Nueve años después

Autor:

Dr. Rodolfo Dávalos

El próximo miércoles 12 se cumplirán nueve años desde la detención de los Cinco Héroes cubanos en septiembre de 1998. Nueve años de injusto e ilegal encierro.

En estos nueve años de lucha por la justicia ha ido quedando claro, por un lado:

•Que en Miami hubo una farsa judicial que condujo a un jurado prejuiciado a dictar un ilegal veredicto de culpabilidad; como señalaran los tres jueces del Onceno Circuito de Apelaciones de Atlanta en su extensa sentencia de agosto de 2005.

•Que la detención y posterior encarcelamiento de los Cinco fue arbitraria e ilegal, como establecieron los expertos del Grupo de Trabajo sobre detenciones arbitrarias de la Organización de Naciones Unidas, que han exigido se ponga fin al injusto encierro y se restituya la legalidad.

•La politización del proceso y el marcado interés del Gobierno de los EE.UU. en mantener en prisión a los patriotas cubanos, para lo que no ha escatimado en presiones, que condujeron a la revocación de la sentencia unánime que anulara el juicio en Miami dictada en apelación, en un hecho insólito y sin precedentes en la historia judicial norteamericana.

•La mala actuación de la Fiscalía, que violó los procedimientos y normas de actuación en el juicio, viciando el proceso de nulidad.

•La aplicación indebida de CIPA (Ley de Procedimiento de Información Clasificada), a pesar de que no se había ocupado ningún documento secreto, o restringido, clasificado por el Gobierno de los Estados Unidos, lo que obstaculizó la defensa y contribuyó a crear un clima de intriga sobre las evidencias en perjuicio de los acusados.

•Que no hubo espías, ni espionaje, ni documento secreto alguno, ni peligro para la seguridad o defensa de la nación norteamericana, en todo ese invento del llamado «Juicio de los espías», que pretende cubrir con un manto de misterio la verdadera actuación de cinco hombres que no han hecho más que poner al descubierto la actuación indiscriminada de los grupos terroristas en Miami, y la complicidad del Gobierno de EE.UU. con los actos terroristas de estos contra Cuba.

•Que los acusados son inocentes, en virtud de que las posible infracciones menores cometidas, al actuar sin el consentimiento del gobierno norteamericano, están legitimadas por el derecho que le asiste a todo aquel que en su actuación trata de evitar un mal mayor, un delito de imprevisibles consecuencias, como constituye la larga cadena de actos terroristas con su secuela de muertes, heridos y daños, lo que constituye la eximente del «estado de necesidad», basada en la no exigibilidad de otra conducta a aquel que para evitar un daño superior se ve obligado a cometer una infracción menor, y, en este caso, sin daños, ni consecuencias negativas para nadie.

Mientras esto ocurre, en estos años también se han visto:

•Los peligros del terrorismo internacional, que golpeara con saña las Torres Gemelas en septiembre del 2001, dejando una estela de muertos y un enorme sentimiento de dolor; todo lo que debía hacer loable cualquier acción verdadera contra el terrorismo, más allá de diferencias políticas.

•El doble rasero del Gobierno de Estados Unidos en materia de terrorismo. La existencia de un terrosismo malo cuando se trata de acciones que afectan sus intereses y la aceptación y utilización de métodos y actos terroristas cuando se trata de atacar a sus enemigos políticos, que alcanza su máxima expresión en la libertad del connotado delincuente internacional Luis Posada Carriles a quien en ningún momento se acusó o persiguió por sus crímenes, a pesar de tratarse de un prófugo de la justicia, evadido de la prisión, y del reclamo de extradición legalmente presentado por el Gobierno de Venezuela.

•La justificación y «legalización» de la tortura como instrumento en los interrogatorios a los supuestos terroristas.

•Detenciones arbitrarias, encarcelamiento sin juicio ni orden de autoridad judicial alguna, prisioneros amontonados en jaulas o barracones; vejaciones, torturas, burlas sobre seres humanos que por tener el cuño de «terroristas» carecen de los más elementales derechos, para los cuales no existe la presunción de inocencia, ni la Declaración de derechos humanos. Lo que es más triste aún cuando se practica en un pedazo ilegalmente ocupado en el Oriente cubano, en las tierras más hospitalarias que jamás existieron.

Pasan así nueve años y nuestros Héroes siguen presos. De ellos no se escucha un lamento, ni un sentimiento de flojedad o de cansancio: Continúan firmes, soportando los sinsabores del encierro con la conciencia de haber hecho lo correcto y la seguridad de que no están solos.

Por eso debemos redoblar la lucha, convocar, gritar, discutir, enseñar, mostrar toda la injusticia en su verdadera magnitud. Sumar hombres y mujeres. No importa que posición nos toque, no habrá trabajos pequeños. Todo lo que se haga a favor de los Cinco lo estaremos haciendo en favor de la libertad, de la humanidad y de la justicia.

No hay tiempo para el cansancio, ni para el desánimo. No podemos esperar que nos lo devuelvan. Tenemos que traerlos.

Una vez más recordemos a Martí: «Se pelea mientras hay por qué, ya que puso la Naturaleza la necesidad de justicia en unas almas, y en otras la de desconocerla y ofenderla. Mientras la justicia no está conseguida, se pelea».

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