Desde el 2014, Luciano se ha consagrado a echar para adelante la Cinemateca, con particular pasión por rescatar todo lo que fuera posible. Autor: Leandro Pérez Pérez Publicado: 15/05/2026 | 12:57 pm
Desde su natal Camagüey, Luciano Castillo Rodríguez ha desplegado una incesante obra a favor del cine. En ocasiones como espectador obsesionado, investigador, programador… en otras en su firme intención de salvaguardar el patrimonio fílmico nacional. Su amplia labor permite volver sobre figuras, filmes y la historia de nuestro séptimo arte.
Por otra parte, está su trabajo al frente de la Mediateca Andre Bazin de la Escuela Internacional de Cine y Televisión (Eictv), después en la Cinemateca de Cuba, desde donde vigila con celo los documentos, los archivos, las imágenes que conforman ese arsenal de la memoria que es el patrimonio fílmico de la Isla.
«La escuela realmente marcó un antes y un después en mi vida, porque en ese momento me absorbió por completo; no la enseñanza, pues nunca he tenido vocación para ella, pero sí la pasión por el cine, enriquecer las colecciones de libros, de revistas, y que tuviera al acceso de toda aquella persona que le interesara», comenta sobre esas dos décadas dedicadas a la Eictv.
Cercano a Héctor García Mesa, director fundador de la Cinemateca, al investigador Arturo Agramonte y con una larga amistad con Mario Naito, Luciano se ha aferrado a la idea de que salvar un minuto de un filme en peligro de perderse constituye una tarea urgente, empeño que sostiene desde la propia institución y en diálogo con otros espacios internacionales dedicados a digitalizar o restaurar películas.
Recientemente mereció el Premio Nacional de Cine 2026 y cuenta que «siempre veía los nominados para saber quiénes eran, pero nunca me pasó por la memoria que pudiera figurar en esa lista porque, además, que esté en ella José María Vitier, Santiago Llapur… es una selecta lista. Hoy me siento muy orgulloso de figurar entre ellos».
—En tu recorrido profesional hay nombres que resultan esenciales. Uno de ellos es Héctor García Mesa…
—Héctor era una persona extraordinaria, aunque nuestro encuentro fue fortuito, yo desde la Cinemateca de Camagüey veía las películas, y de momento llega una que no era la programada. Y le escribí a Héctor indignado, que cómo era posible que en la Cinemateca ocurriera eso y que pusieran una película de otra nacionalidad, cuando había que respetar la programación.
«Quién te dice que Héctor me responde —ahí tengo la carta— y me dice que tenía toda la razón, que fue un error en la programación al sacar la copia del archivo. Nunca nos habíamos visto. Entonces comenzamos una relación de amistad que se consolidó con los años y en un momento determinado, cuando se va a hacer el Seminario de Cine Latinoamericano de los años 30, 40 y 50, entonces Héctor me dice que si me interesaba colaborar con él en la organización del evento y le dije que por supuesto.
«Fui una especie de asistente de Héctor y después de Silvia Oroz, que era la gran crítica argentina. Ella me condujo y me convertí en su asistente en esos días que fueron maravillosos. Tuve la posibilidad de conocer a personas increíbles, Ana Luisa Pelufo, Ninón Sevilla… y otras grandes figuras del cine latinoamericano de esos años».
—Otra de esas personas que forman parte de tu ámbito profesional es Arturo Agramonte…
—Con Arturo fue sensacional, porque yo admiraba a Agramonte desde siempre por haber leído la Cronología del cine cubano, que era el libro más robado de todas las bibliotecas. Se hizo una sola tirada en el año 1966 y después desapareció, y era que se lo robaban de las bibliotecas porque había demasiados cinéfilos.
«En un momento determinado yo estoy afuera del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic) y nos ponemos a conversar y nos presentan. Recuerdo que yo le digo: “Pero usted está en Cuba…”, y me responde: “Cómo no voy a estar en Cuba…”. Era el tipo más criollo que te puedas imaginar, y efectivamente, después de ese momento nos hicimos grandes amigos».
—Al principio de esta conversación mencionaste a Mario Naito, cercano amigo y conocedor del cine cubano, de la televisión… ¿Quién era él para ti?
