Los logros que molestan

Ni la Ley de herencia ni la de la plusvalía, son los verdaderos motivos por los que la oligarquía ataca a Rafael Correa

Autor:

Yailé Balloqui Bonzón

Contra Evo Morales, en Bolivia. Contra Nicolás Maduro, en Venezuela. Ahora contra Rafael Correa, en Ecuador. Todos, gobiernos progresistas que han cambiado la visión política de la región, han abierto, en cada uno de sus países, una ventana de desarrollo con inclusión social y acabaron años de sometimiento, injerencia y neoliberalismo. Pero… ante tanta transformación positiva, hay quienes no pueden estar tranquilos.

Convulsa se hace la situación por estos días en Ecuador. La derecha vuelve a subir al estrado y ataca al presidente Rafael Correa. Repitiendo los mismos mecanismos usados en Venezuela para intentar acabar con su Revolución Bolivariana y usando ardides falsos, azuzan a la población a que salga a las calles y pida la renuncia de su legítimo presidente. Son las redes sociales y la información sesgada y manipulada que ofrecen los medios de comunicación en manos de la oligarquía, desde donde se fragua un ambiente hostil de movilizaciones callejeras que ya cumplieron más de diez días en varias ciudades ecuatorianas.

La derecha quiere que se derogue la Ley de Redistribución de la Riqueza en Ecuador, conocida como Ley de herencia, la cual afectaría, si se aprueba, a menos del dos por ciento de los ciudadanos. La propuesta, impulsada en el Congreso por el presidente Correa y su partido Alianza País, persigue que los ricos paguen sus tributos de manera justa.

Según el propio mandatario ecuatoriano, el año pasado un estudio registró que solo tres de cada 100 000 ecuatorianos recibe por año una herencia cuyo valor supera los 50 000 dólares. Es decir, más del 98 por ciento de los ecuatorianos no pagaría impuesto a la herencia.

Otra de las iniciativas rechazadas es la llamada Ley de  Ganancia Extraordinaria o de la plusvalía, que fija nuevos impuestos en las transferencias de bienes inmuebles, también con el objetivo de combatir la desigualdad en el país.

Según ha detallado el propio Correa, menos del dos por ciento de las familias poseen el 90 por ciento de las grandes empresas. «¿Es meritocracia que un alto ejecutivo pueda ganar en dos meses lo que gana un obrero en toda su vida?», dijo el mandatario al justificar sus esfuerzos por limitar la acumulación de la riqueza en Ecuador y redistribuirla.

Pero las medidas no les sientan bien a los pocos afectados y no cesan las protestas. Pese a que el lunes último Correa anunció el retiro temporal del Congreso de los dos proyectos, los opositores buscan generar incidentes y violencia con la esperanza de ver caer el Gobierno.

Demuestran que conspiran dirigidos por voceros internacionales, para generar caos en el país porque, se hace evidente, la promulgación de las polémicas leyes, no es la motivación real…

El motivo real

Claras son las razones por las que realmente es atacado el mandatario ecuatoriano. Tomando como estandarte el proceso bolivariano protagonizado por Hugo Chávez, Correa ha sido el ideólogo por excelencia de la Revolución Ciudadana que ha logrado un palpable crecimiento económico, una significativa reducción de la desigualdad, el mayor bienestar posible para su pueblo y la defensa de su soberanía y autodeterminación.

Sobran quienes lo acusan de ejercer un poder autoritario, de mano dura, sobre todo cuando hace frente a las constantes intenciones de la oligarquía y de la prensa de alejarlo del poder. Y es que ambos han sido los principales artífices de los dos tensos momentos de desestabilización que ha sufrido el país: el del 2010 y el actual.

Lo cierto es que Correa, en sus ocho años de gestión,  ha desarrollado un clásico proyecto de modernización, con elementos redistributivos, legitimado por tres elecciones que lo sustentan en el poder y hoy le conceden un 57 por ciento de aceptación entre sus nacionales.

La Revolución Ciudadana que lidera comenzó a gestarse con su llegada a la presidencia el 15 de enero de 2007. Desde entonces se convirtió en un hecho renovador de realidades sociales en la nación andina, al tiempo que se tradujo en la transferencia de poder al pueblo y la incorporación activa de Ecuador a las transformaciones políticas, económicas y sociales que vive América Latina en la última década.

Todo ello se traduce en dos aspectos fundamentales que han protagonizado la permanencia de este proyecto. El primero, que toca muy de cerca la sensibilidad humana, es la reducción de la pobreza a un 13 por ciento y la extinción casi total de la extrema pobreza. Es palpable también el creciente acceso a beneficios básicos que tienen hoy sectores anteriormente olvidados.

La estabilidad política es considerada otro de los principales aportes de la Revolución Ciudadana. Aunque algunos críticos y opositores al proyecto consideran que la duración no implica necesariamente un logro, los hechos hablan por sí solos: Rafael Correa comenzó su primer mandato el 15 de enero del 2007 y ha sido reelegido en tres ocasiones. Una plusmarca de permanencia política en un país otrora convulsionado.

