Recuperada la esperanza (+Fotos)

Gracias a los médicos cubanos se recupera joven afectada por el terremoto en Nepal

Autor:

Nyliam Vázquez García

Daula Dalma ya está de alta. En el breve lapso de menos de dos meses, su vida fue cambiada a fuerza de la noble tozudez de los médicos y de la suya propia. Han pasado solo 50 días desde que el 20 de mayo último fuera operada tras la fractura de tibia y peroné sufrida durante el terremoto en Nepal. Daula ya está de regreso en su aldea en la región montañosa de Lantang. Camina. Sonríe otra vez.

Ya nunca más tendrá que ir en silla de ruedas. En la imagen con el fisiatra Víctor
Osvaldo Barrios.

 

Ya nunca más tendrá que ir en silla de ruedas. En la imagen con el fisiatra Víctor Osvaldo Barrios. Foto: Brigada Médica Cubana.

La muchacha de 14 años salió por sus pies del sitio al que llegó en brazos de uno de nuestros médicos, luego de ser encontrada en un campo de refugiados en Katmandú. Quizá mientras ella avanzaba por el camino, los cubanos recordaban su rostro cuando la sacaron de la unidad quirúrgica. Según reportes de entonces, salió del salón «con gran ánimo y muy agradecida». Ahora no solo puede caminar, sino seguir el rumbo de su vida.

Su existencia se volvió, más que incierta, terrible, después del terremoto del 25 de abril. ¿Cómo sobrevive una niña, que luego será una mujer, inválida?

Fue disciplinada y constante en los ejercicios, animada por sus «tíos» cubanos. Foto: Brigada Médica Cubana.

Solo quien alcanzó a imaginar el tono gris de las palabras que en otros días se pronunciaban en uno de los países más pobres del planeta, puede entender el florecimiento que permitió a Daula andar de nuevo, pero, sobre todo, soñar. El equipo médico y los rehabilitadores no solo le devolvieron travesuras a la pierna condenada a la inmovilidad, también le dibujaron otra vez una sonrisa en su rostro infantil.

La terapia de varias semanas cambió su destino. Foto: Brigada Médica Cubana.

Atrás quedó la herida, el dolor, la imposibilidad de pensar en un mañana que no incluyera mendigar en una silla de ruedas, pasar hambre o morir, así de simple: morir sin más oportunidad, cuando mucha gente falleció durante y después de la tragedia nacional. Habría sido un nombre más en la lista de muertos y ahora es uno menos en la relación de penas sin cura.

El rehabilitador Alberto S. Hernández no perdió de vista los pasos de Daula. Foto: Brigada Médica Cubana.

Del mismo modo en que, primero, los médicos de traje verde se esforzaron en el salón de operaciones por enmendar sus huesos rotos, y en que luego los rehabilitadores se enfrascaron para conformar la terapia de varias semanas que cambió su destino, ella también lo hizo: disciplinada con las indicaciones, realizó los ejercicios una y otra vez como si participara en su juego preferido.

Daula no se quejó. Trabajó duro para lograr salir del hospital andando, un regalo para sí misma, pero también para el empeño de todos los que se dedicaron a ella y al resto de los nepalíes atendidos por los cubanos allí.

«Ella es el emblema de esta Brigada y todos dicen que son sus tíos», me contaron desde allá y puedo imaginar que cuando la niña fue dada de alta hubo mezcla de alegría y de nostalgia. Lo más probable es que nunca más tengamos noticias de ella, pero reconforta saberla recuperada y con las herramientas físicas para hacerse cargo de sus días. Imaginémosla feliz. Tendría que ser cierto: cuando la Brigada Médica regrese, mucho de Cuba y los suyos quedará allá tan lejos, en el pequeño país asiático. Infinitas huellas y, como suele ser, muchas vidas salvadas.

Daula con el fisiatra Víctor Osvaldo Barrios y Arnol Valcárcel, el médico que la operó, el día que le dieron el alta. Foto: Brigada Médica Cubana.

De camino a su aldea cada paso de la niña nepalí se transforma en la manera particular de decir gracias en un idioma universal. Quizá mire la cicatriz en su pierna y primero la visite un mal recuerdo, pero enseguida otro llevará necesariamente palabras en el peculiar español que escuchó en jornadas de llanto hasta graduarse con palabras de gozo.

Cada paso suyo entre aquellas distantes montañas es también la certeza de una sonrisa tatuada para siempre con cuatro letras que incluyen muchos nombres y un orgullo hondo, compartido, necesariamente llamado a ser preservado en tiempos de cambios. Cuba está escrito allí donde Daula Dalma ríe recuperada. Feliz.

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