Cibercompras vs. apagón informático

Autor:

Julio Martínez Molina

De igual modo que en febrero pasado se reclamara un apagón mundial de cinco minutos para llamar la atención sobre el consumo de energía y el medio ambiente, ante la publicación de un informe de la ONU sobre el cambio climático, hoy 24 de marzo se convocó en todo el planeta al Shutdown Day.

El Shutdown Day (Día mundial sin computadoras o jornada del apagón informático) intentará alertar sobre la cada vez mayor dependencia que la especie humana tiene de la tecnología.

Sus organizadores instaron en estos términos en Internet: «Sea parte de uno de los experimentos globales más grandes a ocurrir en la red. ¡La idea es descubrir cuánta gente puede vivir sin una computadora por una jornada completa, y qué sucederá si todos participamos!».

Como ellos mismos dicen se trata de un experimento, y como tal lo verá gran parte de los usuarios que en el mundo occidental poseen la mayoría de los 900 millones de ordenadores registrados en el universo, los 550 millones de reproductores de música digital, los 600 millones de teléfonos móviles, los 400 millones de cámaras...

Pese a lo plausible de la idea, muy poco significará, contra su gusto, la tentativa a los más de 2 000 millones de personas que jamás han hablado por teléfono y para los que la palabra Internet no significa nada, como señalara recientemente en la UNESCO el canciller Felipe Pérez Roque.

En cambio, la dependencia de la tecnología en la franja rica del planeta es total hoy día. El pasado 8 de marzo, el órgano alternativo español Rebelión publicaba un sustancioso material con datos que corroboran la inexorable relación.

Sostenía el texto que «en el mundo hay tal cantidad de información digital que, con ella impresa, se podría envolver el planeta cuatro veces». Solo en 2006 esa información sumó los 161 000 millones de gigabytes.

Tal cifra, complementaba el análisis, constituye el equivalente a tres millones de veces la información contenida en todos los libros escritos o a 12 pilas de libros que cubrieran, cada una de ellas, la distancia entre la Tierra y el Sol.

El trabajo se remitía a un informe de la consultora IDC titulado La expansión del universo digital, que consideraba que tal explosión se debe —sobre todo— al crecimiento del acceso a la red por banda ancha de los 1 100 millones de internautas, así como a la conversión constante de la información analógica en digital.

Dicho informe refrendaba algo conocido por los receptores de nuestros medios de difusión: los países desarrollados controlan la mayor parte de este mundo digital; y cerca del 75 por ciento de los nuevos contenidos son generados en Estados Unidos, Canadá y Europa Occidental.

Desde 1810, en que Friedrich Köenig inventara la prensa de rodillos en Alemania y con ella tuviera lugar la primera revolución en las tiradas de los periódicos, a hoy, la diferencia en materia de información puede medirse en décadas luz, en vez de años luz.

Y no solo la información. La ligazón entre Internet y las personas del siglo XXI alcanza, como es sabido, casi todas las áreas de la existencia humana; especialmente el comercio electrónico en el Primer Mundo.

Como reconocen los expertos, Internet es ya allí un medio fundamental para adquirir cualquier producto. En EE.UU. una moda de los últimos años es la del Cyber Monday, un lunes en el cual los padres efectúan por Internet las compras conciliadas en familia el fin de semana anterior.

Según comScore Networks, en el Cyber Monday del pasado diciembre el comercio vía electrónica facturó 608 millones de dólares, un 26 por ciento más que en 2005, acorde con un artículo publicado en CIBERP@IS para la fecha.

Shop.org calculó, por su parte, que 61 millones de norteamericanos compraron por la red en 2006 (el año anterior fueron 51,7).

Inmersos como están en su universo ultraconsumista, donde a veces la computadora tiene un mero valor de objeto comercial y se desdeña su función de instrumento en pos del beneficio y el conocimiento humanos, el Shutdown Day no les sabrá tan bien como su pavito de Acción de Gracias.

De apagarlas, su trauma se parecería a lo contado en la película Un día sin mexicanos, relato acerca de la supuesta desaparición durante una jornada de los inmigrantes allí. Los de casa se volvieron locos, porque no tenían a nadie para hacerles el trabajo que rechazan.

El Shutdown Day será mero simbolismo dentro de la burbuja de hedonismo, consumo y olvido de las desgracias del planeta en que los enseñaron a vivir.

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