La administración de Correa ha logrado invertir en materia educativa 30 veces más que las últimas siete administraciones juntas. La inversión en este sector se refleja en nuevas infraestructuras en todo el país, además de la gratuidad en escuelas y universidades públicas, permitiendo el acceso de personas de bajos recursos.

El sector de la salud, el salario básico y la economía en general han experimentado avances significativos. En este último aspecto, de acuerdo con cifras de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Ecuador creció un 4,3 por ciento entre 2007-2014, más de un punto porcentual por encima del resto de los países de la región.

Otra razón que molesta y granjea ataques al mandatario Rafael Correa, es la proyección que ha tenido como líder progresista en la región y su defensa a mecanismos de integración como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), organismo que preside durante este 2015 y desde donde impulsa las políticas integracionistas y soberanas de nuestra región.

Principales Artífices

Frente a las protestas, Correa retó a la oposición a un referendo revocatorio, previsto en la Constitución mediante la recolección de firmas. Pero nada han respondido al respecto los principales artífices de esta nueva escalada desestabilizadora.

Son personajes altamente conocidos: Jaime Nebot, alcalde de Guayaquil, y el banquero y dirigente del movimiento opositor Creando Oportunidades (CREO), Guillermo Lasso Mendoza, ambos opositores acérrimos de la  Revolución Ciudadana.

Usando las redes sociales y la prensa a su servicio, siguen llamando a la insurrección pese a que el Presidente ha intentado calmar los ánimos.

Es que son ellos unos de los pocos afectados por las leyes. El propio Nebot, en una entrevista para la cadena estadounidense CNN, reconoció que él pertenece a ese dos por ciento al que le afectaría un eventual tributo a las herencias. No es muy difícil entonces reconocer que los verdaderos intereses responden solo a un sector de la burguesía ecuatoriana.

El alcalde de Guayaquil ha convocado a los ciudadanos a participar en una marcha el próximo 25 de junio y a adoptar una postura contra el Gobierno. La respuesta de Rafael Correa ha sido una: retó a Nebot a participar en las elecciones generales de 2017.

Muy cercano a Nebot, a su amigo Guillermo Lasso Mendoza —también intransigente y férreo opositor a las políticas del presidente Correa— se le conoce que, paradójicamente, ha mejorado en mucho sus ingresos durante el Gobierno de la Revolución Ciudadana.

Según datos aportados por el portal web ecuatoriano Andes, Lasso registró en 2014 un sueldo mensual de 819 579, 27 dólares  —libres de impuestos—, lo que equivale al salario básico unificado de 2 410 ecuatorianos aproximadamente.

No es difícil percibir cuán «afectados» serán estos dos personajes en caso de aplicarse las leyes en cuestión que, de seguro, sí beneficiarán a millones.

El diálogo: principal camino

Después de anunciar el retiro provisional de las leyes, Rafael Correa reconoció audazmente que será el diálogo el camino para lograr la equidad y la justicia social. De esta manera, los ciudadanos, a través de este ejercicio democrático, podrán debatir las legislaciones que se promueven para continuar con la aplicación de políticas que permitan tener una sociedad con igualdad para todos.

Para que este proceso continúe es importante la participación directa de los ciudadanos y así evitar la desinformación. Por eso, el Ejecutivo anunció que la primera parte del diálogo se iniciará desde los ministerios, que serán los encargados de tomar contacto con las personas y sociabilizar los temas que se generan en las carteras de Estado.

También se precisó que el debate se extenderá hacia los Gobiernos Autónomos Descentralizados (GAD), territorios, gremios y todas las organizaciones que quieran profundizar en estos temas y conocer cómo benefician al país. Tendrá una duración de tres meses y luego se hará una evaluación.

El gran debate que centrará este proceso será para que los ecuatorianos decidan si desean una sociedad en la que la riqueza se distribuya en pocas manos o la que es más equitativa y justa.

Pero el proceso no versará únicamente sobre las leyes de herencia y plusvalía, sino sobre todos los temas que la ciudadanía proponga, en un verdadero ejercicio de democracia que no todos, desde una silla presidencial, estarían dispuestos a enfrentar.

Aunque el propio Correa ha alertado que esta nueva guerra de desgaste tiene la vista puesta en las elecciones de 2017 —en un intento de opacar la palpable popularidad del mandatario—, la región está alerta y no bajará la guardia que levantó cuando se produjo el frustrado golpe separatista contra Evo Morales en septiembre de 2008, o cuando un zarpazo sacó del poder a Manuel Zelaya en Honduras, un año más tarde, o cuando después se intentó golpe y magnicidio contra el propio Correa.

No han podido con Venezuela, tampoco con Bolivia… Recursos tienen de sobra para seguir intentando contra Ecuador y el resto. Toda cautela, sin dudas, será poca.

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