Deporte: ¿adónde te llevan?

Autor:

Juventud Rebelde

En este mundo patas arriba el deporte muestra enormes grietas que van desde la desmedida comercialización hasta la presencia cada día más numerosa de casos positivos de dopaje, así como crecientes manifestaciones de xenofobia, lavado de dinero o soborno que involucran a directivos, atletas, equipos y «aficionados».

Hasta la vieja y culta Europa es sacudida con frecuencia por sonados escándalos que estremecen lo mismo al fútbol que a otros deportes, y donde ciertos directivos no escapan a los índices acusadores.

Primero fue condenado por corrupción política el ex atleta Guy Drutt; más recientemente sancionaron a Henry Sarandour, presidente del Comité Olímpico galo, por atribución de contratos del organismo a una empresa donde trabajaba su esposa. Estos dos miembros franceses del COI han delinquido en menos de un año.

Entretanto, hace unas semanas se apreciaron máculas mayúsculas en el fútbol italiano con la compraventa de partidos ante la «ceguera» de los árbitros, pero hechos similares se han producido en Polonia, Grecia, España, Gran Bretaña, Alemania, Rumania...

Cada vez son más y más amplias las manifestaciones de xenofobia que han aparecido en numerosas naciones de Europa.

Incluso la Unión Europea de Fútbol (UEFA) ha pedido ayuda a parlamentarios de ese continente para ponerle freno a un problema en el que no se vislumbra una solución a corto plazo.

A la voluntad política habría que adicionar otras muchas voluntades que más temprano que tarde chocarán con los enormes intereses económicos que rigen los destinos del deporte en el planeta y que son precisamente los que más corroen sus cimientos.

El dopaje muestra índices cada vez más altos y figuras de alto rango se han visto involucradas en sonados escándalos, con excepción de los más encumbrados peloteros del llamado béisbol de las Grandes Ligas, donde las medidas que puedan adoptarse se estrellan contra las grandes inversiones en salario que hacen los dueños de equipos.

Otros deportes como el levantamiento de pesas, atletismo o ciclismo son sacudidos con mayor o menor intensidad por escándalos vinculados al dopaje sin que se vislumbre quién o quiénes se atreverán a ponerle freno al fenómeno.

Así vemos como Lamine Diack, titular de la Federación Internacional de Atletismo (IAAF), arremetió contra Dick Pound, mandamás de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA): «Nosotros luchábamos ya contra el dopaje cuando tú defendías a Ben Johnson», le dijo Diack a Pound, recordándole su trabajo como abogado del velocista canadiense, positivo en los Juegos Olímpicos de 1988.

La desmedida comercialización marca con sus garras hasta al «puro» movimiento olímpico. Ahí están las recientes decisiones de efectuar en horas de la mañana las finales de la natación y la gimnasia en los Juegos de Beijing ’08.

De esa forma quedará satisfecho el pedido de la poderosa cadena estadounidense de TV que pagó por los derechos exclusivos y así podrá ofrecer sus señales de estos deportes, para su país y otras naciones, en horario estelar.

Otros ejemplos podrían ilustrar aún más. Pero por ahora no son necesarios para llegar a la terrible certeza de que el deporte no escapa a los agobiantes vaivenes de inseguridad que sacuden al universo en este comienzo de un nuevo siglo.

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