—Naito era una persona irrepetible, que vivía el cine de una forma extraordinaria. Era la pasión exacerbada por el cine y los detalles más pequeños que te puedas imaginar. Yo le prohibí que me llamara a la casa por la noche, porque me llamaba para darme noticias de fallecidos. Los obituarios eran otra de las pasiones de Mario Naito.
—¿Cuánto añorabas el trabajo en la Eictv?
—La escuela fue siempre un sueño. Cuando se inaugura yo vivía en Camagüey. Trabajaba de especialista en contabilidad y, por vocación, atendía los cineclubes de la provincia, muchos de ellos fundados por mí mismo, y hacía la programación y la promovía.
«También fui parte del núcleo fundador del Almacén de la Imagen y decidimos invitar a Fernando Pérez para que diera una conferencia y hablar de su obra. En uno de esos días, Fernando me llama y me dice: “Luciano, ¿a ti no te interesaría trabajar en la escuela de cine?” Y le respondí: “Sí, Fernando, sí me interesa, pero sufro el fatalismo geográfico. Recuerda que vivo aquí en Camagüey y no tengo dónde radicar en La Habana.
«Un día me llama Raúl Fidel Capote Castro, quien atendía Cultura en la escuela de cine y me dice: “Bueno, ya empacaste las maletas para venir para acá. Tienes una plaza en la escuela, pues se va la especialista de la biblioteca”. En ese momento todavía le llamaban biblioteca y yo le puse Mediateca Andre Bazin».
—Es en el 2014 cuando comienzas a dirigir la Cinemateca de Cuba…
—De toda la vida me interesó trabajar en la Cinemateca como especialista en cine, pero nunca había pensado en dirigirla y entonces se me propicia escribir la Cronología del cine cubano, porque Agramonte muere y el sueño era terminar la cronología. Hasta ese momento la habíamos hecho, pero no estaba completa debido a limitaciones de todo tipo, sobre todo del tiempo, pues el trabajo en la escuela de cine era muy absorbente.
«En un momento determinado me dice Roberto Smith, que era el presidente del Icaic: “Luciano, ¿a ti no te interesaría ser el director de la Cinemateca”? Le dije: “Roberto, a mí siempre me interesó trabajar en la Cinemateca de especialista, pero nunca lo logré, porque Héctor murió y me quedé sin poderlo hacer”.
«Me dice: “Mira, en este momento esa plaza está libre y yo creo que tú eres la persona ideal para hacer ese trabajo”. Fue en 2014 y entonces me consagré a echar para adelante la Cinemateca, con particular pasión por rescatar todo lo que fuera posible, porque en ese momento aún quedaban algunas películas de antes del triunfo de la Revolución y se corría el peligro de que desaparecieran».
—Para este año, ¿en qué proyectos trabaja la Cinemateca?
—La Cinemateca de Cuba tiene propuestos dos eventos fundamentales, dedicados a aniversarios muy importantes para el cine cubano. Uno es el centenario del nacimiento de José Massip, reconocido documentalista, teórico y escritor; y otro es dedicado al centenario de Julio García Espinosa, también cineasta, teórico, quienes coinciden en los tiempos fundacionales del Icaic.
«A ambos realizadores se les dedicarán ciclos y retrospectivas a sus obras, porque lo ameritan sus carreras, su trascendencia. En el caso de Massip no tiene una filmografía muy amplia, como sucede con Julio, que se dedicó mucho a la revisión de guiones, al asesoramiento dramatúrgico de muchos guiones; por eso la filmografía, tanto de Massip como de Julio, no son muy amplias, pero sí muy valiosas desde cualquier punto de vista.
«Ahora, respecto a las películas en fase de restauración —que es una tarea prioritaria de cualquier cinemateca, y la nuestra no se queda al margen—, acabamos de terminar y está en la fase final de revisión la restauración de Aventuras de Juan Quin Quin, de Julio García Espinosa, por la Filmoteca de Lisboa (Portugal). El filme es una obra maestra y recientemente hicimos una función especial, que confirmó la frescura y la trascendencia de la película y el impacto que logra en el espectador de ayer, de hoy y de mañana. Esto es lo más importante.
«También hay otros proyectos en marcha con la Cineteca de Bologna (Italia), a la cual yo llamo la meca de la cinefilia mundial porque realmente lo que atesora esa Cineteca, las colaboraciones que establece —por ejemplo, la suscrita con nuestra Cinemateca— son realmente muy trascendentes».
