lindo! Y no es para menos. La mamá de Julito es ahorita entrenadora de su hijo. Ella lo acompaña todos los días. Como otros padres, su presencia es un gran apoyo para Hipólito y los promotores venezolanos, toda vez que ayudan en la hidratación de los niños, en la atención de cualquiera de sus pedidos o necesidades, en la disciplina del grupo y, a la vez, constituyen un gran estímulo para todos.

A Julito le gustan otros deportes, como el fútbol y el béisbol, pero está decidido a ser un gran pesista para Venezuela. «Es aquí donde me siento mejor», nos dice a modo de despedida.

La campeona Doris tiene una voz dulce y tierna. «Hacer pesas —nos dice— no me hace una niña diferente. Siento lo mismo que experimentan mis compañeras cuando juegan voleibol, porque yo también lo hago; pero me gustan las pesas».

¿Cómo se puede llegar a ser campeona nacional?, indagamos. «Con mucho entrenamiento y disciplina, considera. Practico este deporte desde enero de este año. Me preparo todos los días y trato de hacer lo mejor, de superarme, porque aún soy una niña».

¿Qué le diría Doris a los que piensan que las pesas no son un deporte para mujeres?... La primera respuesta, una sonrisa; la segunda: «Les digo desde aquí que también es un deporte para los niños y las niñas. Que si les gusta lo practiquen. Que no se sientan diferentes, porque yo no veo nada malo en ello. Me siento muy orgullosa por mis resultados y espero algún día poder representar a Venezuela en una competencia mundial».

Tras escucharla, Hipólito vuelve a nosotros y afirma: «El resultado más importante de este trabajo con los niños es el cambio de actitud que ha habido en ellos», aseveración que los dos promotores venezolanos secundan.

«Cuando realizamos el diagnóstico para llevar a cabo nuestro proyecto, nos percatamos de que eran niños muy inestables, de temperamento muy agresivo, indisciplinados, rebeldes, problemáticos y con poca concentración. Sin embargo, a partir de su inserción en la actividad deportiva, algo reconocido por las maestras y la directora, los niños han modificado totalmente su actitud, han cambiado para bien; han adquirido una responsabilidad mucho mayor, se entregan más al estudio, se comportan mucho mejor en sus relaciones con los compañeros, los padres y en la comunidad. Incluso la asistencia al centro es más alta, comparada con la de años anteriores».

Eso nos reconforta y nos compromete, declara Hipólito, porque en el deporte la disciplina es esencial.

Lino Alfonso, uno de los promotores venezolanos, tiene algo más que decir. «Gracias al profesor Hipólito estamos haciendo un buen trabajo en equipo. Sus conocimientos y su experiencia nos han servido de mucho; también su buen carácter y su gran disposición para enseñar. Por él hemos logrado que estos niños se integren más a esta disciplina que, en 56 años de las pesas olímpicas en Venezuela, es ahora cuando por vez primera el estado de Vargas la está desarrollando».

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