Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Las aguas «estancadas» de San Diego

Autor:

Luis Sexto

El riesgo principal de cerrar una puerta se agazapa en la posibilidad de que nunca más se abra. Estamos hablando en sentido figurado. Hace unas semanas me referí al síndrome de las puertas cerradas, esas que se cerraban con el propósito de hallar soluciones a ciertas demandas del control o el orden. Imaginemos —para iluminar el concepto— que si por aquí pasa mucho público y el piso se ensucia demasiado, cerramos este lado para que todos entren por el de enfrente de modo que uno de los dos permanezca limpio... No voy a seguir. Ese viernes creo que concluí diciendo que quien cerraba las puertas físicas sin ton ni son era porque antes las había cerrado mentalmente.

Sin embargo, dejé entonces una puerta abierta, esto es, un punto colateral sin desarrollo: mencioné la carta de un lector sobre el balneario de San Diego de los Baños, cerrado al público hace un tiempo. Quien me escribía me invitaba a visitar el célebre poblado de la provincia de Pinar del Río. Y fui, en efecto, a comprobar que está cerrado a causa del deterioro de algunas de sus instalaciones. Caminé. Pulsé la soledad y la languidez del pueblo, cuya vitalidad y movimiento, durante decenios, se afincó en los manantiales termales.

Vi las aguas. Siguen allí: la naturaleza no las ha secado, ni cambiado de cauce y fuentes. Pero ahora están ociosas, condenadas a una inoperancia que daña su fama y aplaza las esperanzas de los pacientes que confían en este líquido «milagroso», porque los resultados de una práctica terapéutica les mantiene la fe a prueba de cualquier duda científica.

La visita, como ya pueden suponer, fue exploratoria. No pude —salvo a los pobladores— preguntar por el futuro del balneario a algún responsable: ese día no había nadie que informara con certeza. Y la gente, la que allí habita, nada sabía, al menos nada que pudiera ganar carta de información fiable. Lo único cierto eran los lamentos: «Sí, lo cerraron; qué lástima».

Por lo tanto, San Diego de los Baños solo me vale en esta nota como resorte para proseguir aquella meditación sobre las puertas cerradas en las tiendas, los edificios públicos, etcétera. En este caso, es más grave. Han cerrado lo que constituye una antigua referencia en la tradición balneológica de Cuba y lo que era, hasta hace poco, una opción en el quehacer terapéutico para determinadas enfermedades. El hombre ha hecho —y lo repito— lo que la naturaleza ha respetado: ha limitado el fluir de una de las riquezas de aquel paraje sinuoso, verde, con luz de paraíso. Al parecer, falta este o aquel recurso material para rehabilitar las instalaciones. Al menos, eso es cuanto la gente cree saber.

Uno, que conoce la vigencia de ciertas tendencias administrativas, se pregunta si en verdad faltan soluciones, o iniciativas, o si por el contrario cerrar el balneario ha sido la fórmula más barata para que el municipio aligere su carga de preocupaciones. Por supuesto, he de advertir que no intento ofender a quien pueda considerarse aludido. Solo reflexiono. Reflexionar ha de ser el verbo de más uso común en Cuba. Ha de serlo. No lo es. Y reflexiono porque el cierre de un servicio público se expone al riesgo de nunca reiniciarse, difuminarse en el vaivén de un propósito sin plazo fijo; en brazos del «ya veremos». Pero, como dijo un escritor en una vieja página muy inquietante, el camino del nunca está asfaltado por el «ya voy». Y el autor se refería a esas obras que nunca se terminan porque pierden el tiempo dándose tiempo...

He de recordar que hace unos 16 ó 17 años escribí un reportaje para Bohemia sobre el rescate de los Baños de Menéndez, en el municipio matancero de Martí. No sé si lo conservan. En aquellos momentos, el gobierno local se empeñó creadoramente en recuperar la tradición y beneficiar a muchas personas. Y aún vivía, dirigiendo un movimiento nacional de recuperación de los baños medicinales, el compañero Jesús Montané, cuyo pensamiento concebía las aguas termales como un regalo de la naturaleza insular a la que, a veces, le agradecemos muy poco.

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.