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Caos en el imperio

Manifestantes asaltaron el Congreso aupados por la actitud revanchista de Donald Trump. Legisladores aseguraron que proseguirían certificación de los resultados de las elecciones presidenciales 

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Juventud Rebelde

WASHINGTON, enero 6.— Tras cuatro horas de tensión y enfrentamiento de manifestantes con la policía, el Capitolio fue declarado «seguro», y los legisladores de ambos partidos y ambas cámaras anunciaron que el Congreso continuaría su trabajo para certificar la victoria presidencial de Joe Biden, en horas de la noche de este propio miércoles.

El hecho tuvo lugar luego de un asalto a la sede del legislativo criticada por Biden quien, en alocución al país, calificó de «insurrección» y no protesta, las manifestaciones protagonizadas por seguidores de Donald Trump, y sentenció que en los próximos cuatro años será preciso reforzar la democracia.

«El mundo nos está mirando, esto no es protestar, es una insurrección», dijo Biden, en su urgente discurso a la nación, durante el cual apeló a la democracia estadounidense, a la decencia, el respeto y la tolerancia. «Es lo que siempre hemos sido y lo que queremos ser.

«En este momento nuestra democracia está bajo un asalto sin precedentes, diferente a todo lo que hemos visto en los tiempos modernos», aseveró.

Minutos después y conminado por Biden, Trump dijo que la pasada «fue una elección que nos robaron; pero tienen que volver a sus casas; hay que tener paz (…) la ley y el orden son fundamentales. (…) Esta es una elección fraudulenta pero no hay que jugar en las manos de esta gente, hay que tener paz. Regresen a casa en paz», dijo el mandatario saliente de mala gana, y en un discurso igualmente enervante.

«Tuvimos una elección que nos fue robada, fue una elección aplastante y todos lo saben, especialmente el otro lado», insistió.

Los hechos ocurrieron cuando tenía lugar una sesión conjunta de la Cámara y el Senado para ratificar la elección de Joe Biden como mandatario, y los miles de seguidores de Trump, espoleados por el todavía presidente, obligaron a suspender la sesión y dieron al traste con lo que debía ser un trámite, impidiendo la certificación de la victoria demócrata.

Como establece la Constitución estadounidense, el conteo que harían los legisladores sobre los sufragios de cada estado sería el último procedimiento necesario antes de que el mandatario electo asuma el poder el 20 de enero.

En comicios anteriores, apuntaron analistas, ese mecanismo tuvo un carácter meramente simbólico y rutinario de menos de media hora de duración; pero dada la negativa de Trump a reconocer el éxito de su rival, el proceso de este año se ha convertido en un atentado a la democracia estadounidense.

Los manifestantes se movilizaron luego de un mitin masivo frente a la Casa Blanca en el que participó Trump y, una vez ante el Congreso, derribaron vallas de seguridad y accedieron al edificio por las ventanas, en tanto Trump, verdadero detonante de la crisis con su reticencia a aceptar la derrota y el llamado a marchar hasta la sede del legislativo, reiteraba en sucesivos tuits el pedido al vicepresidente Mike Pence de que ignorase las leyes y los resultados.

«Es mi juicio meditado que mi juramento de apoyar y defender la Constitución me impide reclamar autoridad unilateral para determinar qué votos electorales deben contarse y cuáles no», manifestó, sin embargo, Pence, a los congresistas.

Según describió PL, los manifestantes se enfrentaron a la policía, que lanzó gases lacrimógenos y ordenó la evacuación del edificio y su cierre de emergencia.

Por su parte, la alcaldesa de Washington D.C., la demócrata Muriel Bowser, emitió un toque de queda para toda la ciudad a partir de las 18:00, hora local.

Nadie puede caminar o conducir en ninguna calle, callejón, parque u otro espacio público desde ese momento hasta las 6:00, hora local, del día siguiente, apuntó Bowser en un comunicado en la red social Twitter.

Con el nombre de Salvar a Estados Unidos, la manifestación comenzó en horas de la mañana de forma pacífica cerca de la Casa Blanca y, al mediodía, Trump aseguró a los participantes que nunca concedería su derrota en las urnas el pasado 3 de noviembre, y fue quien los instó a marchar hacia el Capitolio, reiterando sus habituales discursos de odio.

Principio de una guerra civil, intento de golpe de Estado y ataque a la democracia fueron algunas de las definiciones usadas por políticos y observadores para describir el inusual cuadro contemplado este miércoles en el Capitolio.

Para colmo de frustraciones de Trump, paralelamente se conoció este miércoles el triunfo de los demócratas en la disputa, en el estado de Georgia, de dos asientos para el Senado que les aseguran el control de esa cámara, con lo cual queda allanado el mandato de Biden y la derrota del republicano se torna más estrepitosa.

Ahora Biden gobernará con ambas cámaras bajo control de su partido, aunque su mayoría en el Senado será por mínima diferencia.

Con el triunfo del reverendo Raphael Warnock y Jon Ossoff en Georgia, el Senado quedará formado por 50 republicanos y 50 demócratas (dos de ellos, independientes), y será la próxima vicepresidenta, Kamala Harris, quien ejercerá el voto decisivo en los casos de empate.

Para muchos analistas, los acontecimientos muestran la división existente en el país y específicamente, en el Partido Republicano.

Ben Sasse, senador de esa agrupación política por Nebraska,  culpó a Trump por los disturbios y la violencia: «Hoy, el Capitolio de Estados Unidos, el mayor símbolo mundial de autogobierno, fue saqueado mientras el líder del mundo libre se escondía detrás de su teclado, tuiteando contra su Vicepresidente por cumplir con los deberes de su juramento a la Constitución».

Sasse, quien ha criticado a Trump en el pasado, dijo en un comunicado: «Las mentiras tienen consecuencias. Esta violencia fue el resultado inevitable y desagradable de la adicción del Presidente a avivar constantemente la división», publicó The Hill.

También el grupo republicano The Lincoln Project calificó la violencia en el Capitolio como «responsabilidad directa de Donald Trump» y señaló que «la Cámara debe impeach (juzgar) inmediatamente a Donald Trump por dirigir y provocar este ataque», y el Senado, «votar inmediatamente para condenarlo y destituirlo».

Agregaron que todos los legisladores que declinaran votar la remoción de Trump «deben considerarse co-conspiradores».

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